Crítica de “Una felicidad posible”, de Mariela Ghenadenik

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Confieso que algunos libros me atraen por las tapas, y a veces operan en mí ciertos prejuicios que me hacen juzgar el contenido por lo que veo en la cubierta. En el caso de la novela de Mariela Ghenadenik, me pasó algo así. Postergué su lectura porque la tapa me parecía poco feliz y no me convocaba, sin embargo, me encontré con una historia que habla de nosotras, las mujeres; de lo que se espera que hagamos; de nuestros roles prefijados y de la necesidad de tomar el timón de nuestras propias vidas.

Lucía es cirujana, exitosa; tiene dos hijos mellizos, un marido que le da todos los gustos, un trabajo en la clínica privada del suegro. También es egoísta, y parece insensible: nada la conmueve ni siquiera su familia o sus amigos. Poco a poco, sin embargo, irá mostrando que esa es una coraza que se armó para no sufrir o, mejor dicho, para vivir la vida en piloto automático.

La historia de la protagonista despliega un sentido más profundo: la crítica hacia ciertas instituciones que ostentan el patriarcado: el matrimonio, la policía, el trabajo. Allí los hombres aprovechan su poder y lo demuestran arbitrariamente: Bruno, el marido de Lucía, exige una dulce y comprensiva compañera; el comisario corrupto y lascivo pide favores a cambio del silencio; Héctor, el suegro y dueño de la clínica, la humilla por su condición de mujer. En medio de todo esto, Lucía realiza un viaje para asistir al funeral del padre, y ahí comenzará a operar en ella un cambio importante: “En el fondo, todo lo que queremos es encontrar algún lugar donde no sea necesario fingir y podamos descansar un poco, ¿no?”, afirma ella en una de las confesiones que se hace a sí misma.

Una felicidad posible presenta muchos lugares comunes, es cierto, y hasta es esperable su final, lo que no quita que tenga muchos pasajes que se disfrutan, como algunas descripciones: “Pero es una lluvia linda en dos planos. En la ventana, las gotas caen precisas, después estallan en gotitas caóticas, se acumulan en uno de los vértices y se deslizan hasta el vidrio ubicado debajo para entre todas borronear el jardín. Las que no se ven empañan una porción del vidrio. Más lejos se forma un goteo de piano en el borde superior del ladrillo; no se sabe cuál será la próxima en caer, ni cuándo dejarán de tocar su cadencia muda”.

Otro de los aciertos de la novela es la caracterización de Lucía, hacia la cual los lectores y las lectoras experimentamos un sentimiento de amor/odio durante todo el texto. Y lo más importante, quizás, es que la autora se revela como una buena contadora de historias, lo que se suma a una escritura cuidada y a un cuestionamiento del lugar de la mujer en la sociedad.

Mariela Ghenadenik, Una felicidad posible, Del Nuevo Extremo, 2019, 224 págs.

Mariela Ghenadenik es licenciada en Ciencias de la Comunicación. Sus cuentos fueron premiados, y algunos de ellos publicados en antologías, suplementos culturales y revistas digitales. Su primera novela, Desde el aire (2012) fue finalista del Concurso Internacional de Novela Letra Sur y publicada en Nueva York.