Lecturas para el verano: “Laura y el sol”, Valentina Vidal

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Termina enero y siguen las lecturas. Hoy compartimos un cuento de Valentina Vidal.

Laura y el sol

Tenés olor a sol, dice él, mientras con el dedo índice le acomoda un bretel del vestido. Ella lo agarra del cuello y se estremece. Piensa que el cuello es el único lugar que guarda cierta ingenuidad, cierta ausencia de máscaras y eso le hace correr un torrente eléctrico por el cuerpo. Laura le revuelve el pelo de la nuca, lo suelta y se va hacia la cocina. Me gustan tus marcas, dice él. ¿Cuáles? pregunta Laura. Las de la malla, responde. Laura sonríe y abre la heladera. Vuelve con una cerveza fría y dos vasos empañados. Lo mira un poco, no mucho. Beben un trago largo y encienden un cigarrillo cada uno. Me gusta como fumas, dice Laura. El humo sale con formas blancas y ondulantes, pero se quedan sostenidas. Es como si estuviéramos en el espacio exterior y vos y yo saliéramos a fumar sin escafandras. Él las disipa con la mano y se mueve lento, como cuando los chicos juegan a flotar. Laura se ríe y él la mira y con su mirada bucea hasta la corteza cerebral de Laura y puede ver que, en el péndulo de sus dudas, en el remolino de las preguntas y en la confusión que deja a veces la verdad, lleva su nombre clavado como una estaca en un paréntesis entre dos nadas. A Laura se le desliza el vaso después de tomar otro trago de cerveza. Lo atrapa antes de que se caiga. Los dedos le quedan mojados y le dibuja una cruz en la frente. Eso es con vino, dice él. ¿La suerte?, pregunta Laura. No, lo que me querés decir, te va a salir mejor con vino. Laura apaga el cigarrillo. La colilla quema otra colilla y se produce un olor insufrible. Te quiero desvestir, el resto es superponer información, dice Laura. Él recorre los huecos de su clavícula. Observa detenidamente el lunar que asoma desde el borde del escote. Le pregunta si todos los demás habrán reparado en ese lunar. Laura se sienta arriba de él. Lo besa, lo envuelve con sus piernas y él recuerda aquella vez en que casi se deja llevar por la marea arriba de un velero destartalado después de la siesta y el calor. Laura se mete por su boca, lo desarma, lo recupera y lo vuelve a desarmar. Él le agarra la cara con las manos y la acerca hasta su respiración. Ella se vuelve dócil, como si el calor le aflojara los músculos y la voluntad. Él le dice algo al oído, los dos se ríen y se caen de la silla. El impacto es suave y los deja de espaldas contra el suelo. Laura mira el cielo raso y dice que los techos de unos son los pisos de otros. ¿Y las terrazas?, pregunta él. Laura se ríe y le dice que las terrazas son tristes porque todo se vuelve intocable y lejano. Él le agarra la mano y acomoda cada uno de sus dedos por entre los de Laura, mientras miran los cables encintados en el hueco de luz de los inquilinos anteriores.

Valentina Vidal nació en Buenos Aires, y es escritora y música. Publicó su primer libro de cuentos, Fondo Blanco (Llanto de Mudo ediciones), en 2013, y varios de sus relatos fueron publicados en diversas antologías. Recibió una mención de honor en el concurso Floreal Gorini 2015 por “Rojo California” (Centro Cultural de la Cooperación). Coordina y realiza talleres de lectura y escritura. Es jefa de redacción de la página web de reseñas Solo Tempestad. Fuerza magnética es su primera novela (Tusquets, 2019).