Búsqueda hiperdigital en ‘Pang’, el debut de Caroline Polachek

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Al empezar el primer disco solista de Caroline Polachek, el tema de apertura, “The Gate”,  toma su tiempo en asentarse, presentando sus tonos vidriosos y atmósfera etérea, antes de introducir la voz de seda de la intérprete principal, dejando que su voz se evapore en la mezcla, como vapor, de manera tanto natural como artificial. Con paciencia y con calma, en menos de 2 minutos, ya nos condiciona para una experiencia distinta de lo usual, con cada elemento tan conscientemente dejando en claro su propósito y su lugar en el medio de una atmósfera engañosamente frágil. Pang siente que tiene mucho para probar, y en el transcurso de sus 46 minutos, se desafiará tanto a sí mismo como al oyente.

Salida del grupo de synthpop Chairlift, cuyo pop ochentero se conformaba con lo simple y placentero (y no mucho más), Polachek aquí se presenta como una artista propia, con un sonido en este momento imitado por pocos. Caroline crea una estética musical (y visual) basada en instrumentación acústica (guitarras, guitarra de pedal steel, harpas), pero con su calidez natural siendo reemplazada por texturas y tonos hiperdigitalizados, finos a punto de quiebre. Y todo esto siendo emparejado con teclados abiertamente electrónicos, bajos con profundidades temibles, y arreglos salidos de la música ambient que le dan al espacio suficiente terreno para poder sostenerse – pero no por mucho. Hay una búsqueda constante de balance entre estas fuerzas, y las resoluciones tan variadas a través del disco son cautivadoras.

Pang presenta ideas aparentemente superficiales tanto conceptual como sonoramente, para luego ir llenándolas de a poco, enriqueciéndolas sonoramente. Se puede encontrar la oscilación de los teclados que se agrandan y achican contraponiendo el bajo amenazador en el tema titular, junto con la manera acentuada en la que Caroline canta el estribillo (“pang!”); la refinación de su voz en “Ocean of Tears” mientras es acechada por una progresión de acordes respaldada por tonos metálicos, como el lobo persiguiendo a Caperucita Roja; la aparición repentina de producción ochentera en “So Hot You’re Hurting My Feelings”, como si se hubiesen estado escondiendo por su condición de anomalía en el medio del disco; o las influencias doo-wop en la composición de “Caroline Shut Up” yuxtapuestas por producción cavernosa y confundida, como si se estuviese autoconteniendo de un afuera no muy lejano.

Y al frente de todo, está Caroline Polachek, una de las mejores vocalistas que el pop tiene en este momento. Su destreza vocal es para ser apreciada, como logra tener un timbre tan claramente agudo y fino, y lo logra doblar infinitamente sin que se rompa; hace a uno pensar en plastilina hecha de neón. Momentos en los que deja que su voz guíe la canción por sí sola como en la minimalista “Insomnia” o “Parachute”, en donde los pocos elementos visibles luchan por su atención, son impactantes, pero sus mejores momentos son en los que ella logra evocar tanta soledad sutil y escondida, visible para nadie más que ella misma, buscando un punto de inflexión o de liberación. Llora en la pista de baile extrañando a su amante en “So Hot You’re Hurting My Feelings”, sólo puede soñar que este otro la rescate en “Go as a Dream”, y ve pasar tantos eventos y etapas de su vida con tan poco poder de intervención en “New Normal”. Probablemente uno de los momentos más interesantes del disco es cuando ella decide tomar todo el dolor que puede venir del fin de una relación en “Hit Me Where It Hurts”, detallando muy poéticamente tanto la frustración del momento (“Me siento como una mariposa atrapada en un avión”) como la necesidad latente de salir de esta situación (“Prometo que un día me odiarás, pero por ahora aguantalo”), aceptando el desastre que se viene.

Solamente a partir de este constante desgarro de emociones, Pang logra encontrar momentos realmente mágicos. Momentos como la balada en 7/4 “Look at Me Now”, donde se pregunta cómo ella se verá a sí misma en el futuro con dolor y vergüenza, hasta que las logra sobrepasar acompañada de una sección de cuerdas que no ocupa mucho espacio en la mezcla, pero es suficiente para moverla y sacarla de su estancamiento. O una canción bajada de tono como “Hey Big Eyes”, con una guitarra acústica ultra procesada al frente de todo, generando una atmósfera desconcertante, como si notase que algo no está del todo bien. O el final pequeño pero épico de todas formas que es “Parachute”, con sus bajos sin percusión que los restrinja, mientras que Caroline se deja caer en el desconcierto de la vida (“El paracaídas/Ahora tengo que confiar en él”) y es recompensada por sonidos nublados y grises que paulatinamente crecen y se esclarecen, hasta dejar nada más que un blanco apacible.

Pero todos los elementos fundacionales de Pang se encuentran perfectamente plasmados en “Door”, uno de los mejores temas de esta década ya pasada. La única canción que supera los 4 minutos de duración, pero que parece que podría durar por toda la eternidad, por su alcance sonoro tan abarcativo y evocador. No solo logra expresar todo el temor y ansiedad al verse ella en frente del vacío del olvido y la soledad, siendo envuelta por murmullos prejuiciosos, tecnología superficial, gritos sintetizados y bajos que parecen mirar hacia otro lado, como si todos los elementos la fuesen encerrando más y más… sino que también muestra la salida, en un estribillo que es movedizo hasta que no lo es, corriendo por puertas y puertas hasta que su voz termina acaparando todo, como si no tuviese que correr más. Llena de tonos que poco a poco dejan de mirar para abajo y miran hacia el horizonte, llevando la fragilidad digital hacia el borde para romperla y volar sin restricciones, “Door” es incertidumbre que, a partir del arte de la repetición, gana confianza para poder atravesar todo lo que venga. Cuando la voz de Caroline llena todas las grietas del instrumental en el outro y alza la canción a un momento de éxtasis total, como volar en el medio de las nubes, el tema alcanza un momento de plenitud que sobrepasa lo orgánico, lo artificial, o cualquier intermedio. La fuerza imparable que es Caroline Polachek, luego de buscarse todo el disco, nace aquí, y ¿las puertas que va a atravesar en el futuro? Uno solo puede imaginar.

Spotify: https://open.spotify.com/album/4ClyeVlAKJJViIyfVW0yQD

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/pang/1482421639