El KPop como instrumento para la liberación

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Si el mundo venía a los tumbos y rebotando (¡la dejaste picando!), la pandemia fue una volea con el empeine hacia el confín de la locura. Y si el mundo se venía virtualizando, el COVID 19 fue el catalizador que aceleró la reacción hasta el punto de borrar definitivamente los límites. Claro, aparecieron problemas nuevos y los viejos se agudizaron y todo a una velocidad que hace imposible procesar la información; el dato sin estructura es un significante vacío.

El crimen racial y la subsecuente rebelión no es un fenómeno nuevo en los EEUU. Tal vez no ocupen la primera plana de los medios, tal vez no en todos los casos la rebelión se multiplica, pero que ocurren con relativa frecuencia, no hay duda. Hace poco hubo un nuevo crimen, esta vez en Minneapolis y la cosa estalló, no sólo en la ciudad donde ocurrió el asesinato sino en prácticamente todo el mundo. La imagen del policía ahogando a George Floyd causó la indignación mayoritaria, pero también la reacción de la extrema derecha. Los white supremacist portando armas largas y amedrentando tanto en la calle como en las redes, fogoneados por el mismísimo Donald Trump.

Hace ya varios años que el pop coreano (KPop) sacude la industria discográfica mundial; cientos de millones de fanáticos de todo el mundo, generalmente “nativos digitales”, inundan las redes con sus canciones, fotos, videos y toda la parafernalia que se les ocurra. Colores en los pelos, las ropas, los adornos, la revolución es multicolor, multiforma y multigénero, una multitud de multitudes. Reconozco que los escuché y no logré engancharme, el pop no es de las músicas que más me gusta y en este caso no sólo no me gustó sino que me pareció un movimiento anodino (una mirada propia de quienes vamos envejeciendo, sospecho).

A raíz de las protestas que sacudieron primero Minneapolis, luego Estados Unidos y por último se globalizaron, las “fuerzas del orden” reaccionaron como siempre lo hacen, reprimiendo y desviando la atención del verdadero problema: el crimen racial por parte del estado. Como parte de esa represión, la policía de la ciudad donde mataron a George Floyd (y dicho sea de paso, donde nació Prince, que tenía una banda que se llamaba Revolution), diseñó una app (¿encubierta?) para que la usen los manifestantes y graben videos y así poder identificar y detener a quienes participaban de las marchas. La tonta trampa fue rápidamente descubierta y la app fue inundada de imágenes de KPop, las Armies se pusieron en marcha.

Si la política es la continuación de la guerra por otros medios, las redes de internet son la continuación de la política por otros medios. La indignación por el asesinato racial dio pie a que el gobierno de EEUU acusara de terroristas a quienes protestaban. En la volteada cayó Antifa, la red antifascista (puesto que no es un grupo formal) y el promotor de la persecución (que además del estado usa grupos paraestatales) fue, nada más y nada menos, que Donald Trump (el esposo de Melania). Su palabra fue el combustible para que los alt-right (que cada vez son más parecido a la rancia extrema derecha más vulgar) comenzaran a perseguir antifascistas tanto en la vida real como en la web.

Así lanzaron el hashtag #EXPOSEANTIFA, con el objetivo de atacar a esa red en forma masiva, desacreditando al movimiento y hasta exponiendo a quienes se atrevan a contradecirlos (en las redes es muy común el ataque en banda, donde los clusters de usuarios la emprenden contra una única cuenta). La cuenta de Annonymous envió un mensaje discreto, invitando a las Armies a ya saben qué. En muy poco tiempo, el ataque fascista fue desactivado y las redes fueron inundadas con imágenes y videos de KPop. Una explosión de colores y sonidos e imágenes ambiguas que seguramente perturbaban las cabezas cerradas de los cultores del fascismo. La 2da batalla también se había ganado.

Insospechado. Por lo menos para mi, que tengo esta mirada de viejo choto con las cosas de la “juventud”. Pero la Vecchia Signora (più vecchia di me) siempre nos sorprende; una y otra vez tenemos que repetir el mantra “Juventud Divino Tesoro”. La amenaza a la libertad y el peligro del fascismo no requieren edad para percibirlos, pero claramente las respuestas más lúcidas vinieron esta vez, del KPop y sus jóvenes Armies.