Netflix: Crítica de Los dos Papas, de Fernando Meirelles

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Desde el viernes 20 ya se puede ver por Netflix Los dos Papas, un artilugio para el gran público que combina realidad y ficción y se mete en la intimidad de la Santa Sede, espía los pasillos y las habitaciones de una de las organizaciones más poderosas del mundo.

Producto que lanzó la plataforma de las plataformas con bombos y platillos en una estrategia que había inaugurado hace pocas semanas con El irlandes: primero un pequeño estreno en sala y, días después, lanzamiento en el streaming. La diferencia entre la película de Scorsese y la de Meirelles (sí, el director brasileño de Ciudad de Dios) es que aquella, considerada en ocasiones como la mejor película del director, convoca a los preceptos del cine desde sus planteos sobre el montaje, los planos, la composición de imagen, y la de personajes. Cine hecho producido por Netflix, pero cine. La fortaleza de Los dos Papas sin embargo o sucede en su propuesta fílmica general sino en el despliegue de sus dos actores, Jonathan Pryce como Jorge Bergoglio, y Anthony Hopkins como Benedicto XVI, realmente sus interpretaciones son un verdadero hallazgo. Y es realmente suficiente para que ya esté nominada a Mejor Drama, Guión, Mejor Actor y Mejor Actor de Reparto en los Globos de Oro que se entregan el 5 de enero.

Es verdad que el que termina beneficiado con el beneplácito del punto de vista del guión construído por Anthony McCarten (Rapsodia Bohemia) es Bergoglio, pero Benedicto con su decisión de renuncia y su elección para que el futuro Papa sea quién lo comunique, con la alegría que demuestra en la elección como Francisco, aparece como un anciano lleno de frustraciones, incluso espirituales, que busca de algún modo la redención en esa serie de encuentros con el que intuye será el próximo Papa.

Sabrá el espectador entender que esa mirada alabatoria hacia el futuro Francisco parte claramente de la diferencia entre ambos hombres, y es que uno de ellos hoy es el Papa y por lo tanto el que tiene todo el poder: ni su problemática y discutida relación con la dictadura argentina, ni la lista de temas que se lanzan en la conversación pero que aún la Iglesia debe a la sociedad, como la pedofilia, la homosexualidad, el celibato. Entre ambos, dos hombre que pertenecen a la misma institucion, existe la dicótoma entre la tradición y la novedad, la música que escuchan, los temas que conocen. Benedicto el hombre solitario y hosco, Bergoglio el hombre popular y moderno. Los sucesivos flashbacks al pasado repitene partes de la biografia autorizada que puede verse con mas detalee en productos como Llamame Francisco con Rodridgo de la Serna.

Decíamos que hay mucha ficción y, por eso, Los dos Papas resulta un buen entretenimiento: se supone que el 99% de los diálogos entre ambos nunca existieron, vale la reconstrucción impactante de la Capilla Sixtina, espacio donde una de esas conversaciones tiene lugar, lograda en estudios cinematográficos romanos.

Después de todo el cine es mágico, tanto como la religión.