Fake News y Deep Fake, una oportunidad inestimable

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    ¡Agradezcamos la existencia de las Fake News y las Deep Fake! En vez de preocuparnos por la invasión de la información basura, deberíamos agradecer por la inestimable oportunidad que nos ofrecen. Qué mejor momento que el actual para aguzar el Criterio, para refinar nuestra capacidad de reflexión, para entrenarnos en diferenciar el trigo de la cizaña (y nunca mejor aplicado este dicho).

    Pero comencemos por el principio. ¿Qué son las Fake News y las Deep Fake? ¿Qué las diferencia? Bueno vamos a tratar de definirlas, aunque sea provisionalmente. Si bien las mentiras azarosas o intencionales son tan viejas como la comunicación, lo cierto es que con el auge de las nuevas tecnologías, su explosión ha sido exponencial. La posibilidad de usar diferentes canales de comunicación como teléfonos, correos, redes sociales o contenido en la web elevó a la potencia la capacidad de transmitir y retransmitir la información.

    Las Fake News, que en inglés quiere decir Noticias Falsas, son los viejos y conocidos rumores o chimentos pero con un formato tecnológico. Los rumores e infidencias son tan viejos como el lenguaje. Los antropólogos los han registrado tanto en sociedades cazadoras recolectoras como en sociedades industriales. Son ubícuos, un auténtico Universal de la Cultura, como el uso del fuego o el incesto (diría Levi Strauss).

    Las Noticias Falsas suelen tener una parte de certeza. No son un 100% invención, ya que ello le restaría credibilidad. Además suelen tener una intención, en muchos casos una mala intención, aunque hay unos pocos donde la piedad o la simple risa son el valor preponderante. Cuando los intereses se llevan a un extremo, como ocurre durante las guerras, las contiendas políticas o durante la actividad comercial dentro del capitalismo, las Fake News son un arma letal.

    Hay un tipo de Noticias Falsas a las que estamos muy acostumbrados y son las publicidades. Toda publicidad, gráfica, radial, televisiva o en internet, es claramente una Fake News, hay una parte de verdad, pero lo que prometen está siempre muy lejos de la realidad. Los Medios de Comunicación de Masas (Mass Media, como le dicen en inglés) son los campeones del sesgo y la mala información, donde su única guía son sus intereses políticos y económicos. Las Fake News son una de sus armas favoritas.

    Las Deep Fake (o Falsedad Profunda o Ultrtafalso como lo traducen algunos) son algo relativamente nuevo, pues requieren de cierta tecnología (Inteligencia Artificial). Si bien no son un invento de internet (hay casos históricos al respecto), lo cierto es que con la tecnología, se ha hecho mucho más fácil poder fabricarlas. Una Deep Fake no es más que tomar un hecho, un suceso y cambiar los protagonistas. Por ejemplo tomar un video de un político y hacerle decir cosas que nunca dijo; modificar mediante herramientas digitales tanto el movimiento de sus labios, como el discurso. O alterar una foto y agregar o eliminar personajes o sucesos. La tecnología digital permite dar un grado de realismo sorprendente a las imágenes.

    Claro que las tecnologías que general las Deep Fakes pueden usarse para el Arte y las expresiones estéticas. Las Artes Visuales podrían beneficiarse muchísimo, en sus aspectos técnicos, si incorporan estas tecnologías y de hecho ya lo están haciendo (aquí, un video que con algoritmos de aprendizaje, hacen hablar a la Mona Lisa o a Marilyn Monroe, entre otros). Hasta en películas como la saga de la Guerra de las Galaxias, se usaron estas técnicas. Pero el costado siniestro es indudable y la posibilidad real de su uso, con fines no artísticos, es escalofriante.

    Frente a este panorama nefasto, sólo nos queda afinar nuestros instrumentos de diferenciación entre la realidad y la fantasía, entre la verdad y la falsedad, entre el acierto y el error. Revisar nuestros métodos de verificación y usar el dispositivo racional que tenemos incorporado para analizar los datos. Y por supuesto tener un buen punto de partida, contar con una base sólida desde la que se va observar todo el proceso.

    El fundamento filosófico de toda investigación tiene que ser la certeza de que nunca se alcanzará la certeza. Partir de la base que el proceso es asintótico (nos acercamos cada vez más, pero nunca llegamos) y que nuestra mejor herramienta para acercarnos a la certeza, es encontrando el error. La ciencia (pero el principio se puede aplicar a cualquier ámbito) funciona por la negativa, probar que las hipótesis que sostenemos están equivocadas.

    Una buena idea, cuando se evalúa la certeza de una información, es ponderar su probabilidad de ocurrencia. Si el suceso es muy improbable, baja rápidamente la posibilidad de que sea cierto. Si nos enteramos que un meteorito está por chocar con la Tierra con consecuencias catastróficas, las chances de que sea cierto son muy bajas, la última vez que ocurrió fue hace 65 millones de años, no es muy frecuente el suceso. Una probabilidad es conceptualmente, algo muy simple. Son los casos favorables (donde efectivamente ocurrieron los sucesos) divididos por los casos posibles.

    Una herramienta, que no es lógica ni de consistencia interna, pero que evidentemente sirve como argumento contextual, es verificar la fuente de donde emana la información. Hay que ser consciente que incurriremos en la falacia ad verecundiam, es decir en una falaz argumentación por principio de autoridad. Pero la idea no es usarlo por la positiva, sino a la inversa. No creer que porque alguien lo dijo, entonces es verdad; sino pensar que si alguien no lo dijo, entonces es factible que no sea cierto. Por supuesto que acá hay que usar con sumo cuidado los pies de plomo. Sabemos que los medios de comunicación son expertos en ocultar información, mucho más que en publicarla.

    El truco del párrafo anterior, va de la mano del siguiente, hay que verificar si la información emana de varias fuentes diferentes. Si el dato sólo proviene de un único origen, entonces podemos desconfiar tranquilamente. Si el dato proviene de una diversidad de lugares y el formato de ese dato es diferente (si es una noticia de internet, la foto, el texto que no sea igual, el título, el copete, etc.), entonces hay chances de que sea confiable. Si el origen es único, entonces la certeza se va diluyendo.

    Nada nos exime de la posverdad (Deep Fakes y Fakes News, entre otras características de esta modernidad líquida), sólo podemos ofrecer como escudos, nuestra desconfianza a priori. Dudar, sobre todo cuando la información que se nos brinda coincide con nuestro punto de vista; no dejar llevarnos por la inercia reflexiva, por esa simpatía irracional que tenemos con quienes piensan como uno. Aplicando los criterios expuestos, estaremos más cerca de ponderar si algo es falso; la verdad, entonces, no quedará tan lejana.