Despliegue tragicómico en A Steady Drip, Drip Drip, lo nuevo de Sparks

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50 años. 50 años de ser una de las bandas más sutilmente brillantes de todos los tiempos, y todavía tienen las ganas de sacar nueva música. Hay que aplaudir a una banda tan única como lo es Sparks, el dúo de los hermanos Mael, uno un genio lírico y el otro un excéntrico y brillante vocalista, ambos a la altura de los mejores artistas en el cánon del rock clásico. Reales camaleones musicales, pasando del glam rock Bowie-esco al disco espacial de Giorgio Moroder, al cambio radical que se dio en el nuevo siglo, en donde parecieron construir su propio género; una mezcla de música de cámara tocada en teclados MIDI sobre composiciones repetitivas a la Steve Reich basadas en melodías pop. Una locura. Y siempre – siempre – manteniendo una misma visión lírica, en el que construyeron personaje tras personaje neurótico y engreído que se enfrenta con la vida, y a veces pierde o gana, pero siempre se termina reflejando en el oyente, y le hace ver con humor sus propias fallas y glorias. Han hablado en varias ocasiones sobre su amor a la música pop por sus restricciones como género, y cómo les encanta encontrar maneras de innovar a partir de ese confinamiento. Y de eso es lo que se trata A Steady Drip, Drip, Drip, como lo han hecho durante los últimos 20 años.

Y no tenían que hacerlo de nuevo. Su disco anterior, Hippopotamus, había sido su mayor éxito comercial desde principios de los 80, y consistía – con algunas excepciones – de canciones con composiciones más modestas y estructuras sencillas, en el que los estribillos se distinguían de las estrofas, y que se deshacían de la estridencia teatrales de sus trabajos anteriores. Tranquilamente podrían haber seguido ese camino y hubiese sido trabajo de calidad de todas formas. Pero no! Eso habría sido demasiado fácil, y a los hermanos Mael no les gusta hacer las cosas fácil. Para empezar, refinaron sus habilidades como productores. El mayor problema de Sparks desde los 80 ha sido su producción barata que no siempre le ha hecho justicia a la ambición de las composiciones – sin embargo, de alguna manera dentro de todo lo han solucionado. Han encontrado la manera correcta de apilar sintetizadores que suenen como sintetizadores pero que exploten en caída libre con color y pesadez, y que no se interpongan en el camino de la percusión acelerada o las guitarras crujientes. Tal vez el único problema es que las voces de Russell quedan un poco diluidas, lo cual hace que las letras cómicas y escandalosas no se escuchen del todo, pero ese ha sido un problema desde el día uno. Vale decir que los tonos que encontraron son de los más diversos y evocadores de su carrera.

Y todo en servicio de temas francamente demoledores. Estas composiciones son variadas y temerosas. Bien apegadas a la música pop, correcto, pero moviéndose como pocos artistas hoy en día. No han perdido su afán por melodías pegajosas y levemente conmovedoras, y no tienen miedo de hacer que los temas se traten sobre ellas y poco más. “Lawnmower”, en las manos incorrectas, sería imbancable, con sus “la-la-la”s bien cerca de la mezcla y la repetición de 4-6 líneas todo con una sola melodía sobre el amor que tienen hacia su podadora de césped, pero Sparks saben bien cuándo hacer los cortes necesarios para que sea un tema con movimiento. “Onomato Pia”, Dios sabe de dónde salió, pero se suma a su larga lista de temas teatrales y rimbombantes con el equivalente melódico de algodón de azúcar, en el que las armonías se contraponen con la voz principal como una coreografía perfectamente ensayada. Podría haber salido en los 50 y haberse convertido en un standard de doo-wop. Pero no crea disonancia con temas como “Pacific Standard Time” o “Left Out in the Cold” que están escrito como temas de trance electrónico – y ciertamente tienen los instrumentales apropiados. Pero como siempre, no pueden evitar regresar al pop estable y corriente, pero maravilloso de todas formas, en “Self-Effacing”, “I’m Toast” e incluso “iPhone”, todos temas excelentes y directos en sus refranes consistentemente inspirados, más inspirados de lo que deberían estar a este punto de sus vidas.

Vale de nuevo reiterar, las ideas que surgen en este disco son fenomenales. Sparks siempre se enfocaron en contar historias súper específicas para poder analizar, a partir de ellas, la manera en que les humanes interactúan consigo mismes; sus escenarios sirven como una puerta hacia una indagación en los sentimientos más penosos e impulsivos que tenemos todes; y de nuevo, todo con humor. E incluso con su edad, los hermanos Mael no aflojan con la severidad de sus ideas. “Self-Effacing” es una de sus auto examinaciones más literales y francas, en el que se cuestionan su propia humildad excesiva a punto que se terminan borrando de sus propias historias (“Gracias, pero tuve ayuda para prepararme/Gracias, pero me dijeron qué vestir”). Hay una ira latente en temas como “I’m Toast” y “iPhone”, una fatiga de sentirse ignorados no sólo por la sociedad sino por quienes están alrededor suyos; el estribillo de “iPhone” es incluso la línea fulminante “Guarda tu iPhone de mierda y escuchame”, y Russell lo canta con furia adecuada. Los hermanos siempre han sido figuras muy reservadas con respecto a su vida privada, y prefieren que se conozcan sus vidas a través de sus canciones – y aquí, están algo enojados por sentir que están a punto de ser borrados de la historia de la música popular.

Definitivamente, A Steady Drip, Drip, Drip es un disco bastante enfurecido. En el medio del disco aparece un tema como “Stravinsky’s Only Hit”, una marcha de tambores y violines confundidos y estridentes que cuenta la historia de cómo Igor Stravinsky logra conseguir un éxito internacional, y deja sus raíces intelectuales para unirse al ciclo de las fiestas denigrantes superficiales, y rápidamente se arrepiente de esa fase de su vida; tal vez un tema con una moraleja demasiado conservadora, pero tal vez un tema que necesitan para pensar que está bien que no hayan llegado a ese nivel de éxito. “Sainthood Is Not In Your Future” es un tema incluso más resentido, en el que los Mael pintan un escenario surrealista en el que todo el Vaticano se muere de risa por un obispo con demasiadas ganas de agradar y que es echado gracias a esto; y se escucha la furia, es tangible, hay rojos acechados y menospreciados por doquier. Posiblemente el tema más oscuro es, obviamente, el más animado musicalmente. “The Existential Threat” tiene un instrumental lleno de vida, energético, como de un corto de Benny Hill, y está en servicio de letras paranoicas que poco a poco van perdiendo su escasa sanidad para rendirse ante sus propios medios. Peligro por aquí, peligro por allá, seguidos todo el tiempo por una amenaza imposible de describir pero que está por todos lados, atormentándolos. No los calma ni medicación ni leer Sartre; “cuando luches contra la amenaza existencial, no ganarás”.

Cosas duras. Pero con tanto estilo e incluso racionalidad. Nunca dejan de pelear y se siguen levantando cada día, como los demás. “Left Out in the Cold” vuelve a la manera de contar historias ultra específicas – esta vez sobre un trabajador empleado por Uniqlo para producir camperas que es despedido e, irónicamente, no puede comprar lo que solía producir – pero termina con líneas esperanzadas y universales: “Algún día sentiré calor de nuevo/Algún día estaré en forma de nuevo”. “One for the Ages” exhibe cómo su pasión por seguir haciendo arte que perdure y sobreviva a ellos es lo que los impulsa a no parar; prácticamente no hay chiste en la canción, es – como ya dijimos – levemente conmovedora en su simpleza y su determinación. También lo es la manera en la que abre el disco, “All That”, con el estribillo más antémico de todos, como si lo estuviesen cantando en el medio de una fogata, los tonos de guitarra que evocan a Harrison, y los sentimientos de gratitud por haber encontrado a alguien que los entienda para atravesar el resto de sus vidas. Y aunque sea lejos el peor momento del disco, el cierre “Please Don’t Fuck Up My World” nos deja con un mensaje hacia el resto que todavía puede hacer una diferencia, para poder ayudar el planeta y apreciar lo que todavía tenemos. En su propia, rara y algo cínica manera, un final optimista.

No hace falta decir explícitamente que A Steady Drip, Drip, Drip es uno de los mejores discos del año, una – no, otra maravilla de 2 genios que no paran de hacer cosas brillantes probablemente porque no saben cómo. El amor que le tienen a la música que propagan es palpable y vigorizante. Para ser una banda con tanto uso de la ironía, son increíblemente honestos con lo que quieren lograr. Son lo suficientemente sabelotodos para crear arte a partir de sus emociones complejas, pero también lo suficientemente inteligentes para tomar distancia de esas emociones y ver la validez en ellas. Ójala esto no sea lo último que hayamos escuchado de ellos, porque las chispas que tienen están muy lejos de apagarse.

Spotify: https://open.spotify.com/album/43DZQacT84CN8EYfKcmeSL

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/a-steady-drip-drip-drip/1498601489