Mubi: Ema, de Pablo Larrain

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La plataforma Mubi en una estrategia muy inteligente, liberó durante un solo día, el primero de mayo la ultima película del chileno Pablo Larrain para luego incorporarla a su catálogo pago. Presentada por su protagonista, Mariana Di Girolamo y con un grupo de preguntas y respuestas hacia el final realmente fue un buen programa de viernes a la noche. Nuestra amiga Cristina Taquini la había podido ver en el ultimo Festival de Venecia y algo escribió. Ojo que Larrain tiene su público.

Diretor de Tony Manero, El Club, Post mortem, habíamos visto No, Neruda, Jackie. En Ema, se sale del acontecimiento histórico, y hace que su personaje principal esté proyectado hacia el futuro tal vez como nunca un personaje del cine chileno lo había hecho. Ema (Mariana Di Girolamo) y Gastón (Gael García Bernal) son un matrimonio desparejo, ella es bastante más joven y, frente a la imposibilidad de tener un hijo, adoptan un niño colombiano de 6 años. Durante toda la primera parte, Polo, el niño, es nombrado pero no mostrado. Su ausencia tiene que ver con que luego de adoptarlo, ellos mismos lo devolvieron para que otra familia lo reciba. Polo quemó la cara de su tía en una circunstancia que no se explica del todo. Todo estupendamente turbio.

La primera imagen del film es un semáforo incendiándose y a lo largo de la historia muchas cosas aparecerán quemándose, planos que la película se guarda como los más poderosos visualmente. La asistente social (en una de las mejores escenas) no quiere decirle a Ema donde está Polo. Porque ya tiene una nueva familia, y Ema deberá soportar la mirada acusatoria de sus compañeros y de su marido por la perversa decisión de abandonarlo. Larrain no se ahorra palabras hirientes y esa maternidad especial de la que Ema se adueña saldrá bajo una forma nueva: hacer lo que sea para volver con el niño.

Ema es no apta para pacatos con ideas rígidas sobre la familia tradicional. No hay nada tradicional aquí. Ema mirá hacia un futuro que es más presente que otra cosa. Para esos cuerpos que necesitan vivir por fuera de todas las normas las escenas de ensayos y de danza contemporánea serán interrumpidas por la aparición repentina del reggaeton que es la danza de ese presente-futuro (extraordinariamente definida en otro de las grandes momentos del film). La música en Ema es tan importante como el fuego, como el sexo, el abandono y como esa ciudad increíble que funciona como escenario.

Valparaíso, ciudad enloquecida con sus calles empinadas, sus casas de colores y su puerto antiguo y postmoderno es la ciudad ideal para este desfile de jóvenes que ya no son los reprimidos por el gas pimienta en las marchas por la educación gratuita. Son otros. La generación Ema está en sus calles, con lanzallamas y planes de armar familias múltiples solo movidos por el instinto de lo posible.