Iggy Pop no logra encontrarse en su regreso jazzero, ‘Free’

0
48

Un artista como Iggy Pop es uno difícil de categorizar. Cuando uno analiza sus mayores contribuciones a la música popular, que serían su tiempo con los Stooges y sus discos seminales de 1977 (The Idiot y Lust for Life), al ver estas obras maravillosas e invaluables que lo posicionan como pionero de no solo el proto-punk si no también del post-punk, uno puede ver que Iggy, aunque es y siempre ha sido un gran intérprete, no necesariamente ha sido un gran compositor o músico. O al menos, no lo ha sido a menos que tenga a Ron Asheton, James Williamson o David Bowie tomándole la mano, como sus mayores obras lo han hecho. Es esta razón por la cual su discografía post-1977 ha sido mayormente ignorada hasta que, en el 2016, hizo su regreso inesperado en Post Pop Depression, un disco de rock sólido y entretenido, producido y co-escrito por Josh Homme de Queens of the Stone Age, que le dio su mayor éxito comercial y crítico en casi 4 décadas.

Ese disco tranquilamente se podría haber leído como una despedida, un hombre con pocos arrepentimientos y pasándole su vasta experiencia a la juventud, mostrando como su magnífica excentricidad todavía estaba intacta, y, si la furia del cierre “Paraguay” indicaba, cómo la vejez no implicaba apagarse, terminando el disco con un discurso violento y molesto, mandando al mundo a la mierda una vez más. Hubiese sido un final poético y apropiado para su larga carrera. Sin embargo, aquí está una vez más, en Free, en la que vuelve a reclutar a otros para que jueguen el rol de escritores. En este caso, llama al trompetista de jazz Leron Thomas, que escribe casi por sí solo todo el disco, con Iggy solo co-escribiendo 2 de los 10 temas. Sin embargo, aunque sigue esa dinámica de sus mejores trabajos, por primera vez se siente que Iggy, tanto como compositor como intérprete, toma el asiento trasero y deja que otras personas hagan el trabajo por él.

Para ser justos con las contribuciones de Leron Thomas y amigos, la producción que le da al disco ciertamente es interesante y, por momentos, muy evocadora. La instrumentación la llena con tonos crujientes, con bajos poderosos, guitarras filosas pero esparcidas en la mezcla (lo que las hace más amenas), baterías agitadas, siempre en alerta. Temas como “Somali” o “Loves Missing” tienen tonos de teclados e instrumentos de viento oscuros, casi siniestros, que encajan con la portada del disco: un crepúsculo ambiguo, medio amable, medio temible. Sin embargo, el disco tiene un problema fatal: tiene muy buena producción usualmente en servicio de canciones incompletas y vacías en términos de composición. “James Bond”, el mejor tema del disco, funciona porque hay una base melódica consistente y atractiva, se logra formar un groove que atrapa. Pero a medida que Free avanza, Iggy y Leron deciden adentrarse más y más hacia el spoken word, la palabra hablada, a tal punto que los últimos 3 temas consisten en Iggy recitando pobremente sobre instrumentales demasiado escasos y dispersos para poder evocar algo. Poco a poco, el disco se cae a pedazos, y el crepúsculo misterioso que habíamos sido prometidos se convirtió en una noche insignificante y aburrida.

Y esto nos lleva al siguiente problema: Iggy Pop no logra comprender lo que Leron Thomas le da. Con la excepción de “James Bond” en donde encuentra lo más parecido a un tema convencional en todo el disco, las melodías (cuando las hay) se le escapan; se encuentra perdido en los momentos jazzeros de “Somali” que suenan influenciados por Blackstar, la despedida de su hermano de otra madre David Bowie; y cuando el disco baja la (ya poca) intensidad en la segunda mitad, Iggy se pierde en los arreglos. Y cuando tiene que recitar, no solo no logra transmitir el mensaje de los textos, si no que los textos en sí son malos. Con la excepción de “Do Not Go Gentle into That Good Night”, que consiste del poema eterno de Dylan Thomas, la poesía que se muestra es banal, no lleva a nada, por momentos es incoherente, y más. “We Are the People” sorprendentemente un poema de Lou Reed de 1970, no logra pintar ni esperanza ni desolación humana, parece más un boceto que otra cosa. “The Dawn”, en el que Iggy mira hacia el final que se le viene acercando, contiene ideas poderosas, pero está estructurado sin ninguna coherencia.

Y el peor de todos es “Dirty Sanchez”, un tema que empieza de manera excelente (un arreglo de trompetas conmovedor, como si estuviesen a punto de anunciar la noticia más peculiar de todas) hasta que de la nada entra Iggy a gritar como un viejo loco, encima de un arreglo forzado de llamada y respuesta en cada línea (como “Success”, pero horrible), en un quiebre de bronca que pasa de ser sobre los nuevos sistemas de esclavización a denunciar al mundo material, y luego a prostitutas, y luego al porno de una manera casi conspiratoria (y un poquito homofóbica), entre otras cosas. Es casi un tema recomendable por cómo cada línea es peor que la anterior. Un enchastre. El mensaje que quería transmitir se perdió hace mucho tiempo.

No obstante, hay que rescatar que, para este punto de su carrera, Iggy Pop está más que permitido hacer lo que tenga ganas de hacer. Free no es un disco destinado a ser una despedida de una leyenda del rock, si no más una manera de entretenimiento y ejercitación de sus talentos como intérprete más que otra cosa, y eso está perfecto. No significa que automáticamente se convierta en un disco agradable o digerible, más allá de algunos momentos efímeros, pero no vale la pena enojarse o decepcionarse por un disco que no aspira a mucho. Iggy todavía está, y eso es lo realmente importante.

Spotify: https://open.spotify.com/album/7BLKzTgaj5fHkNpSPGwjwh

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/free/1470217878