Lecturas para el verano: “Paisaje agrario”, Héctor Prahim

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    Un cuento de Héctor Prahim en Lecturas para el verano.

    Paisaje agrario

    En el asiento del acompañante lleva un paquete atado con un moño, son los rollers que Katerina le viene pidiendo hace más de un año. Los compró a la mañana, en el hipermercado donde trabaja su prima. “Lottar”, le dijo cuando lo llamó por teléfono, “hay un 50 por ciento de descuento en comida para perros, galletitas y juguetes” Apoya el codo en la ventanilla. Levanta el mentón. Va camino a su casa. Tiene la camioneta cargada con garrafas vacías. Es sábado y la humedad, a pesar del ventiladorcito, hace que se le pegue en la piel el aire con olor a cebo de las curtiembres. Estira la mano y prende la radio, mueve el dial, deja en una emisora, pasan Periódico de ayer de Héctor Lavoe. De pronto, se le cierra la garganta. Esa es la misma canción con la que sacó a bailar a Maarja cuando la conoció. Luego vino el viaje de mochileros hasta los geoglifos de Nazca, y luego las postulaciones por Internet como voluntarios para la travesía a Marte sin retorno, entre personas que ya no querían saber nada con este mundo. Periódico de ayer, la misma canciónque Maarja aseguró no soportar más un poco antes del último tiempo, cuando una a una las canciones de Carla Bruni se le fueron haciendo carne y llegó la estabilidad pasajera, y Katerina, y algunas incursiones ambientalistas para salvar el planeta, y atrás quedaron las nieves estelares sin pisar y las flores de invernadero marciano. Mucho antes de que el Costa Concordia escorara en la noche, con nostalgia, al otro lado del mundo, y vajillas, mesas y sillas se fueran de costado, de derecha a izquierda, como los gritos de pánico que fueron tapados por el crujido del hierro cuando el navío terminó parcialmente sumergido en aguas cálidas. Y después, alguien cercano recomendara, para cuando la situación económica mejorara, un viaje en un crucero imponente y hermoso para recomponer la relación. Pero claro, no hubo crucero, ni mejoras económicas, y se separaron sin tregua, pero siguieron compartiendo el pan y el Alplax, el techo y el sabor amargo de los buenos recuerdos. Ahora Lottar se detiene delante de un semáforo. Golpea con un dedo el reloj de pulsera que está agarrado al volante. Pela un caramelo y se lo mete a la boca. Al menos ya dejó atrás el olor a cebo y los días sin ánimo para levantarse de la cama. No siempre tuvo el privilegio de un ventiladorcito como este que le suelta algo de aire en la cara, ni de llevarse el vehículo por lo que queda de fin de semana. Estuvo bastante tiempo sin trabajo. Hasta que encontró un puesto de sereno en un supermercado chino. Le dejaban una radio, una 22 mm con la numeración limada y un handy defectuoso que solo emitía ruido blanco. La mafia china protegía el local de las otras mafias chinas, no de los delincuentes comunes, eso le tocaba a él, vigilar toda la noche rogando que a ningún loco se le diera por levantar la persiana. Finalmente lo llamaron para hacer el reparto de gas envasado en barrios de viviendas subvencionadas, y en zonas donde cada vez era mayor el número de gente que no podía pagar los aumentos y abandonaban, de forma transitoria, el gas natural. “Está parcialmente nublado y húmedo” dicen en la radio tras una tanda informativa y continúan con Héctor Lavoe, ahora se chamusca la garganta en algún lugar del cielo con El día de mi suerte. Lottar mira ese mismo cielo plomizo a través del parabrisas. Tantea el paquete con los rollers, sonríe. No va a llover, eso es seguro, al menos ya no lloverá ácido sobre el paisaje agrario de su cerebro, ni el de Katerina, ni el de Maarja, aunque seguirá así de nublado.

    Héctor Prahim nació en Tucumán. Sus relatos han sido publicados en antologías, en diarios nacionales e internacionales. Colabora con las revistas: Casa de las Américas, Muu + Artes & Letras, Solo Tempestad, Dos Disparos Magazine, Chile, Almiar, Margen Cero, España, y El Narratorio, narrativa hispanoamericana. Ha recibido más de una decena de premios entre los que destacan: Premio Casa de las Américas 2018, por el libro El pabellón de los animales domésticos, publicado por Indómita Luz editora. Premio Yo te cuento Buenos Aires Oro 2018, Legislatura Porteña, Premio Gabriel Aresti 2017 Bilbao, España, Premio de Relatos Barracas al Sud 2018, Premio Municipal de Relatos Manuel Mujica Láinez 2014, y Premio de Narración Breve de la UNED.