Filmografías: Lindsay Anderson

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“Hacer una película es crear un mundo.” (L. Anderson)

Director de cine, actor, guionista, productor, realizador de formatos televisivos, crítico y muy vinculado al ámbito teatral, Lindsay Gordon Anderson nació el 17 de abril de 1923 en Bangalore, Reino de Mysore, India Británica. Hijo de un oficial de la armada británica, tuvo su educación en la escuela Saint Ronan’s School en Worthing, Sussex Occidental, y en el Cheltenham College, donde conoció a Gavin Lambert. Biógrafo, escritor, novelista y sobre todo su amigo de alma.

Con Lambert y Karel Reisz, fundaron la revista de cine Sequence (1947-1952). Desde ese momento se dio el gusto de escribir lo que significaba el cine en su vida y con sus ideas, escritos y ensayos, no tardó en ser un destacado crítico.

El espíritu de la revista reflejaba las miradas del cine de vanguardia estadounidense y enunciaba su preocupación por los problemas sociales en el cine, que según su criterio, no estaban enfocados. Entonces, llamó a reflexión.

La percepción moderna del cine británico no tenía nada que ver con sus películas: todo se consideraba para el ‘negocio’, lo importante era obtener más dinero a través de la taquilla.

Luego siguió escribiendo para Sight and Sound del British Film Institute (una de las revistas de cine de mayor prestigio) y para el semanario izquierdista New Statesman. Entre sus mejores artículos ‘Stand Up, Stand Up’ publicado en 1956 en Sight and Sound, tuvo una repercusión inusual, ya que cuestionó duramente la supuesta búsqueda de objetividad y la falta de compromiso político pretendidos por los críticos cinematográficos de su tiempo.

“Luchar significa compromiso, significa creer lo que dices y decir lo que crees. También significará ser llamado sentimental, irresponsable, farisaico, extremista y anticuado por aquellos que equiparan la madurez con el escepticismo, el arte con la diversión y la responsabilidad con el exceso romanticismo. Y debe haber un nuevo tipo de intelectual y artista, que no tenga miedo ni desprecio de sus semejantes.”  (L. Anderson)

Hacia fines de 1957, aún como crítico en la revista New Statesman, dio lugar a una enorme polémica, por haber negado sus elogios a la película inglesa más importante del año: “The Bridge on the River Kwai”. En la misma columna sus halagos favorecían ampliamente a un film polaco, “A Generation” (1955) de Andrzej Wajda. David Lean, el director de la película cuestionada, no lo perdonó por mucho tiempo.

Su mundo en torno al cine nunca fue un obstáculo para el desarrollo de sus actividades teatrales, su otra pasión. Anderson fue director artístico del Royal Court Theatre (1969-1975), miembro fundador de la English Stage Company en el Royal Court. Además como productor teatral, dejó en su haber unas 40 obras, la mayoría para el Royal Court Theatre de Londres. Su carrera en artes escénicas estuvo fuertemente vinculada a su amigo, el dramaturgo David Storey,

Comenzó a dirigir cuando tenía 25 años, realizando documentales para una empresa industrial. Asumió que como documentalista era descendiente del estilo de John Grierson. Desde entonces, con sus manifiestos, mostró su compromiso social y su actitud crítica, también perceptible en sus montajes teatrales. Gracias a un premio que obtuvo filmó su corto documental “Thursday’s Children” (1955).

Luego logró dirigir en 1963 su ópera prima “This Sporting Life / El ingenuo salvaje y/o Está vida deportiva”. Un film cuyo protagonista tiene una filosofía simple de la vida: aplicar la ley del más fuerte y no permitir que nadie se interponga en su camino hacia el éxito. David Storey entregó un guión que contenía una intensa energía a través del personaje Frank Machin, de la que el cine británico carecía en los comienzos de los años 60’. Frank Machin es un minero con grandes aptitudes como jugador de rugby, y con esas capacidades deportivas tiene como objetivo salir de la pobreza. Pero no puede con su delirio de grandeza, mientras su imagen brilla como jugador de rugby, su vida personal se va derrumbando. Tiene una tortuosa relación con la Sra. Margaret Hammond, viuda y con dos hijos pequeños. Richard Harris como Fran Machin y Rachel Roberts como la Sra. Hammond brindan notables actuaciones.

Mientras desarrollaba su carrera cinematográfica paralelamente con su actividad teatral, los criterios de opinión sobre Anderson dividían a los británicos. Algunos lo consideraban como uno de los mayores exponentes del movimiento Free Cinema y The British New Wave, para otros no merecía tanta relevancia. Creo que este tipo de polémicas, jamás llegarán a un acuerdo, pero soy parte de aquellos que lo consideramos un genio. Cuánta razón tenía Claude Chabrol cuando dijo: “Lindsay hizo solo cinco o seis largometrajes. ¡Pero qué películas!”.

Con “If…” (1968), Anderson comenzaría a dar inicio a una trilogía envidiable que siguió con “O Lucky Man!” (1973) y terminó con “Britannia Hospital” (1982).

David Sherwin (el guionista), a los dieciocho años ya tenía en un borrador, la idea de dos estudiantes que regresaban al colegio después de las vacaciones para ser sometidos a las más severas humillaciones por parte de sus maestros. En 1968 encontró la fórmula para tener un guión formidable y ofrecerlo a Anderson. La historia sucede en un internado de mucho prestigio en el que la religión y la vida militar son parte integral de su formación. Los alumnos son todos varones de clases acomodadas, sometidos a un sistema de valores caducos, bajo una educación autoritaria y una disciplina dura. El equilibrio de poder entre lo nuevo y lo viejo se va transformando en lo más parecido al sadismo, y todo esto no tardará en derivar en una revuelta, incluyendo la violencia con sangre y muerte, para acabar con ese mundo de una vez por todas. Mientras reina una atmósfera agobiante dentro de los muros de la institución, dos de los alumnos, Mick y Wallace, se escapan para andar en una motocicleta robada y tienen relaciones sexuales con una camarera. Los prefectos le dan a Mick una paliza brutal cuando este les responde con ironía. Ambos son castigados. Obligados a realizar tareas de limpieza, logran conseguir ilegalmente armas y deciden rebelarse. Todo culmina en una masacre el día de entrega de premios.

Film violento, duro, innovador, antisistema, pero muy bello, de uno de los directores precursor del llamado Free Cinema, que obtuvo la Palma de Oro en Cannes en el año 1969.

El célebre cineasta estadounidense Stanley Kubrick tuvo motivos para designar en el papel protagónico a Malcolm McDowell como Alex en “La naranja mecánica”, una de las películas más emblemáticas de todos los tiempos, quien toma lo que cree que es suyo con los mismos principios aprendidos en la escuela con los que se rebela Mick en la película de Anderson, realizada tan sólo tres años antes (1968).

Cinco años después concretaría otro film para la posteridad: “O Lucky Man!” (1973).

Anderson ya había demostrado que tenía dudas de su capacidad para filmar el excesivo contenido del guión. Y tenía razón, el ambicioso argumento provocaría cierto temor a cualquier director. Pero a pesar de algunos altibajos que tiene el film, Anderson logra una obra fantástica, con una historia que se deja llevar. Y el personaje de Travis mientras deambula entre encantos y desencantos, da suficientes motivos al espectador para que se acomode más en su butaca.

Las imágenes del film logran transmitir su ideología al público sin demagogia, cosa que abunda en otras películas de similares intenciones.

Ambientada en el contexto del declive británico de la posguerra, el film abarca y nos envuelve en todos los males de nuestro tiempo: experimentos genéticos, explotación de la clase obrera, guerras entre países impensados, poderes corruptos, lumpenajes sucios y violentos. En fin, un musical surrealista, como una alegoría a las trampas del neoliberalismo a través de las aventuras de un joven vendedor de café en Europa.

O Lucky Man!” apareció en un momento de decadencia hollywoodense cuando Anderson asoma como uno de los representantes más firmes del Free Cinema.

Antes de rodar “Britannia Hospital” (1982), Anderson propone a David Storey, autor de la obra teatral “In Celebration” (dirigida por el mismo Anderson y estrenada en 1969 en los teatros londineses), dar nueva vida a la obra filmándola a través de un proyecto del American Film Theatre, donde se tomaban en cuenta las obras teatrales filmadas con el objetivo de exhibirlas para el público estadounidense con entradas vendidas por antemano. La idea progresó y en el set de filmación se mantuvo el elenco original de la obra teatral.

La Sra. y el Sr. Shaw (Constance Chapman y Bill Owen), están por celebrar su 40º aniversario de bodas y quieren festejarlo rodeados de sus tres hijos. El deseo del matrimonio era realizar el festejo en un restaurante caro, pero desisten y organizan la cena en su pequeña casa en un pueblo minero de Yorkshire, donde el Sr. Shaw es minero desde casi 50 años y le falta muy poco para jubilarse. La Sra. Shaw había intentado todo lo posible para que sus hijos tuvieran una buena educación y pudieran tener acceso a otras carreras, sin seguir el paso de su padre, como lo hacían los hijos de otros mineros. La asistencia al festejo de los hermanos de cuello azul (cierto nivel social de aquellos años)  será más por compromiso que por deseo y estarán dispuestos a lo que sea durante la cena. Andrew (Alan Bates) es el mayor, abogado por mandato y pintor por elección. Colin (James Bolam), un ex miembro del partido comunista, que ahora goza de un bienestar económico pero es un cero a la izquierda espiritualmente. Y el menor de todos Steven (Brian Cox), que se presenta con su mujer Burnett (Gabrielle Daye) es un maestro casado, con cuatro hijos y escritor de pocas pulgas.

El objetivo del director es examinar las tensiones que se generan entre los integrantes de la familia, donde no falta la reencarnación de recuerdos patéticos, recriminaciones, incidentes desafortunados, la muerte de un hermano, el intento de suicidio de la madre y la desgracia de que haya un miembro homosexual en la familia. El clima que logra Anderson es denso, como una furia salvaje y a la vez frágil como la pasividad humana. El director y su guionista acentúan el drama sobre la incapacidad e impotencia del hombre de no saber o no tener formas adecuadas para expresar sus emociones.

Britannia Hospital” (1982), sería la última parte de idas y vueltas del personaje Michael “Mick” Travis, creado por David Sherwin y encarnado magistralmente por Malcolm McDowell. Anderson no nos defrauda, una vez más pone su crítica agudísima (donde abunda el humor ácido de los ingleses) con el enorme aporte de su guionista. Todo sucede dentro de un hospital, que no por casualidad lleva el nombre de un imperio. Es un día complicado para la rutina cotidiana de un hospital, y tanto peor para Gran Bretaña. Londres será testigo de una jornada de huelgas, violencia, explosiones y hasta el vaticinio de la Guerra de Malvinas, mientras el pueblo está agobiado y harto bajo los yugos de su gobierno neoliberal liderado nada menos que por Margaret Thatcher. Hay una fila enorme de personas en la puerta del hospital que esperan con mucha ansiedad ser atendidas por camilleros, médicos, enfermeros y personal de cocina. Justo ese día es el aniversario de los 500 años de su fundación, donde se espera nada menos que la presencia de la Reina a quién correspondería inaugurar un nuevo sector de experimentaciones caratulado como Centro Millar para la Ciencia Quirúrgica Avanzada.

La película logra hechizar al espectador, lo que uno ve es tan descabellado que no tiene ni pies ni cabeza, aunque presenciamos la creación de un monstruo, de un nuevo Frankenstein… Lindsay Anderson ironiza con gran maestría la decadente vida británica, con olores muy cloacales. Ataca la monarquía, las instituciones educativas,  los sindicatos, la ciencia, los medios de comunicación y nada menos que a la propia Gran Bretaña. Y lo consigue con una sutileza fantástica.

Después de la trilogía, Anderson dirigió “Storey’s In Celebration” (1969), “The Contractor” (1969), “Home” (1970) y “The Changing Room” (1971).

“The whales of august / Las ballenas de agosto” (1987) se basa en una obra de teatro de David Berry. Está protagonizada por Bette Davis y Lillian Gish como las hermanas Libby y Sarah. Ellas viven en el mismo lugar paradisíaco desde hace seis décadas, una isla vecina al estado de Maine. En su juventud, por las tranquilas aguas, llegado el mes de agosto, solían disfrutar de las apariciones de las ballenas, un acontecimiento que ya solo embellece sus recuerdos.

El pasar del tiempo ha impuesto cambios en muchas cosas, pero no pudo con el romanticismo de Sarah ni con el resentimiento de Libby. Son inmutables en esos aspectos.

La película es un prólogo, luego de sesenta años las hermanas esperan con el mismo anhelo presenciar el paso de las ballenas bajo el calor de agosto. Para ellas es muy difícil de aceptar que la felicidad también ya pertenece al pasado. Sarah intenta aún revivir alegrías recordando la feria de antigüedades, y Libby ciega y amoldada a su amargura se pregunta: “¿Por qué no nos ponen en venta a nosotras en esa feria?”

Las incursiones de Tisha (Ann Sothern) y Joshua (Harry Carey Jr.) aportan que la vida de las hermanas sea más amena. La circulación en la isla se completa con la aparición de un extraño caballero que anda de pesca: Maranov (Vincent Price), dudoso ex príncipe exiliado de la Rusia zarista que asoma como un irresistible seductor.

El guión de David Berry tiene mucho contexto teatral, pero Anderson es un maestro de tiempos y climas y apoyado en sus impecables protagonistas crea una obra majestuosa con cierto toque drástico: ¿acaso mientras se celebra la vida no se puede implicar e incluir el ocaso, el deterioro y hablar de la muerte?

Al respecto dijo: “Consistió en aplicar al asunto una estructura dramática pero manteniendo su temática esencial. Había que concentrarse en los carácteres y escenarios. El desafío es enorme cuando los actores tienen más de setenta y ochenta años, pero uniendo los años con la experiencia se dio un raro pero único talento artístico.

Sus dos últimas películas fueron “Glory! Glory!” (1989) y “Is That All There Is?” (1992).

Como cinéfilo, entre sus películas preferidas figuraban entre otros: “La edad de oro” (1930) de Luis Buñuel, “Tierra” (1930) de Aleksandr Dovzhenko, “They Were Expendable” (1945) de John Ford, “Historia de Tokio” (1953) de Yasujirô Ozu y “Cero en conducta” (1933) de Jean Vigo.

A pesar de una formación de mucha responsabilidad y ética, dueño de una extraordinaria imaginación con un brillo singular, lamentablemente Lindsay Anderson sigue siendo uno de los talentos verdaderamente postergados por el cine británico.

Una anécdota: los productores de “Star Wars: Episodio VI – El retorno del Jedi” (1983), ofrecieron que interpretara el papel del Emperador. La propuesta fue rechazada porque estaba a full con la post producción de “Britannia Hospital”.

Vale destacar otro de sus importantes aportes al mundo del cine. Hace mucho que estaba investigando y estudiando sobre la obra cinematográfica uno de sus predilectos: John Ford (1894-1973). Logro concluir su investigación en 1981, que fue publicada en Londres con el título About John Ford por el editorial Plexus.

“Supongo que soy el chico que había huido a la cubierta en llamas. El problema es que no sé si el niño era un héroe o un maldito idiota.”  (L. Anderson)

Lindsay Anderson murió de un ataque al corazón el 30 de agosto de 1994, en Angulema, Francia, donde se encontraba de vacaciones.

FILMOGRAFIA

Is That All There Is? (1992)

Glory! Glory! (1989) (TV)

The Whales of August (1987)

Wham! in China: Foreign Skies (1986)

Free Cinema (1986) (TV)

Wish You Were There (1985)

Look Back in Anger (1985) (TV)

Britannia Hospital (1982)

The Old Crowd (1979) (TV)

In Celebration (1975)

O Lucky Man! (1973)

If…. (1968)

Red, White and Zero (1967)

The Singing Lesson (1967) (cm)

This Sporting Life (1963)

March to Aldermaston (1959) (cm)

Every Day Except Christmas (1957) (cm)

Wakefield Express (1957) (cm)

O Dreamland (1956) (cm)

£20 a Ton (1955) (cm)

A Hundred Thousand Children (1955) (cm)

Energy First (1955) (cm)

Foot and Mouth (1955) (cm)

Green and Pleasant Land (1955) (cm)

Henry (1955) (cm)

The Children Upstairs (1955) (cm)

Thursday’s Children (1954) (cm)

Three Installations (1952) (cm)

Trunk Conveyor (1952) (cm)

Idlers That Work (1949) (cm)

Meet the Pioneers (1948) (cm)