Crítica de Parasite, de Bong Joon-Ho

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Este jueves 23 de enero se estrena Parasite (2019), del notable realizador de Memories of a murder (2003), The host (2006), Mother (2009), Snowpiercer (2013) y Okja (2017), . Humor negro y crítica social en el último opus de Bong Joon-Ho, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y nominada a 6 premios Oscar de la Academia.

Tras haber dirigido dos películas fuera de su Corea del Sur natal, Bong Joon-Ho regresó a su mejor forma. Su cine (meticuloso, implacable, cómico) tiene indudablemente una impronta popular, entendiéndola como una apuesta capaz de interpelar emociones primarias (no por eso menos profundas) en una amplia porción de la sociedad.

En Parasite el relato muestra dos mundos: el de los ricos y el de los pobres, cuyo epicentro es Gi Woo, el hijo mayor de una familia que vive hacinada y subsiste armando (mal) las cajas de una cadena de pizzerías.  De forma absolutamente casual, el muchacho llegará a ser profesor particular de los hijos de la familia adinerada (fraude de un título de grado mediante). Bong no es condescendiente ni con unos ni con otros; su nivel de mordacidad y de detallismo se percibe en el retrato de las dos familias, exponentes de la desigualdad social de su país.

Son múltiples los puntos de giro que tiene la película, esencialmente concentrados en la forma en la que toda la familia de Gi Woo (madre, padre, hermana) comete pequeñas pero contundentes estafas para ser contratada por los ricos, en distintos roles. El momento más álgido en términos dramáticos aparece cuando se revela un secreto que estaba ahí, a escasos metros de todos, un “as bajo la manga” del guion que resignifica lo visto y desestabiliza el clásico esquema dual al que apela buena parte de la película.

En esta despiadada guerra de ricos contra pobres (en definitiva, una metonimia de la sociedad y su eterna lucha de clases) hay espacio para el humor negro, el erotismo y  la corrosión que el film explora sin dejar adoptar una postura crítica sobre los modos de mirar, de distribuir espacios, incluso de olfatear (prestar atención a este aspecto) en el universo capitalista.

En definitiva, una oportunidad para reencontrarse con el mejor Bong Joon-Ho, quien compitió en Mar del Plata años atrás con Mother, otra de sus grandes obras.

Esta nota se publicó durante el 34 Festival de Mar del Plata