Un mundo de indiferencia y decadencia en “Have We Met”, lo nuevo de Destroyer

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Dan Bejar, uno de los genios más insoportables del momento, presenta su propia música como un misterio que hay que resolver. Pasando de influencias de rock glam a electrónica MIDI a su última fascinación, la música sophisti-pop refinada y jazzera de los 80, Destroyer utiliza esas influencias como cortinas de fondo, aprovechando las familiaridades de tonos e instrumentación, para generar laberintos inagotables de lírica obtusa y retorcida, con frases y referencias siendo dadas vuelta sin tón ni són, formando una barricada de palabras que parecen querer construir… algo.

Ese algo queda a la interpretación de cada oyente, pero si Destroyer ha querido tratar de palpar un sentimiento a través de su historia, es el querer (e incluso tal vez el deber) de un artista de tratar y fallar de plasmar todo lo que puede sentir y recordar, dejando que el significado de sus palabras se esfume parcialmente queriendo tocar lo sublime e imponente que es el mundo, sea lo que sea que está queriendo transmitir. Destroyer siempre quiso romper esa barrera, sabiendo que nunca podrá realmente , que siempre habrá una desconexión entre lo que intenta decir y cómo esto es recibido por el resto de la sociedad (la llamada circulación en el ámbito semiótico), y últimamente su compositor y músico principal, Dan Bejar, se ha enfocado en el dolor y el peso artístico que estas barreras les da a les artistas, sobre todo en un mundo en el que aparentemente nadie quiere escuchar lo que estes tienen para decir. Es música apagada y frustrada cuando se encuentra con la indiferencia del mundo.

Have We Met utiliza un recurso ya recurrente para Destroyer, la ambientación basada en los 80 que, aunque no busca las melodías y arreglos alegres y explosivos de la época, encuentra muy finamente sus tonos más templados y corrientes; que sean lo suficientemente familiar para adentrar al oyente, pero basados en grooves desconcertantes, demasiado ambiguos y chatos para que se ponga demasiado cómode. Entre pianos claramente siendo tocados por teclados, baterías 808, y guitarras salidas de demos perdidos de Bruce Springsteen (pero sin esa vista al horizonte), la atmósfera recuerda a los arreglos lounge de una banda como Sade, pero que transcurren en un ambiente demasiado frío, demasiado estático, como si la música tuviese un centro que en algún punto estuvo lleno de vida, pero ahora se encuentra vacío, y sólo se pueden sentir los bordes. Esto es música alejada y desafectada, incluso en sus momentos más vibrantes. Y Dan Bejar, el guía de este desierto de pasiones, concibe una performance vocal peculiar, que puede invocar a los momentos más áridos de Neil Tennant de los Pet Shop Boys. Le da a su voz algún pequeño asombro hacia lo que ve, algo de sorpresa, pero que no puede evitar dejar algo atrás, llenando esos pequeños parpadeos de luz con melancolía y amargura.

Esa amargura es lo que lleva al resto del disco a sus conclusiones naturales. Bejar aquí no puede dejar de captar un terror cotidiano en el que nadie puede del todo salir. Como describe en la majestuosa apertura que es “Crimson Tide”, es uno en el que las pasiones son dejadas de lado (pero no del todo, ya que nadie puede deshacerse de ellas) por cheques y momentos de gloria, no importa a qué costo, en el que se acorta todo lo importante y todo está en decadencia, pero nadie logra notarlo (“Abres tu boca para ver tus dientes estremecer/En el espejo, en el desorden”), en el que todo de valor se termina perdiendo y volver a encontrarlo es una tarea sin fin. Describe la promesa de sexo en “Kinda Dark” como una fría y sin importancia, en el que se mira todo con una indiferencia penetrante, cortando con el deseo. Los errores humanos y la necesidad de decir algo a través del arte son puestos como redundantes y perdidos en canciones como “The Television Music Supervisor”, en el que todo tipo de arte es percibido como lo mismo, sin matices que importen o que impulsen a alguien a realizar algún tipo de cambio; rebeldes gritando al vacío. “Sólo mira al mundo alrededor tuyo/Pensándolo de nuevo, no, no mires”.

Y este es el punto en el que debería decir algo como “Y sin embargo, no todo es tan oscuro como suena”, para cortar con la idea de que este disco es puro pesimismo. Y aunque eso es cierto – Have We Met logra un balance típico de Destroyer entre su visión cruda del mundo y un sentido de humor literario, riéndose de todo lo que se está perdiendo y lo que no puede captar en palabras – de todas formas este disco no se aleja de lo feo y frustrante que es su mera existencia. Deja de lado (aunque sin despreciar) las maneras superficiales y pasajeras como la creación de arte para poder atravesar el trauma de la vida en “Cue Synthesizer” e incluso “Crimson Tide” (“Un niño canta palabras dulces a una caja de distorsión/No es un niño, tiene 25, nunca se sintió tan vivo”), y nunca deja de recordar el por qué nosotres soportamos lo que tenemos que soportar. Tal vez el juego está ya arreglado, dándole ventaja a los poderosos y dejando a los demás con nada (“Trepas los muros y estás hecho de hilo”), disuadiendo a cualquiera de querer siquiera jugar en primer lugar; pero como dice en “University Hill”, una fortaleza de soledad no es nada cuando te enfrentas al olvido. El impulso de poder encontrar algún tipo de conexión no está completamente ido, pero está entrecortado por la indiferencia de todo, y por lo efímeras e insignificantes que esas conexiones con otros pueden, y mayormente, son. Destroyer se fija en las pequeñas euforias y el efecto (o mayormente no efecto) que tienen dentro de todo, a tal punto que ni siquiera ñla música puede alejarse demasiado. Se pinta un mundo en el que dejamos que lo que amamos nos destroce y aprisione.

No será el disco más optimista para estos tiempos, aunque ciertamente no es el más oscuro. Ni siquiera es la escucha más obtusa en la discografía de Destroyer, ya que los sonidos son lo suficientemente invitantes para que une oyente común pueda al menos poner esto como música de fondo. Pero esa tranquilidad vacía es la que se propone a criticar Have We Met, con suficiente fuerza en el lirismo para hacer asumir al resto del mundo la responsabilidad debida por el desastre que han cometido, pero con suficiente auto-conciencia para darse cuenta de su propia contribución en dicho desastre. “Encuentro el silencio insoportable/¿Qué dirá eso sobre el silencio?”, recita Bejar en “It Just Doesn’t Happen”, y esa actitud de tratar de buscar algo a lo que aferrarse es el espíritu efímero y sofocado en el que residen los tenues momentos de luz encontrados aquí. Si la música de Destroyer es un laberinto, aquí no le importa perderse en él, tal vez porque no confía del todo en lo que puede encontrar al llegar a la salida – aunque la intriga sobre lo que hay afuera persiste.

Spotify: https://open.spotify.com/album/3quNG7I59IYGauZ9Tn7Iyk

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/have-we-met/1482400387