Max Von Sydow: el rostro del cine

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Una pequeña controversia se produjo cuando algunos medios publicaron la necrológica del intérprete sueco, citándolo como “un reconocido actor” de la serie de HBO Games of Thrones.  Abriendo un poco el círculo, otros mencionaron su trabajo en El exorcista. Puristas del cine saltaron prontamente a mencionar las películas que el alto, rubio y longevo artista filmó con Ingmar Bergman o en el cine europeo.

Lo cierto es que Max fue una figura de gran presencia en el cine desde la segunda mitad del siglo pasado. Y también, que, como tantos artistas de prestigio, no tuvo inconveniente en aparecer en películas como Heidi, aun cuando ya era una especie de tótem, ícono del cine de su país, a quien podían convocar directores como Woody Allen, Dario Argento, Billy August, Win Wenders o Lars Von Trier. También Scorsese, Spielberg y Ridley Scott.

Como Bergman, fue de esos artistas que combinaron por igual la actuación descollante en teatro y en cine. No fue ese el único punto de coincidencia que los acercó, ya que ambos eran hijos de educadores.

Con Alf Sjöberg participó del que sería un descubrimiento internacional del cine escandinavo de postguerra. Después, en Malmö se conocieron con Bergman, naciendo una colaboración que lo haría conocido internacionalmente por el público cinéfilo (como el argentino), a partir de su inolvidable papel en El séptimo sello. El rostro (o El mago) también lo vio protagonista y en los salas de arte porteñas pudo darse la particularidad de ver en  un mismo programa La fuente de la doncella y Detrás de un vidrio oscuro, ambas protagonizadas por él y a las que sumó el tallado de su máscara y la sobriedad de su actuación. Con el correr de la década de 1960, se convertiría en lo que entonces podía decirse “un actor internacional”, pero igualmente siguió apareciendo en títulos bergmanianos posteriores como Vergüenza o La hora del Lobo.

Una vez que se decidió a cruzar el Atlántico Norte, su aspecto severo le valió papeles de personajes a veces mayores que el de su edad real, como el citado sacerdote exorcista del smash hit de los setentas, el increíble emperador Ming en Flash Gordon, el antagonista del último James Bond de Sean Connery, un oficial nazi en Escape a la Victoria,hasta llegar a nuestros días con el séptimo episodio de Star Wars, saga de la que Sir Alec Guinness fue el primer visionario actor de prestigio en participar.

Para compensar el tema de las edades reales y aparentes, había debutado en Hollywood cargando con la cruz de interpretar a Jesús en La historia más grande jamás contada.

Lo cierto es que más allá de todas esas peripecias, el nombre y el rostro de Von Sydow quedó y quedará inseparable por supuesto del cine bergmaniano como también del cine universal.  Su partida de ajedrez y su confesionario con la Muerte (el nombre del actor se llamó Beng Ekerot), forman parte de los íconos más fuertes, inquietantes y citados de la historia. Su actuación contenida, bajo la dirección del Maestro, lo convirtieron en inolvidable.

Hoy cuando vemos al actor coreano del sur Song Kang-ho en películas como Parásitos y otras de Bong Joon-ho imaginamos cuándo será el momento de que sea convocado por Hollywood para aparecer como mafioso oriental o algo así. Es un camino recorrido por muchos a lo largo de la larga historia de la aquí bien llamada meca del cine.

Pocos llegan a los noventa años, siendo partícipes de un éxito mundial vigente como GOT.