Crítica de Judy, de Rupert Goold

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En realidad, podríamos empezar diciendo que esta película, antes que de su director, es de su actriz: una gigantesca Renée Zellweger en una actuación tan difícil como pronunciar su nombre.

Igual que en la reciente Stan y Ollie, el tiempo de la historia se concentra en la gira que Judy Garland hace por Inglaterra en 1968, hacia los últimos años de su vida. En pleno Brexit no parece un dato menor este acento puesto en estos finales de carreras de las estrellas del cine clásico de Hollywood buscando rememorar en el otro lado del océano un éxito ya ido y, sobre todo, recaudar los últimos dólares de sus carreras. Judy tiene una motivación especial: recuperar la tenencia de sus pequeños hijos, Lorna y a Joey hijos de su matrimonio con Sidney Luft. Sin casa y sin trabajo irá a buscar Judy en Inglaterra esa luz de esperanza. También en Rocketmann, biopic de Elton John que ve nacer al ídolo de la canción, Inglaterra es el escenario y también y la potencia está reservada en la actuación de sus protagonistas.

Con algunos flashback hacia el plateau de filmación de El mago de Oz la película que la consagra, Judy que despliega una crítica feroz sobre esa maquinaria fagocitadora de actores y actrices niños, no es una gran película pero si es el marco correcto para que su actriz logre representar con enorme dignidad a icono de la pantalla que fue Judy Garland, joven todavía, pero con todo el aspecto de una mujer mayor, adicta a los barbitúricos desde pequeña, con alteraciones de sueño y de alimentación, dulce, perdida, maternal, irresponsable, que despliega toda su vitalidad solo en el escenario cuando canta las canciones de su repertorio, incluida la emotiva Somewhere over de window

Hay que decirlo: con su cuerpo delgado, sus gestos contenidos siempre para agradar, pero que trasuntan un dolor antiguo y duradero, lindante pocas veces con la felicidad, esta Judy de Rene Zellweger, logra llegar a lo más alto del arcoiris, así que no se la pierdan.