Cuento, “nouvelle” y novela

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Desde el comienzo de la humanidad hasta ahora, todos sentimos, en mayor o menor medida, el deseo de contar, y nos gusta leer las historias imaginadas por otros. “Contar”, a su vez, viene de ‘computare’ (enumerar cantidades). Así, un relato es la enumeración de sucesos reales o ficticios, y en la literatura, esa enumeración toma, básicamente, la forma de un cuento, una nouvelle o una novela.

El género narrativo es, sin duda, uno de los preferidos por los lectores, y de las tres especies narrativas el cuento es la más antigua. Antes de la escritura, hombres y mujeres se reunían alrededor del fuego a contar historias; los relatos tradicionales, además, se transmitían de generación en generación siempre oralmente, hasta que escritores como los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, entre otros, se dedicaron a recopilarlos. La novela nació un poco más tarde, y se considera que El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha inaugura la novela moderna. En cuanto a la nouvelle, también llamada “novela corta”, la cosa es un poco más compleja porque a veces no quedan claros los límites entre un cuento largo o una novela corta, o entre una nouvelle y una novela.

¿Es el número de páginas el que delimita estos tres subgéneros? ¿Son las historias, el conflicto o los personajes? Son muchos los escritores que se dedicaron a teorizar sobre estas cuestiones, y si bien la creación suele preceder a la teoría (y la ruptura de las reglas siempre es bienvenida), no está de más conocer un poco sobre las diferencias y las similitudes.

Julio Cortázar decía que el cuento se relaciona con la fotografía y la novela con el cine: “La novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un ‘orden abierto’, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación”.

Edgar Allan Poe expresa toda una poética del cuento en un ensayo de 1842: “Hawthorne”. Allí se refiere al libro Twice-Told Tales (Cuentos contados otra vez), de su colega y compatriota Nathaniel Hawthorne. En especial se focaliza en la unidad del cuento que, a su vez, se relaciona con la extensión: “Señalaré al respecto que en casi todas las composiciones, el punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresión. Esta unidad no puede preservarse adecuadamente en producciones cuya lectura no alcanza a hacerse en una sola vez”. 

Para Philip Dick, la clave está en la psicología de los personajes que puede desarrollarse mejor en una novela teniendo en cuenta su extensión: “La diferencia entre un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del criminal, y los hechos derivan de una estructura psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá descrito previamente”.

Por su parte, Mario Benedetti escribe “Tres géneros narrativos”, un artículo muy completo sobre cuento, nouvelle (o shortstory) y novela. Ya desde el comienzo nos dice: “Un cuento no debe ser una novela corta (ni siquiera ‘una novela depurada de ripios’, como quería Quiroga), ni una novela, un cuento estirado”. Y ya yendo a las diferencias específicas, agrega:

  • «el cuento es siempre una especie de corte transversal efectuado en la realidad. Ese corte puede mostrar un hecho (una peripecia física), un estado espiritual (una peripecia anímica) o algo aparentemente estático: un rostro, una figura, un paisaje».
  • «También la nouvelle es una tranche de vie, pero rodeada convenientemente de pormenores, de antecedentes, de consecuencias. Así como la palabra que define el cuento es la “peripecia”, la que parecería definir la nouvelle es el “proceso”».
  • “Por lo demás, tanto el cuento como la nouvelle no pasan de ser versiones deliberadamente limitadas del conflicto humano. Para obtener el todo, la historia completa, debemos recurrir a la novela. En este género (el más representativo, no sólo de la literatura moderna, sino también de la época que la nutre) cada hecho, cada transformación, no aparece aislada del resto, como un solista a quien destacan los reflectores”.

¿Es necesaria tanta teoría? ¿Necesitan los escritores saber todo esto para crear? Seguramente, no hay una sola respuesta, y mucha narrativa de la que leemos se propone como ruptura a estos encasillamientos, consciente o inconscientemente por parte de los autores.

Para terminar, cierro con otra de las reflexiones de Cortázar que, hacia el final de su ensayo, se centra en el lector para establecer una diferencia esencial: “Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”.