Crítica de “Qué azul que es ese mar”, de Eleonora Comelli

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Esta es una puesta que tiene mucho de experimentación con el lenguaje visual, el componente poético, y el lenguaje del cuerpo. En primera instancia, el espectador asiste al video casero de Ana y Héctor, que los muestra a ellos a lo largo de los años vacacionando en un crucero o en la playa (se parte de la década de los sesenta y se llega hasta los noventa). Podría ser el inicio de un biodrama, pero no, la obra adopta un camino diferente. Cuando termina el filme, aparecen dos parejas: una de bailarines de edad mayor y otra joven. La pareja joven es un reflejo de la más grande. Son como una imagen espejada de quienes alguna vez han sido. ¿Acaso fantasmas, acaso parte de la memoria?

Esta pieza con cuatro bailarines es un trabajo coreográfico impecable que nos lleva por variadas sensaciones y nos hace pensar que los recuerdos y la nostalgia también pueden dibujarse con el cuerpo. Cuando uno mira hacia atrás, los personajes parecen ingenuos. La vida misma puede ser una obra de arte, porque a veces basta hurgar en el pasado para encontrar el rico material que cada ser humano acumula de experiencias vividas.

Esta es la historia de una pareja, que podría ser cualquier pareja. Los cuerpos son más que elocuentes: se acarician, se desean, se rechazan, se agreden, se reconcilian. Por momentos las parejas se intercambian y quedan entrelazadas la juventud y la vejez en un juego de recuerdos e imaginación.

La coreógrafa Eleonora Comelli (que muchos conocerán por El hombre que perdió su sombra) nos entrega aquí un trabajo hermoso donde apuesta a las emociones genuinas, a las que anidan en el corazón. La inclusión de los bailarines de más de setenta años resulta un claro acierto, ya que es poco común verlos en el escenario.

Cuando ingresé a la sala, francamente, no sabía lo que encontraría. ¿Sería un video, una obra de teatro, una obra de danza, una performance? Por suerte, Que azul que es ese mar resultó ser una armoniosa combinación de todo aquello y no decepcionó. La participación de los intérpretes: Agustina Annan, Roberto Dimitrievich, Stella Maris Isoldi, Gerardo Merlo es realmente destacable.  La música original es de Ulises Conti, la realización audiovisual, de Pablo Pintor y la escenografía de Paula Molina. Todos ellos contribuyen a que el trabajo adopte una singularidad que lo hace único. Con algo de vintage y algo de kitsch, el espectador irá viajando a través del tiempo, perdiéndose en ese mar que la obra propone como una oportunidad de sumergirse en el inconsciente de cada uno. Descubriendo que a veces la sola mirada puede convertirse en un acto creativo.

Ficha artístico-técnica

Idea: Eleonora Comelli; Intérpretes: Agustina Annan, Roberto Dimitrievich, Stella Maris Isoldi, Gerardo Merlo; Escenografía: Paula Molina; Iluminación: Ricardo Sica; Diseño sonoro: Ulises Conti; Realización Audiovisual: Pablo Pintor; Música original: Ulises Conti; Fotografía: Oscar Pintor; Asistencia de escenas: Mercedes Escarutti; Producción general: Eleonora Comelli; Colaboración creativa: Pablo Pintor; Dirección: Eleonora Comelli

Dumont 4040: Santos Dumont 4040, CABA; Teléfonos: 1128773182; Entrada: $400,00 / $350,00 – Miércoles – 20:30 h – hasta el 18/03/2020