Netflix: The drug king, de Woo Ming-ho: furor por el cine coreano

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Debo confesar que mi algoritmo tira para el lado del cine coreano. Una banda generosa con propuestas de sus ultimas producciones asomó hace unos días en las listas de la plataforma de las plataformas. Permite asomar a títulos anteriores (vi otra vez la magistral The host película de 2006 del director de Parasite) y algunos más nuevos, como Alta sociedad, interesante retrato del mundo del arte sobre el acceso y mantenimiento de ciertos sectores medios a la clase alta, temas que redundan sobre todo en los altos costos en torno a la dignidad humana y laboral.

The drug king está basada en la historia de Lee Doo-sam (Lee Hwang-soon), un traficante de diamantes que comienza a producir y vender a Japón droga cristal, durante la década del 70, y se convierte en un poderoso narco de la ciudad de Busan al sur de Corea del Sur. Los años políticos de los 70 aparecen consignados rápidamente, y tal vez escapan sus detalles a un publico que no conoce esa historia.

El argumento describe (tal vez algo largo en el medio) la cima del poder y el dinero a un hombre de familia que quiere salir adelante involucrándose en situaciones no muy santas. Su hermana, su primo, su mujer y sus hijos forman parte de ese mundo que dominan la primera parte del relato. Otra constante del cine coreano: el microuniverso familiar, de pequeños espacios atiborrados de cosas, que contiene algo de esa cotidianidad que puede atrapar también al espectador occidental. La pintura de esos seres tiene un interés que roza lo pintoresco.

El aprendizaje sobre la cocción de la droga y los secretos del transporte se le presentan al protagonista no sin dificultades. Una de las mejores escenas: el acceso del protagonista a un capo de la droga en un rico hotel de Osaka atravesando decenas de asesinos con cuchillos.

Este cine coreano no deja de ser un ejemplo más de la máquina clásica. Su funcionamiento aloja un aparato comprensivo y sin secretos formales: la historia es atrapante, el despliegue individual de su carismático protagonista lo lleva de menor a mayor y el desenlace final tiene mucho de Scarface. Todo el vigor está colocado en el despliegue del actor, omnipresente a lo largo de las mas de dos horas, que ya ha logrado fama internacional con Parasite. Este no se zambulle en cocaína sino en dinero que para el caso viene a ser más o menos lo mismo.

Un buen entretenimiento que no deja de tener su toque de exotismo.