#Netflix: Space Force

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Comparto el título de una crítica que se publicó en la red y que define muy bien la nueva serie de Steve Carrell, “una suave sátira sobre la carrera espacial que se ve superada por una realidad mucho más delirante que sus gags”.

Es verdad: una realidad delirante la que atravesamos, propia de ciencia ficción, en el que por ejemplo el Presidente del país más poderoso de la tierra reprime una manifestación para sacarse una foto levantando una Biblia, días después que hubiera sugerido que para prevenir el virus que azota el planeta era bueno tomar unos tragos de detergente. La serie llega además en momentos en el que el lanzamiento del primer cohete privado el SpaceX Falcon 9 citó a buena parte del planeta frente a las redes.

Volviendo a aquel titulo, Space Force no es una serie que se sostenga en una acumulación de gags, con un público reidor común de las soap opera, sino más bien se mueve en cierta hibridez que pasa de una comedia ácida al leve drama personal o a la crítica política de soslayo.

Aunque desconcertante por momentos, es siempre satírica y cuestionadora del propio espíritu norteamericano. Space Force tiene 10 capítulos de 30 minutos que merecen buena atención: si en la conquista del espacio en los años 50 y 60, el gran enemigo eran los rusos, aquí el verdadero oponente es China, cosa que no es novedad en el contexto pero la obsesión que el General Naird tiene con el gigante rojo es hilarante. Naird es asistido por un incontrolable jefe de prensa, fanático twittero, que conecta directo con la Casa Blanca. Si en la conquista del espacio de aquella época estaba la perra Laika aquí hay un orangután llamado Marcus (uno de los mejores momentos de toda la serie) que tiene que conectar en el espacio algo que no podría hacer un humano sin capacitación. Los primeros capítulos son ásperos, cierto humor que se regodea en las palabras puede dejar afuera a algún espectador no tan familiarizado con usos o modos bien estadounidenses. A medida que van transcurriendo los capítulos, lo que resultaba incomprensible se vuelve familiar. Y así la serie recorre un camino que termina aportando risa a estos tiempos oscuros.

El espacio no es un lugar de enfrentamientos dice el científico en jefe (John Malkovich garantía de calidad) donde puedan dirimirse los límites con la vida o la muerte. Habrá un juego de maniobras entre dos bandos que se parecerá mas a una batalla de pintura y que valdrá muchos mas puntos que el enfrentamiento científico. Interesante la lectura sobre el papel de la ciencia en momentos en que los valores se han invertido. Los soldados no tienen muchas luces, los astronautas son improvisados, un tweet es más importante que un cálculo científico.

Por naturaleza la parodia nunca es de acceso sencillo, y precisamente el valor de Space Force radica en tener un alto nivel de sutileza en épocas de pinceladas tan groseras.