Crítica de “Aguas ardientes. El libro de Timbó”, Juan Carlos Dall’Occhio y Guido Zappacosta

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Para aquellos y aquellas que no la conocen, la Revista Timbó se define en su página: “Arte y cultura del Conurbano Norte. Un medio que habla de vos, lo que pasa en tu cuadra y a la vuelta de tu casa”. Simple, sin vueltas, sin barroquismos innecesarios, pero con una alta dosis de literatura, este libro recopila textos editados por la revista “durante nueve años ininterrumpidos de impresiones mensuales”.

Lo primero que llama la atención es la edición del libro, donde se nota un trabajo no solo con los textos, sino también con las imágenes y las fotos, todas con ese poder de sugerencia que da el blanco y negro. Más allá de la palabra, cada imagen y cada foto también cuentan una historia que, obviamente, se relaciona con el texto, pero además le da un nuevo sentido.

Los dos prólogos que abren el volumen marcan la mirada desde la cual se narrará todo lo que sigue: una obra con corazón, pequeñas historias de y para crotos, divididas en cuatro partes que hablan de la geografía espacial y humana del barrio, y de los temas que las conectan: la muerte, la amistad, la enfermedad, el amor, la soledad.

Juan Carlos Dall’Occhio y Guido Zappacosta escriben crónicas de la cotidianeidad del conurbano: de los viajes en tren, de los lugares por donde transitan personajes reconocibles, del trabajo, de los sueños, de la violencia. Y esa escritura deviene en una estampa de la sociedad, de la lucha por sobrevivir, de las diferencias injustas, de las miserias y los milagros que nunca faltan.

Después de leer algunas páginas, surgen con fuerza las aguafuertes de Roberto Arlt, que también tienen un origen parecido en tanto nacen en un medio periodístico y después se publican como libro. Pero además, hay otras semejanzas en cuanto a la temática o al estilo despojado, muchas veces crudo, pero muy poético por momentos: “Mi presente es de hormigón, pero yo soy un pasaje, un respiro de callejón. Para que los besos bajo el farol, para que los fasos y el rocanrol, para que metas caño a espaldas del botón. Para que camines y te detengas cuando se te cante un gorrión. Mi lomo refleja cuatro lunas llenas, y como pajonal filtro la lluvia por mis venas” (“El río y del adoquín”).

Este libro de Timbó es para celebrar porque es un logro de años de trabajo, pero también porque está bien escrito y nos pone frente a un espejo que inevitablemente nos refleja.

Juan Carlos Dall’Occhio y Guido Zappacosta, Aguas ardientes. El libro de Timbó, Timbó Ediciones, 2019, 200 págs.