Netflix: Crítica de 37 segundos / 37 sekanzu de Hikari

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El film japonés 37 segundos que estrenó el viernes pasado en Netflix viene de pasar por varios festivales entre los cuales Toronto, Tokyo y Berlín, donde compite por la mejor ópera prima, son los más importantes. Su directora, Hikari (sí es directora mujer) estudió en California en la Escuela USC School of Cinematic Arts) y vive en EEUU hace varios años

37 segundos es varias películas en una; al principio, un documental que registra la vida cotidiana de una joven de 23 años con parálisis cerebral, moviéndose por la ciudad en una silla de rueda eléctrica: el transporte público (interesante los vagones exclusivos para mujeres en el tren), su oficina, su casa, su madre. Luego, una película sobre la industria del manga y una artista (Yuma, la protagonista) que es explotada por su exitosa prima youtuber, quien se lleva todo el mérito firmando el material que hace la joven Yuma. También es una película sobre los modos de encarar la sexualidad en la discapacidad. Luego un melodrama familiar.

No hay problema con eso, Hikari va imponiendo un tono que va salvando las dificultades y las frustraciones con pragmatismo; Yuma quiere ser independiente y la entrevista de trabajo con una editora de manga erótico, la lleva a buscar experiencias sexuales de las que sacará otros aprendizajes. El encuentro con un acompañante sexual está respetuosamente tratado. Es que 37 segundos no tiene morbo ni desmesura, ni hay conmiseración y eso se aprecia. Algunos pocos momentos de animación, como si fueran toques preciosos a descubrir en un film fundamentalmente realista le dan esa pertenencia a la tradición del dibujo japonés.

El personaje de Yuma es interpretado por la joven Mei Kayama, una joven que realmente sufrió de parálisis cerebral, y fue elegida luego de una ardua búsqueda a través de distintas organizaciones de discapacidad. Esto da a la historia una veracidad fresca y potente.

Pese a que es una película con una protagonista con discapacidad motora, esto no es lo más importante. Yuma quiere tener los sueños que tienen las personas normales, sólo que necesita conocer las maneras de llevarlos a cabo. Es apartada, rechazada e invisibilizada pero en el camino siempre aparece gente que ella conoce y que la ayudan; se supone que la ayuda es algo que ella necesita, pero hay algo que también se da a la inversa, coa que termina siendo el gran aprendizaje de una película entrañable.