Visitar “Topografía del terror”, respirar Berlín

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Visitar Berlín es vivir en carne propia la capacidad destructiva del hombre, sentir la historia moderna en nuestro cuerpo, exponerse a la verdad. El pasado se carga en nuestra piel, nuestros ojos y memoria. En Berlín la tierra sangra las heridas del ser humano, dueño y amo de la tierra; podemos ver el poder que enceguece a una sociedad.

   “Topografía del terror” es un museo situado en el centro de la ciudad, donde aún quedan restos del Muro, en su lugar se encontraban las centrales del terror nacionalsocialista; la Gestapo, las SS y la Oficina Central de Seguridad del Reich. Aquí se articulaba la persecución y exterminio de los opositores políticos del nacionalsocialismo, la exposición permanente trata sobre las instituciones que allí funcionaban y los delitos cometidos en Europa, de los edificios originales solo quedan partes y algunas ruinas.

   La historia está expuesta en fotos, recortes de diarios, párrafos y videos. Desde el momento en que uno ingresa al predio del museo, comienza a recibir información. Las fotos de las ciudades antes de la guerra y lo que quedó de ellas; donde antes había calles repletas de gente, negocios y viviendas, podemos ver escombros, espacios desolados y despojados. Los epígrafes datan el año de cada foto; sentimos el dolor de los bombardeos que sucedieron el mismo mes del fin de la guerra, uno se pregunta, ¿cuál es el límite de nuestra raza?

     La curaduría de la muestra acompaña la vivencia; grandes láminas, gigantografías, con fondos blancos combinados con azul y grises, luces iluminan diferentes sectores mientras que otros quedan en la sombra. Afuera, se encuentran las fotos de las ciudades, uno camina y viaja a lo largo de Alemania. Hay cimientos de los edificios que antes estaban allí a un lado del Muro. Caminás por una parte baja, al subir una escalera de cemento y hacer el recorrido a la inversa, podés recorrer unos largos metros de Muro que aún quedan en pie. Algunas partes están rotas y se puede ver al otro lado, la sensación es dura, escalofriante.

   Dentro del museo encontramos más fotos, pero ahora son caras con nombres, fechas de nacimiento y defunción, algunas llevan un número estimativo, en otras, vemos ese espacio en blanco o una línea. Dos fotos de frente, dos de costado. Las fotos de una multitud levantando el brazo que está del lado del corazón; hay un hombre que despierta curiosidad, Él está en su lugar con sus manos en los costados. Hay muchas mujeres, de ojos redondos, pañuelos y vestidos largos, algunas son muy delgadas, sus ojos son distantes y tristes, hay otras de mirada firme y severa. Son judías, entre los uniformados casi no existen.

   La información está dividida en partes y etapas. Una llamó especialmente mi atención, son los distintos países: Italia, Francia, Austria, República Checa, Dinamarca, Serbia, Noruega, Checoslovaquia, Hungría, Grecia enmarcados entre los años 1949 y 1945, allí se da cuenta del impacto del naziamo en los distintos países de Europa, su activa participación en el conflicto. La lista es larga, hay fotos, hay párrafos, testigos que criminalizan su historia, allí también sucedió.

   La estrella no es una, si faltas a la ley te acusan en una plaza. Los colores, la cantidad de puntas, los puntos, las líneas, la combinación de signos designan tu procedencia, tu falta, tu destino. La identidad se limita, se cuaja, se vuelve peligrosa, ¿quien soy?, quizás lo importante es saber en qué lista entro. En una plaza, podés pasar horas en una silla, atado con un cartel que expone tu delito.

   La homosexualidad está prohibida, Heinrich Himmler expresa en 1937 su indignación por el aumento de homosexuales que hay cada año en la SS. Junto a su foto, vestido con el uniforme oficial, podemos leer sus palabras sobre el destino que les atribuye a los homosexuales, quienes deben corregirse o eliminarse: campo de concentración. Hoy podemos repetir muchas veces la palabra homosexualidad; para que quede grabada en la memoria, para decir lo que otros no pudieron, para que la historia se siga escribiendo, para dar cuenta del alcance del terror que se vivió en sus dimensiones.  

Topographie des Terrors” impresiona por su simpleza y, a la vez, contundencia de su exposición; no volvemos a ser los mismos luego de recorrerlo. Podemos pasar horas leyendo, viendo, imaginando, sabiendo que es un pasado que está justo en nuestra espalda, que si pensamos en la historia humana, solo pasó hace algunos años. Causa escalofríos porque es difícil plantear diferencias radicales entre la sociedad que ejecutó, vivió y sufrió ese sistema y el mundo que hoy vivimos, porque podemos experimentar con nuestra mente el terror ¿Cómo es posible que una mente similar a la nuestra sea capaz de llevar a cabo el horror de esa manera?