Ariel Winograd y Guillermo Francella comentan El robo del siglo

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Pocos días antes de que se transformara en uno de los grandes éxitos del cine argentino, el director Ariel Winograd y Guillermo Francella (coprotagonista junto a Diego Peretti) dialogaron con la prensa sobre El robo del siglo. En esta nota, repasamos algunos aspectos sobre esta producción de cuidada factura técnica y lograda empatía con la platea.

“Esta película viene de un proceso de varios años. Los productores me convocaron y el libro me encantó. Me pareció una oportunidad imposible de rechazar, porque se trata de una historia que merecía ser contada de una forma excepcional. Fue un desafío muy grande”, sintetiza Ariel Winograd, un director que se transformó en el Rey Midas de la taquilla nacional, con películas como Vino para robar, Permitidos o Mamá se fue de viaje. Y el tiempo el dio la razón, al menos si tenemos en cuenta el éxito que su film alcanzó en los primeros días de exhibición y la aprobación de la crítica, que además reconoció su capacidad de generar entusiasmo de forma masiva.

Guillermo Francella también habló de este proyecto que lo tuvo desde sus filas desde el comienzo y que lo encontró, nuevamente, poniéndole el cuerpo a alguien real, tal como ocurrió con El clan. “Había que construir al personaje de forma artesanal, por eso fue vital la etapa de conocernos con Wino y trabajar el libro, cada escena. El robo del siglo está plagada de detalles. Hubo un trabajo de pre-producción, rodaje y post-producción intensísimo. Todo fue llevando a este viaje para estar a la altura de este evento. Porque esta gente hizo una historia cinematográfica, con un robo que generó empatía porque le robaron a un banco y no lastimaron a nadie, porque usaron armas de plástico. Más allá de que fue un delito y no hacemos apología, le generó una sonrisa a la gente. Hicieron un trabajo de orfebrería. Y aunque sepamos el final de la película, se produce una gran tensión”, sintetizó.

En cuanto a la factura del film, Winograd sostuvo: “Yo siento que el desafío más grande de esta película era llevarla a cabo, respetarle cierta esencia a la historia. Una película, normalmente tiene dos o tres días de los que vos decís ‘este es el día en el que hay más extras, más movimientos’. Pero en El robo del siglo todos los días había momentos grandes. Y la gente tenía ganas de venir a hacer la película, venían y estaban fascinados con cómo se había hecho el banco, por ejemplo”.

Leedor le preguntó al protagonista sobre cómo le ha resultado componer a un delincuente, con aristas muy distintas a las de Arquímedes Puccio. “La única conexión que tienen es que están basados en la vida real”, sostuvo. Y agregó: “Cuando transité Arquímedes, él ya estaba fallecido. Conocía ambas historias a la perfección, porque fueron de los delitos que a mí más me han movilizado. Ahora, cuando lo llevás a cabo desde el punto de vista interpretativo, explorás cosas nuevas. No hay para mí una técnica a seguir, pero sí creo que es vital el trabajo con el director. Puccio me parece un ser vomitivo, pero como actor no lo cuestioné, lo tuve que transitar y traté de estar a la altura. Tomo pequeñas cosas puntuales que me ayudan a componer. En el caso de Vitete, fue algo muy singular. A él lo conocí en los reportajes; veía cómo respondía hábilmente. Él entendía todo, era conciso. Trabajamos en los ensayos esa picardía, inmediatez y respuestas ingeniosas”.

Por último, consultamos a Winograd sobre la importancia de la terapia psicoanalítica que hace el personaje de Diego Peretti: “En el libro de Rodolfo Palacios sobre el caso está el dato del psicoanálisis. Y me pareció fundamental que este personaje se psicoanalice, tenga esta visión de querer transcender, de generar un acto no por el hecho puramente monetario. Sino dejar un cartelito… hay cierta poesía. Y eso le da una capa al personaje, que yo siento que le hace bien a la historia”.