Weimar: caminar la casa de Goethe

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Johann Wolfgang von Goethe (1749- 1832) es el poeta, dramaturgo y escritor nacional de Alemania. Visitamos su casa en el centro de Weimar y conocimos su vida a través de su casa-museo. Caminamos a través de sus pertenencias, descubrimos cosas que no nos imaginamos, experimentamos cómo es acercarse a la vida cotidiana del famoso escritor.

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Goethes Wohnhaus 

Se trata de la residencia que habitó la mayor parte de su vida. Goethe nació en Frankfurt, pero adoptó Weimar como su lugar en Alemania. La amistad con los miembros del ducado de la región, a causa del interés que tenían en el arte y la cultura, fue un motivo clave para que se quedara y desarrollara allí su obra. 

La casa le fue legada totalmente en 1807, por su amigo y duque Carl August, para que sea su domicilio oficial. Se trata de una casa muy amplia con más de 15 habitaciones y tres pisos, que tenemos posibilidad de conocer tal y como é la habitaba: con los muebles originales, con sus vastas colecciones que se encuentran allí y en el Museo Nacional de Goethe, con el que está comunicado y pertenece al mismo circuito de visita.

La razón de que la vivienda se conserve como la dejó Goethe, tras su muerte en 1832, es que su nieto y último descendiente de su linaje cerró el piso donde él vivía con la idea de habilitarlo como un museo tal y como es en nuestros días. La parte superior fue cedida por Goethe a su nuera para que viva con sus hijos, por lo que no es parte del museo y residencia del autor. 

Lo primero que nos llama la atención, cuando ingresamos a la casa, es que subimos escaleras de madera que crujen al pisarlas mientras observamos una serie de figuras que son distintivas de la cultura greco-romana. Cuerpos de jóvenes desnudos en bronce, bustos de guerreros romanos, la cara de Medusa dibujada en lápiz. 

Al ingresar a la primer sala, leemos en la alfombra del umbral “Salve” y ya vemos la primer imagen característica; una puerta abierta por donde se ve una sala y luego una puerta abierta y otra sala y ello parece repetirse hacia el infinito en la casa de poeta.

Típica postal del ingreso a la casa

La casa es un rectángulo por lo que se puede dar una vuelta en círculo, se debió hacer por mucho tiempo para ir de una punta a la otra, hasta que Goethe decidió construir un puente en el medio que comunique por otra vía las dos partes y así tener mayor comodidad.

A la derecha, puente que une las dos partes de la casa por el medio

La primer habitación del recorrido tiene una mesa, sillas, infinitos cuadros y otros elementos de colección. Doblamos a la derecha pasando al lado del busto de mármol del gran poeta de la antigüedad, Homero, y nos dirigimos hacia el jardín que se ve a lo lejos por la ventana. Llegamos a una pequeña habitación dedicada expresamente a figuras de mármol de mujeres y hombres de la literatura clásica antigua, allí están los bustos de Schiller y el propio Goethe en una habitación muy iluminada de techo abovedado. Son múltiples figuras blancas que posan en los costados y al medio de la sala pasillo, a la derecha, vemos a través de un ventanal uno de los lados de la casa. Sobre el azul de la pared, las esculturas parecen tener luz propia; en el techo blanco, crecen hojas de pintura y pincel.

El piso es de madera y en la siguiente sala, a través de la ventana, ya se puede ver el gran jardín que poseía la familia. Hay una salida de escaleras y techo, pero no se encuentra habilitada en el museo.

Pasamos a un pequeño espacio y el primer cuadro que encontramos es el de Christiane Vulpius, la mujer de Goethe con la que convivió casi 20 años antes de casarse en 1806. Tuvieron un hijo, cuyos rasgos pintados vemos en una serie de pinturas en la misma habitación. Ella no pertenecía a una familia de renombre, ni tenían una posición privilegiada, razón importante por la cual el poeta no le pidió matrimonio antes. 

Conocemos varias mujeres que fueron amores del poeta, que aparecieron en sus pinturas, sus relatos, cartas y poesías. Sin embargo, Christiane también forma parte importante de su vida, la vemos retratada por él en pintura, dibujos, bocetos. Vemos un busto blanco de su figura.

Manuscritos, pinturas de la nuera de Goethe y sus nietos. Su hijo murió jóven, una vida de excesos, siempre marcado por el agobio de ser hijo del gran escritor alemán. Alma von Goethe, la única nieta, falleció muy tempranamente por tuberculosis. Ninguno de los tres tuvo descendencia, por lo que el linaje del escritor termina con ellos.

Aquí, descubrimos el talento y el gusto de Goethe por el dibujo y la pintura, retratan a su esposa acostada en el sillón, sentada junto a una pequeña mesa que se encuentra ante nuestros ojos. 

El jardín es muy amplio, es difícil imaginar que estamos en el corazón de la ciudad, en el centro. En su casa de jardín se encuentra su gran colección de piedras.

Salas de recuerdos, salas de imaginarnos vidas pasadas, mundos que se acercan y se alejan en nuestro intento de reconstruir las marcas que dejaron. Otra vez, las puertas de puertas que parecen no tener fin. Estatuillas, cuadros amontonados, platos de cerámica pintados con motivos de la cultura romana (mayólicas). Ahora estamos del lado de la calle, las ventanas dan a la plaza, por allí, pasaban los carros tirados por caballos que hoy siguen estando como atractivo turístico. La habitación donde dormía con Christiane Vulpius está de este lado, es pequeña, rectangular y apunta hacia el mundo del afuera. La muerte temprana de su mujer hizo que abandonara esta habitación principal con ventana a la ciudad y se pasara a dormir a una pequeña pieza con una cama simple comunicada con su escritorio y sala de trabajo.

Pasamos por el palier central para llegar a la sala de visitas. Un gran piano de cola, cuadros de gran tamaño, uno con cortinas a los costados porque las mujeres desnudas no podían ser expuestas a los extraños. La cabeza de Juno en gran tamaño, la sala de Juno, la réplica de su famosa escultura que se encuentra hoy en el museo. 

Cruzamos un pasillo que nos lleva nuevamente a la otra parte de la casa, su célebre escritorio tiene vista al jardín. Podemos observar desde afuera, la biblioteca a los costados, una gran mesa de trabajo, mapas, escritos, por el otro lado se encuentra su pequeña habitación. Fue el lugar donde durmió durante años hasta el mediodía de su muerte, donde fue hallado sin vida. Podemos ver los últimos objetos con los que tuvo contacto, nos volvemos devotos de los clichés de la cultura.

Escritorio de Goethe

Salimos de la casa, afuera el cielo está claro. Nuestra mente se queda trabajando, quizás, la mejor descripción sea hallarse atrapados en un espacio atemporal, tocar el pasado mediante los sentidos, especialmente, la vista. Pero también significa el conocimiento a través de la experiencia, el cuerpo expuesto en su integridad.

Residencia de Goethe, foto desde el jardín