Furia, juego y empatía en “Fetch the Bolt Cutters”, lo nuevo de Fiona Apple

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Qué cosa contundente. Qué halago a la música que es este proyecto.

Fetch the Bolt Cutters de Fiona Apple no es un disco particularmente revolucionario ni inventivo, pero ese no es el punto ni de esta música ni de la música en general. Lo que sí es, es una avalancha de sonidos tan vivos, coloridos, e incluso necesarios, que hablar sobre él de manera tan académica y limpia sería casi un insulto.

Spotify: https://open.spotify.com/album/0fO1KemWL2uCCQmM22iKlj

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/fetch-the-bolt-cutters/1507811635

Fetch the Bolt Cutters es lo sucio, es la mugre, es el grito descarnado de una mujer que en su vida se quedó callada. Su híbrido de pop jazzero que fue poco a poco tomando más del jazz que del pop ha servido para influenciar a docenas de artistas en los últimos 20 años – desde Regina Skeptor hasta Adele. Y su dedicación a poder hablar sobre abuso tanto físico como psicológico de maneras tan abiertas y tan poéticas de todas formas le da a su música un aire político que quizás ella no buscó, pero nunca lo pierde de vista al escribir canciones. Y en este último disco, su primero en 8 años, busca cómo posicionarse en el medio del alce feminista tan contundente de los últimos años, desde Ni Una Menos hasta #MeToo, en donde se examina a sí misma y sus relaciones más que nunca. Y cuánto más profundo vaya, más caótica la música será.

Y hay que ser clares, este es un caos muy organizado y planificado – al menos, hasta que no lo es. Partiendo de una mezcla abierta y espaciosa, Fiona y su banda hacen todo lo posible para hacer uso de ese espacio, no solamente llamando atención a los elementos que añaden, sino también a los silencios entre cada instrumento. Pianos con líneas melódicas rotativas que dan vueltas alrededor de una percusión pesada, gruesa, con crashes que interrumpen melodías y redoblantes que no pueden combatir contra un bajo presente, cuya presencia es limitada por las punzantes líneas de piano que ganan firmeza con los cambios constantes de arreglos de la batería que a su vez son apoyados por bajos que se destacan por sus erràdicas ausencias que le dan al piano momentos de levedad que son obstruidos por la percusión que – y así, todo el tiempo, giran los temas, por 50 minutos. Este es unos de los discos más lúdicos del año. Y lo bueno de las composiciones es que, con lo frenético que es el sonido, hay suficientes melodías y mantras para hacer que el oyente no se pierda – esta no es una escucha difícil. Solo requiere un poco de tiempo y paciencia.

Y ese proceso rotativo sucede cuando hay un groove al que se adhiere toda la banda, porque si no, el infierno sale de este frenesí. Un tema como “Under the Table” se basa en pequeñas melodías tiernas hasta que los instrumentos generan de la nada un agujero negro en la mesa homónima que parece no tener fin – o tomemos la adición de un melotrón en “Rack of His” que hace que el tema se convierta en una banda de sonido de una mezcla de cine negro y dadaísmo. O la percusión que truena en “Newspaper” que le da al tema un tempo inestable que descoloca la melodía todo el tiempo – aunque no es que Fiona se diese cuenta, o le importase. Incluso en una composición más simple y estable como “Ladies”, el instrumental le da mayor gravedad a la letra y a Fiona en sí.

Y hay que hablar de Fiona. Para citar al querido Marcos Mundstock (QEPD): qué bestia, qué animal. Lo que proyecta esta mujer en estas composiciones es lo que le termina de dar vida a todo. Muestra un carácter especial; se permite quebrar metafóricamente y literalmente, y eso es lo que le da a su performance tanto poder. Se ve el poder de los mantras en temas como “Relay”, en donde toma una frase poderosa – “El mal es un deporte de relevos cuando quien fue quemado pasa la antorcha” – y convierte la circularidad simbólica de la frase en una circularidad literal al no parar de cantarla, añadiendo capas y capas tanto armónicas como de voces de fondo. “Under the Table” y “Cosmonauts” juegan con la peculiaridad de su voz sardónica hasta que Fiona se termina cansando, y entra en una especie de trance cuya furia parece no tener fin; lo mismo sucede en el estribillo de “Heavy Balloon”, en la cual prácticamente suena como otra persona, si es que suena como una. Tranquilamente ella puede desdoblarse y mostrar múltiples facetas de sí misma al mismo tiempo – en el tema titular literalmente hace eso, en donde añade una segunda voz recitando las letras. Y el pico de su destreza es en la cruda y brutal “For Her”, una pieza furiosa interpretada por un monstruo camaleón de 7 cabezas que a medida que avanza no puede evitar mostrar su humanidad, hasta que se desploma – pero en sus propios términos.

Y es en esos propios términos en dónde las temáticas del disco resuenan. Hay que tener mucha empatía y autoconciencia para poder hablar sobre ciclos de abuso con tanto tacto como lo hace Fiona aquí. Logra reunir varios puntos tomando conciencia de sus problemas de poder relacionarse con otras mujeres, haciendo una lectura crítica del sistema patriarcal que lleva a que las mujeres compitan entre sí en vez de tomar conciencia de que están luchando la misma pelea. Temas triviales como “Shameika”, en donde recuerda la primera vez que se sintió valorada por una chica a comienzos de su secundaria (“Shameika no era amable, y no era mi amiga/Pero Shameika dijo que tenía potencial”), o cómo se da cuenta de su poder para poder hablar en circunstancial sociales como en “Under the Table”. Posiblemente los momentos más duros son en “Relay”, y cómo no logra poder salir del resentimiento hacia les demás por sus propios problemas e historia de abuso, hasta que se da cuenta de que ella debe ser quien desmorone ese ciclo – momento en el que, apropiadamente, la canción se desmorona con ella. “Newspaper”, un tema brutal en su composición melódica, da vueltas sobre las mismas ideas líricas de sentirse competitiva con otra mujer, como si la estuviese acechando, en la que ambas – de nuevo, apropiadamente – dan vueltas sobre el mismo hombre. Más brutal aún es “For Her”, un tema escrito para una sobreviviente de violación, en el que Fiona examina con una lucidez aterradora la situación de un hombre que se aprovecha del sistema posiblemente sin darse cuenta, dejando un infierno a su alrededor (“Como que sabes que deberías saber, pero no sabes lo que hiciste”).

A partir de ese infierno, es donde Fiona recompone, con mucho trabajo y mucha dedicación, su relación con el mundo alrededor de ella. Ya lo dice el título – “pásame las algarrobas”, ha estado presa por demasiado tiempo. Canta esas líneas con mucha delicadeza, pero con mucha certeza en ellas. Posiblemente el tema más liberador y progresivo es “Ladies”, una oda a la solidaridad entre mujeres que mira con desdén al hombre que la engañó, y con cariño y paciencia a la mujer con quien la engañó, dejando los rencores en el pasado y sabiendo que tratar de compararse con ella no tiene sentido – el único punto de melancolía siendo que nunca podrá acercarse del todo a ella. Y, en el medio de todo, Fiona se toma su tiempo para analizar sus propios problemas de confianza y desafecto a través del disco, ya que es suficientemente lúcida para ver el trabajo que debe hacer para poder seguir adelante.

No será un disco perfecto – el principio y final del disco no logran coincidir con la progresión sonora y lírica del resto de los temas, y Fiona por momentos tiende a confiar demasiado en la repetición. Pero considerando todos los éxitos que tiene, Fetch the Bolt Cutters es una maravilla, una oda al respeto propio y respeto por les otres que sería crucial en cualquier momento que saliese, pero que de todas formas se hace notar en estos tiempos. Es bueno saber que una de las artistas más influenciales del siglo va a seguir influenciando por las siguientes décadas, porque esto es música inspiradora, no sólo por su coraje y su accesibilidad, sino también porque incita al oyente a ir por más, y ser mejor. Nos vemos en 8 años, Fiona.