#Eyelet: Crítica de Sophia Antipolis, de Virgil Vernier

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Gracias al convenio Leedor-Eyelet podemos ver aquí la película completa.

Sophia Antipolis es un parque tecnológico situado al sureste de Niza, donde tienen sede empresas de primer nivel vinculadas a la informática, comunicación, biotecnología o geociencias, entre otros rubros. Y es, también, escenario de la película del mismo nombre dirigida por Virgil Vernier, cuya mirada elusiva y misteriosa orbita en los márgenes de la ciudad-balneario francesa. Sin afirmarse en un personaje o conflicto preciso, Sophia Antipolis se desplaza suavemente por diferentes rostros y grupos de personas que, aunque con maneras de proceder opuestas, comparten un mismo sentimiento: la insatisfacción.

Para que esta condición afectiva no se perpetúe como condición de vida, todas estas víctimas de la impotencia se ven impelidas a buscar algún estímulo que las colme. Para algunas será la “espiritualidad” o la comprobación de actividades paranormales, para otros será agruparse en una brigada parapolicial de índole reaccionaria que actúe por voluntad propia. También están quienes acuden a un cirujano para una implantación de silicona en los senos. Sea reprobable o no la respuesta que adopten, la película no necesita enunciar sus inclinaciones. Quizás la huida de un determinado personaje frente a una determinada situación, represente una toma de postura provisoria. Pero, en cualquier caso, Vernier se preocupa más por los móviles que conducen a estas personas a reaccionar de determinada manera, que las propias consecuencias que esto tiene. 

En verdad, sí hay un lazo físico que atraviesa a todos los personajes. Se trata de Sophia, una chica que no supera los 18 años, cuyo desarrollo toma contacto con algunos de los personajes. La homologación de su nombre con el del parque científico no esconde ningún secreto. A partir de Sophia-persona, se desvelan las singularidades de los individuos de Sophia-ciudad. Pero esta será la única concesión significativa que brindará la película. La cualidad integradora y definitoria de Sophia Antipolis es su resistencia a las explicaciones inmediatas de lo que está aconteciendo. Y es en virtud de este principio donde reside el encanto de la película. Nunca se entrega, al comienzo de un plano o una escena, la información contextual para que el espectador se estabilice dentro de su narrativa. Tendrá, entonces, que aguardar unos momentos hasta comprender el cuadro completo de la situación. ¿Qué es lo interesante de este procedimiento? La sumisión de nosotros, espectadores, a un punto de vista externo del que no nos podemos apropiar enseguida. Por un instante nos vemos obligados a descentrarnos y aceptar las condiciones de juego. “No hay una sola verdad, hay diferentes verdades que puedes crear con todas las piezas del rompecabezas”, dice al respecto su director. Paciencia, tarde o temprano, todo estará clarificado.

El sol y el mar, no solo destellan en planos invididuales por su eficacia fotogénica, sino que son testigos y narradores omniscientes. La transición de unos personajes a otros se producen con alguno de estos dos faros como intermediarios, lo que da a lugar a momentos de lirismo y reflexión. Todo esto, por supuesto, facilitado por un registro analógico en 16 mm, cuya textura nostálgica y cromaticidad diáfana revisten de algodón una película que no se reserva tampoco momentos crudos. Hay violencia física, sí, pero también hay una violencia menos clara, aquella que alimenta el distanciamiento. Grandes mansiones blancas, cómodos habitantes que no hablan el idioma local, edificios modernos acristalados y sucursales de las marcas principales de indumentaria son los testigos que contrapesan la calidez de la playa, el sol y el mar. También, podría decirse, ese modelo de prestigio y ejemplaridad que imponen es el combustible que motoriza al grupo de soldados clandestinos que buscan eliminar a quienes deterioren esa imagen. Si se quiere, tampoco es reprobable la idea de ver a Sophia Antipolis como una crónica de la contracara plebeya del glamour de la riviera francesa.

Sophia Antipolis está disponible para verse en el catálogo de la plataforma Eyelet.