Cuarencharlas y chatzines: edición afectiva de nuestra cuarentena

0
142

Esta pandemia nos encuentra habitando nuevos territorios. De pronto la esquina de la habitación se convierte en el escenario de una pelea, leemos hasta en la cocina y disparamos mensajes de amor desde una terraza hasta ahora inexplorada.

Así como los nuevos espacios, acontece el estreno de encuentros: pantalla de por medio, una voz que se robotiza, un cuerpo se vuelve bidimensional pixel a pixel. En este contexto se insertan las Cuarencharlas: reuniones virtuales coordinadas por Kekena Corvalán y el equipo de Cultura Viral Federal, con una agenda centrada en las prácticas artísticas de todo el país, los desafíos de la gestión y la curaduría. Con un promedio de 100 participantes por encuentro, a la par que se sucedían las presentaciones (vía Zoom), el chat se inundaba de expresiones, comentarios, y reflexiones compartidas. En un intento de preservar esas producciones escritas surgieron los Chatzine, la primer publicación virtual en formato fanzine que toma como única materia prima el contenido de un chat.

Nada es casual aquí. En primer lugar, la elección del fanzine remite a su mismísima concepción de ser cobijo de expresiones culturales alternas, que comienza su historia en las elaboraciones de los fanáticos de los comic y continúa hasta el ámbito musical. La forma de publicación usualmente era simple, impresa en blanco y negro y de formato reducido.

En los Chatzines recuperamos la intención de trabajar con recursos de edición sencillos, que en tiempos de pandemia se traducen en la plataforma de Presentaciones de Google, gratuita y colaborativa. Asimismo, dejamos que la palabra recorra el territorio de la hoja (esta vez virtual) y se expanda más allá de los cuadros de diálogo. Las incorrecciones técnicas inundan los enunciados, porque han sido seleccionados y transcritos tal cual fueron enviados al chat, sólo se modifica la tipografía. Para el diseño, se seleccionó una disposición en forma de “nube”, que rompe con la linealidad tradicional, siguiendo el espíritu de las exploraciones de las vanguardias europeas de principios del siglo XX.

Las voces que se recuperan tienen una pertenencia subjetiva, es decir que han sido enunciadas por alguien, aunque aquí se presenten sin nombres, enfatizando la dimensión performática de este encuentro colectivo. “Este Zoom más que pequeñas celdas cuadradas aisladas, parece un panal”, se lee en la página 11 del primer número de Chatzine, reforzando lo anteriormente dicho y dejando entrever que a partir de aquí, lo viral es una herramienta.