Crítica de “El amor es un bateador de baseball canadiense”, de Agustina Gatto

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Poner en palabras el dolor del desamor y de la pérdida no siempre es fácil, y menos expresarlo en un monólogo de seis minutos. El texto de Agustina Gatto, más la puesta de Ana Lucía Rodríguez y la actuación de Gastón Frías, hacen de esos seis minutos una perfecta síntesis de lo que queda cuando el otro o la otra se van.

Las luces del fondo, la ropa alegre, las uñas pintadas contrastan con la soledad del protagonista que queda desamparado frente a esa frase pronunciada con la naturalidad que a veces tienen las cosas más graves: “No te amo más”. Cuatro palabras que son como el golpe del bateador que calcula la distancia y arremete. Lo que viene después es llenar la ausencia con el discurso propio. “La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda -y no de quien parte-: ‘yo’, siempre presente, no se constituye más que ante ‘tú’, siempre ausente”, en palabras de Roland Barthes en su Fragmentos de un discurso amoroso.

Seis minutos alcanzan para dar cuenta de la angustia, no solo por el buen texto del monólogo, sino también por la excelente actuación de Gastón Frías, quien sin gritar ni llorar desesperadamente conmueve y nos interpela para que nosotros y nosotras también nos preguntemos finalmente qué es el amor y por qué se termina.

Sin duda, es un acierto haber condensado tantos significados en tan breve tiempo. Como todo monólogo, bucea en la profundidad de ese yo que se desnuda y nos hace partícipes de su pena, y en este caso se transforma también en un breve ensayo en tanto combina la subjetividad con la reflexión. Por eso, mientras lo miraba me recordó tanto a Barthes: “La ausencia dura, me es necesario soportarla. Voy pues a manipularla: transformar la distorsión del tiempo en vaivén, producir ritmo, abrir la escena del lenguaje. La ausencia se convierte en una práctica activa, en un ajetreo (que me impide hacer cualquier otra cosa); en él se crea una ficción de múltiples funciones (dudas, reproches, deseos, melancolías)”. Lo que hace el protagonista es justamente manipular por medio de la palabra ese tiempo que ahora es solo de él.

El amor es un bateador de baseball canadiense es, además, una de las distintas maneras que encontró el teatro para resistir al cierre de las salas como consecuencia de la cuarentena y una posibilidad para los espectadores de mantenernos cerca de ese espacio tan especial que surge cuando alguien actúa frente a nosotros.

Ficha artístico-técnica

Actuación: Gastón Frías; Dirección: Ana Lucía Rodríguez; Dramaturgia: Agustina Gatto; Prensa: Valeria Franchi; Duración del espectáculo: 6 minutos 25 segundos