Crítica de “Chau chau chau”, de Florencia Gómez García

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La protagonista y su mamá ganan un departamento amueblado en Puerto Madero después de meter un gol al Chila en el programa de Marcelo. Sin embargo, el premio parece, como todo lo que ofrece la televisión, una ilusión o un decorado de utilería; una parodia encarnada en el detrás de escena donde todo es falso y nada glamoroso.

La novela está ambientada en el 2001, en plena crisis económica y social; con referencias a la música que se escuchaba, como “Caraluna” de los Bacilos, o los programas de moda, como Hola Susana y el Gran Hermano. Los personajes, en su mayoría, son sobrevivientes que pertenecen a una clase media baja o, con suerte, a una un poco más alta que puede aspirar a tener una casa con pileta o darse el gusto de alguna fiesta cada tanto. La protagonista, una chica de Flores e hija de padres separados, se las rebusca como puede y para el cumpleaños de su papá, por ejemplo, se pone “el jean que había heredado de Macarena”, unos collares prestados, y se perfuma con unas muestras gratis. Todo está narrado desde la mirada de esta adolescente que se despierta al sexo, se enamora y se desenamora, se lleva todas las materias, y vive de cerca experiencias fuertes como la droga, el aborto y el suicidio. En ningún capítulo, además, falta el humor, como cuando ella se encuentra con la rectora de la escuela en un local de lencería erótica, y a los tres días, esta le “regala” dos faltas más para que no se lo cuente a nadie.

Uno de los hallazgos del texto es la elección de la primera persona que tiñe todos los hechos de la inocencia de esta chica que cuenta su historia, lo que deviene en una novela de aprendizaje donde los personajes crecen a partir del contacto con el otro, con sus experiencias, con la empatía o la sororidad que nace entre ellos y ellas. Todos tienen alguna carencia, se preocupan, se enojan con la vida, pero después siguen adelante y confían.

Florencia Gómez García logra muy bien esa unión entre el humor y la parodia, la ternura y el drama. De esa mezcla surge un estilo muy particular que se traduce en escenas breves, con descripciones en las que también hay lugar para la poesía: “Yo empecé a llorar como él y aprovechamos el envión para llorar de verdad. Para llorar lo que teníamos pegado en los pulmones y no se nos salía, para sacar lo que ni siquiera sabíamos que estaba. Para sacar esa hambre que teníamos en el pecho, que en realidad era angustia”.

Chau chau chau es la primera novela de la autora y resultó seleccionada por la Bienal Arte Joven 2019. Es, además, un prometedor primer texto, en el que detrás del humor subyace una pintura acertada de ciertos estereotipos de nuestra Buenos Aires.

Florencia Gómez García, Chau chau chau, Conejos, 2019, 136 págs.