#Netflix: El insulto, de Ziad Doueiri

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De vez en cuando, la plataforma de las plataformas lanza una perlita que hay que destacar. Ésta viene de un país del que raramente fijemos atención de otra manera si no fuera porque fue candidata al Oscar en 2017, El insulto (título simple como suelen ser los films del Cercano Oriente) llegó al ultimo escalón, pero fue opacada por el premio de la chilena Una mujer fantástica de Sebastián Lellio. Primó allí seguramente el tema trans y la problemática de género antes que la cuestión política que despliega El insulto. Aunque hay que decirlo: ambas películas tienen en común que responden a una narración transparente, explicativa y didáctica.

El insulto habla explícitamente de dos comunidades: la libanesa cristiana, la palestina musulmana, e implícitamente de una tercera, la israelí. Todos territorios físicos pero también simbólicos que el guión se ocupará de presentar en terminos de enfrentamientos y de la historia de las matanzas en geografías y espacios como Sabra, Chatila, o Damour, masacre de 1970 durante la guerra civil libanesa que afecta a uno de los personajes.

Aunque la complejidad política de un territorio tan alejando de nuestras propias realidades latinoamericanas también se plantea como una complejidad histórico y religiosa, hay una pedagogía que el dispositivo narrativo utiliza haciendo que cada uno de los personajes tenga su propia justificación de sus actos. La exterioridad es aquí fundamental y no hay momentos donde la historia descanse o aquiete. Lo cierto es que un insulto nimio frente a un arreglo en un sistema de desagüe pone frente a frente a dos hombres: un libanés y un palestino; la necesidad del pedido de disculpa y el crescendo social que terminará en juicio dejará bien desarrollado y explicado tanto los motivos psicológicos y familiares como los históricos y políticos de los personajes, incluido el enfrentamiento de dos generaciones de abogados entre padre e hija.

En ese sentido El insulto es una película que no presenta desafíos al espectador y su espiritu más didáctico que estético puede servir de ejemplo para las peliculas “raras” que Netflix elige para presentar a una audiencia algo más exigente.