Breve ensayo sobre la etnografía

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En términos estrictos una etnografía es una monografía sobre algún grupo étnico, generalmente un pueblo no occidental. Era la forma clásica en que la Antropología presentaba sus descripciones y hallazgos de la conducta, el comportamiento y el pensamiento de las sociedades “exóticas” (o peor, como se decía en el siglo XIX “primitivas”). Decimos que “era” porque hoy en día, tal como dice Mike Agar, la forma de presentar los hallazgos de un trabajo antropológico pueden ir desde un documental, pasando por un informe, una curaduría, una obra de teatro, un modelo de simulación en computadora hasta una etnografía, obviamente.

Una etnografía es también un método de investigación o suele utilizarse el concepto en ese sentido. Se habla de métodos etnográficos y en general se refieren a todos aquellos instrumentos que utiliza el antropólogo cuando realiza el famoso “trabajo de campo”. Desde el diario de campo y los diferentes tipos de documentos que se deben llevar y actualizar durante la estadía, hasta las formas de inmersión y de recolección de datos, cuyo exponente principal es la conocida como “observación participante”. La clave de este instrumento muy valioso es la de participar, en la medida de lo posible, de las actividades que realiza la comunidad en la que uno está llevando a cabo el trabajo de campo.

Algunos consideran que la etnografía es un género literario y algo de eso hay también. Un género que pasó de un realismo objetivista, muy propio de la 1ra mitad del siglo XX a una narración subjetiva, muy acorde con los cambios que se suceden en el mundo académico en la 2da mitad del siglo pasado. Más allá de cualquier clasificación posible, lo cierto es que si es una etnografía (y en esto coinciden las 2 etapas) tiene que tener obligatoriamente datos sobre conductas y patrones culturales y en lo posible que cumplan con un criterio de extrañeza, que la alteridad se haga presente y que en lo posible, cuestione nuestras reglas “normalizadas” de conducta.

Para mi la etnografía es un bálsamo para la curiosidad. Una forma, la mejor probablemente, de conocer la maravillosa diversidad cultural que puede producir la humanidad y que claramente se opone a esta suerte de encierro homogéneo que nos propone la sociedad industrial. Algunas de las etnografías más conocidas son “Los argonautas del Pacífico Sur” de Bronislaw Malinowski sobre los Trobriandeses de la Melanesia; “Naven” de Gregory Bateson sobre los Iatmules de Nueva Guinea; “Tristes Trópicos” de Claude Levi Strauss sobre los Nambiqwara del Pantanal brasileño; “La Amazonia, un paraíso ilusorio” de Betty Meggers sobre los Camayurá, Jíbaros, Kayapó, Sirionó y Waiwai de esa región del mundo; “Los Nuer” de Edward Evans Pritchard sobre los Nuer y los Dinka de Sudán; “The Forest People” de Colin Thurnbull sobre los pigmeos Mbuti del Congo; “La producción de grandes hombres” de Maurice Godelier sobre los Baruya de Nueva Guinea; y un largo etcétera. Sé que estoy siendo injusto con esta lista, que estoy dejando fuera una inmensa cantidad de etnografías que son un placer leerlas, espero al menos haber incentivado la curiosidad del lector.

Si buscan información etnográfica, más allá de las etnografías (que son un placer leerlas por el solo hecho de leerlas), la mejor fuente de información son las bases del HRAF (Human Relation Area Files), una organización fundada en la mitad del siglo XX en la Universidad de Yale, bajo el auspicio del antropólogo George Murdock. La idea de la base de datos consiste en tener agrupadas en categorías comunes la mayor cantidad de expresiones etnográficas posibles. Uno puede encontrar datos sobre la alimentación, la sexualidad, los juegos y deportes, los diferentes grupos etarios, educación, sistemas de salud, etc. entre una enorme cantidad de culturas de todos los continentes. La base devuelve no sólo los rasgos culturales seleccionados sino también la fuente de donde salió el dato, es decir la etnografía de donde se lo obtuvo. El HRAF debe ser el mayor reservorio de diversidad cultural del mundo, un tesoro para quienes tenemos un voraz apetito por conocer la variabilidad que es capaz de crear la humanidad.