Crítica de El navegante solitario, de Rodolfo Petriz

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“Me resulta maravilloso saber que de la mayoría de las cosas no conocemos absolutamente nada.” (David Lynch)

Lynch da una pista. Los documentales pueden ser ventanas maravillosas donde cobijar esa falta de conocimiento. Deben serlo, y precisamente es la premisa con la que se sale de este buen trabajo que es El navegante solitario es nada más ni nada menos que ésa: qué poco sabemos de lo mucho que conocemos.

Vale mucho la pena ingresar al mundo de Vito Dumas, reconstruido amorosamente por esta una investigación que hace Rodolfo Petriz sobre diversos materiales en torno a esa figura inédita del deporte argentino: el navegante aficionado, el intrépido “el héroe que venera la Nación”. Petriz es magister en Periodismo Documental y con su primer película logra una proeza triple: hacer que un archivo no muy abundante sea interesante, entrelazar la vida personal de este hijo de inmigrantes con un sueño a cuestas y la política argentina entre el golpe de Uriburu y la proscripción de Perón; y poner en primera persona, poética y descriptivamente, una aventura increíble. Para esto último los libros de Dumas, Solo, rumbo a la Cruz del Sur; Los cuarenta bramadores; El crucero de lo imprevisto; El viaje del Sirio y Mis viajes, todos en primera persona donde relata con detalles variopintos cada uno de sus viajes. Un locutor lleva a la voz en over esa primera persona y los viajes se hace más apasionantes.

Un tango dedicado especialmente, un actor que dramatiza situaciones, y varios testimonios entre los que destaca el del apasionado Ricardo Cufré, biógrafo de Dumas, mapas, fotos, noticias en diarios y en noticieros son algunas de las herramientas de las que se vale Petriz. Los entrevistados tienen mucha información sobre la construcción de barcos, tipologías de veleros hechos a nuevo, acondicionados, destruidos o reconstruidos. Esta es también la historia de esos veleros y de una artesanía que ya terminó. Para la historia, el Museo Naval de Tigre. Un lugar que habrá que visitar.

El navegante solitario es eso, alguien que viaja sin más compañia que sus pensamientos. Puestos todos en esos textos: la espera antes de la partida, la religión, la idea de patria, la infección en medio del cruce de Cabo de Hornos. Dos hazañas figuran en el capítulo alto de la vida deportiva de Vito Dumas y del deporte mundial: el cruce del Atlántico solo y en velero; la vuelta al mundo en las mismas condiciones.

El héroe romántico que atravesó el corazón el siglo XX se despliega en este documental haciendo tambien algunas preguntas en torno a dos lineas que logran sostener cierto suspenso. Hacia el comienzo, la pregunta que nadie quiere responder: qué significa LEGH, la sigla con la que se nombra su famoso barco; y hacia el final el confuso episodio que no lo deja llegar a Nueva York.

Cuál era el secreto de sus barcos, cuál el de su modo de navegar, qué fue de su vida hacia el final, cuál fue su relación con Perón, por qué termina siendo un exiliado dentro de su propio país.

No se pierdan este documental ni esta vida. Ambos resultan realmente extraordinarios.