Crítica de “Brujas. La potencia indómita de las mujeres”, de Mona Chollet

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Mona Chollet plantea que la historia de las brujas es la historia de una autonomía y de los intentos para aniquilarla. En este sentido la bruja “encarna a la mujer liberada de todas las dominaciones, de todas las limitaciones; es un ideal hacia el que tender, ella muestra el camino”.

El libro es un extenso ensayo que analiza la figura de la bruja desde los comienzos de la historia: es evidente que las tres religiones patriarcales, el judaísmo, el cristianismo y el Islam, heredaron el mito de la mujer asociada al mal, por ejemplo, Eva y la manzana.

A pesar de estar relacionadas con la Inquisición, las brujas nacieron mucho antes. Tenían varios saberes: conocían de plantas, hierbas, animales; y tenían conocimientos de astronomía y de medicina; eran, además, grandes narradoras, pero sobre todas las cosas eran, por lo general, mujeres que ejercían su derecho a elegir. Las brujas, sin embargo, encarnan el terror. ¿Terror para quién? Para los hombres, para quienes ellas representan un peligro porque son las que no renuncian al goce de sí mismas, ni ceden su autonomía. Y ya sabemos que una mujer autónoma asusta.

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El libro se organiza en torno a tres prohibiciones de ciertos deseos asociados a las brujas: el deseo de no tener hijxs (el texto utiliza el lenguaje inclusivo de una manera perfecta y no invasiva); el deseo de no tener una compañía que “complete” la existencia; el deseo de envejecer (y en este sentido el rechazar el culto a la juventud permanente); y el deseo de rechazar la división heterosexual del trabajo. Mona Chollet hace un análisis exhaustivo de cada uno de ellos, no solo respaldándose en una completísima bibliografía, sino también recurriendo a películas infantiles y para adultos, series televisivas, entrevistas, publicidades, libros. Ella parte de dos representaciones de la bruja que recuerda en su infancia. Una es Blancanieves, de Walt Disney, “con los cabellos grises deshilachados bajo su capucha negra, la nariz ganchuda adornada con una verruga, el gesto imbécil que dejaba ver un único diente clavado en medio de la mandíbula inferior y las cejas espesas bajo unos ojos extraviados que acentuaban aún más su expresión maléfica”. La otra es Floppy Le Redoux, su favorita, que aparece en una novela sueca, Los hijos del vidriero, de María Gripe. Floppy vivía en un lugar apacible y hermoso, “salía siempre envuelta en una capa amplia de color azul profundo, cuya larga cola, chasqueando al viento, hacía flop-flop. Se peinaba con un extraño sombrero cuyas alas flexibles estaban repletas de flores que caían desde el alto casquete violeta adornado con mariposas”. Lo que la autora viene a decirnos a partir de estas descripciones y de todo el libro es que las representaciones de las brujas fueron formando nuestra sociedad y contribuyeron a modelar el mundo en el que vivimos; son fruto del patriarcado, y esas cazas de brujas que vemos tan lejanas se enlazan con prácticas y comportamientos de este presente que transitamos.

A pesar de la gran cantidad de conocimientos que maneja y exhibe Chollet, el libro ofrece una lectura que atrapa y que, sobre todo, nos hace pensar muchísimo sobre los mecanismos de opresión que se ejercieron y se ejercen sobre nosotras. Después de todo, como ella afirma, “no parece difícil deducir que las cazas de brujas fueron una guerra contra las mujeres”. La propuesta sería entonces “poner el mundo al revés”, “un mundo en el que la libre alegría de nuestros cuerpos y espíritus no sea ya asimilada a un sabbat infernal”.

Mona Chollet, Brujas. La potencia indómita de las mujeres, Hekht Libros, 2019, 232 págs.

Mona Chollet nació en Suiza, vive en Francia y es feminista. Estudió Letras en Ginebra y Periodismo en París. Entre sus varios libros están En casa. Una odisea del espacio femenino (2017) y Belleza facial (2019), ambos traducidos al castellano.