Una lectura de “Dark”

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Antes de empezar a hablar de Dark, tendría que aclarar que no soy crítica de cine ni experta en series. Es más, recién durante esta cuarentena vi dos temporadas y media (estoy mirando la tercera), si bien la primera se estrenó en diciembre del 2017, y la segunda, el 21 de junio del año pasado.

Como toda serie, tiene sus fanáticos y también sus críticos, y seguramente ambos tienen razón en sus argumentos. La historia transcurre en un pequeño pueblo alemán, Winden, uno de ficción, similar a otros a los que el cine y la literatura nos tienen acostumbrados. Y como pasa con otros lugares inventados, tiene características y personajes reconocibles que pertenecen a cualquiera de los espacios que habitamos. En el caso de Winden, se cumple el refrán de que “pueblo chico, infierno grande”. No faltan engaños, infidelidades, traiciones, secretos, pero también una buena cuota de terror y suspenso, aunque eso no es todo. La desaparición de niños en el primer capítulo nos ubica en una atmósfera siniestra, a la que contribuye la ambientación en el bosque, la oscuridad, y una cantidad de situaciones inexplicables y aparentemente inconexas.

Sin embargo, una de las razones que hace interesante a la serie, desde mi punto de vista, es la combinación de terror y ciencia ficción, aunque es también muy frecuente en el cine y la literatura. En una primera aproximación, esto equivale a tener como piso un universo de lugares comunes que los críticos de la serie pueden argumentar como puntos débiles: la cueva y el bosque malignos, los personajes estereotipados, los viajes en el tiempo, el peligro nuclear, los ruidos inexplicables, el futuro distópico, y otros tantos seguramente. ¿Entonces qué hace de la serie un buen producto? La respuesta es muy personal, pero creo que pasa por lo que está detrás del relato, la estética o el género.

Otra de las razones que hace destacable a Dark, o al menos la hace merecedora de una buena discusión con un café de por medio, es el trasfondo filosófico y literario que la recorre. Hay una mezcla de mitología griega, Jorge Luis Borges, Arthur Schopenhauer, George Berkeley, Platón, el budismo, Jean Paul Sartre y Marco Aurelio, solo para mencionar algunos de los escritores y pensadores que recordé en cada capítulo.

Los personajes van y vienen en el tiempo; en esos viajes alteran constantemente su presente, en un infinito repetir lo mismo, pero con variantes, como en el tiempo cíclico de Borges: “El presente está solo. La memoria / erige el tiempo. Sucesión y engaño / es la rutina del reloj. (…) / El hoy fugaz es tenue y es eterno; / otro Cielo no esperes, ni otro Infierno”, idea que también encontramos en Schopenhauer, y en Marco Aurelio: “Nadie pierde el pasado ni el porvenir, pues a nadie pueden quitarle lo que no tiene. Recuerda que todas las cosas giran y vuelven a girar por las mismas órbitas y que para el espectador es igual verla un siglo o dos o infinitamente”.

Además, está el concepto de destino y de la posibilidad o imposibilidad de manejarlo. ¿Existe el libre albedrío o es cierto que las Parcas tejen a nuestras espaldas el metafórico hilo de la vida? Incluso cuando amamos, ¿somos completamente libres o seguimos un camino prefijado de antemano? Los viajantes en el tiempo creen que cambian su destino y el de los demás, cuando en realidad no cambian nada, y en eso hay también un diálogo con el existencialismo sartreano: el hombre se hace responsable de sus elecciones, decisiones y acciones, y actúa a pesar de sus limitaciones. En este sentido, Jonas, el protagonista, es un héroe trágico que carga con el peso de un destino, pero así y todo hace y lucha. Arrojados al mundo, todos los personajes actúan, sin importar que consigan o no lo que quieren, o que comprendan o no lo que les pasa.

Finalmente, hay algo más que rescato de la serie. El argumento entrelaza la historia de cuatro familias, y lo que hace cada uno de sus miembros repercute en el resto y en todo el pueblo. Entonces, lo que Dark viene a decirnos también es que nos salvamos o nos condenamos colectivamente, nunca solos, una afirmación que nos ronda a diario durante esta cuarentena casi eterna.

La serie está en Netflix, y la tercera temporada, la última según dicen, se estrenó hace pocos días. Si no la vieron, la recomiendo mucho.