#cine.ar: Crítica de Miragem, de Eryk Rocha

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Bien se podría traducir Miragem como Milagro. Algo que sucede en estas noches pegajosas y húmedas de una Río de Janeiro mirada de soslayo y a oscuras, a través de la ventanilla o el espejo retrovisor de un auto. El equívoco de la palabra no es más que uno de esos falsos amigos que los idiomas a veces regalan.

Porque en español miragem significa Espejismo traducción de título del nuevo trabajo del brasileño Eryk Rocha, conocido aquí por Cinema Novo film documental sobre aquel movimiento del cine brasileño cuyo emblema fue y es Glauber Rocha, su padre.

La intención de espejismo que Rocha reaviva en el sistema visual de Miragem, filmada en coproducción entre Argentina y Brasil, cruza todo lo visto como a través de un filtro, una ilusión óptica que bien podría hacer entender la situación del Brasil actual: ese infierno al que parece hacerle falta un milagro para que termine. La imagen podrá darse vuelta, de modo que la autopista quede por arriba y el cielo por abajo en momentos de sensibles alteraciones mentales que se trasladan al plano.

Paulo es taxista, el poco dinero que hace va en gran parte a la empresa de taxis que lo contrata. El resto, lo guarda celosamente para pagar la cuota alimentaria de su hijo, tras una separación que se menciona como traumática. El milagro es el hijo, tal vez el espejismo también.

Como en las películas de taxis (Todo en una noche de Mika Kaurismäki; Taxi Blues, de Pavel Lungin o Taxi-Teheran de Jafar Panahi) en el micro espacio del coche transcurren buena parte de los momentos: unos adolescentes borrachos, una pareja de turistas argentinos (Inés Estévez y Luis Ziembrowsky) en crisis económica, un empresario misterioso, una madre y su niño o una enfermera con la que entabla una relación amorosa; la extensión de ese taxi es la empresa o el bar, y sus compañeros taxistas que con alguna que otra voz desde la radio hacen un contacto crítico con la situación económica de esa ciudad rica y pobre, con los extremos más extremos que puedan imaginar.

Rocha dice que esa ciudad es también protagonista del film, no la luminosa, brillante, soleada y divertida Rio sino la nocturna, pegajosa, lluviosa y amenazante que Paulo está obligado a transitar para poder mantener algo de la dignidad de un trabajo en peligro de extinción.