Crítica de “La canción de nosotros”, de Marilí Machado

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El viernes pasado se presentó en el Café Tortoni La canción de nosotros, un espectáculo en el que Marilí Machado volvió a mostrar sus cualidades como cantante y compositora. Acompañada de Juan Martínez en la guitarra y Osvaldo Avena en la percusión, y con la participación especial de Lucho Servidio en el piano, la artista recorrió varios géneros musicales.

El tango, la bossa nova, el folclore, el bolero, la milonga llenaron una de las salas del Tortoni, inaugurado en 1858 y emblema de la ciudad de Buenos Aires, donde “están Quinquela y el poema de Tuñón. / Y el tango aquel de Filiberto, / Como vos, no ha muerto, / Vive sin decir adiós”, según canta Eladia Blázquez. Precisamente, el título La canción de nosotros tiene mucho que ver con eso que nos identifica como porteños, pero va más allá, porque los temas elegidos permiten que cualquiera participe de la nostalgia, el recuerdo, la tristeza o la felicidad que evoca cada uno.

El espectáculo tuvo diferentes momentos, pero el hilo conductor fue la comunicación con el público. Una de las características de Marilí Machado es que establece una conexión especial con los que estamos escuchando y nos hace partícipes de anécdotas personales que involucran a su familia y a su relación con la música, y evidencian su pasión por el canto. Por supuesto, para que se dé este clima de intimidad es fundamental la amistad que une a la cantante con sus músicos, y el respeto y la admiración que siente por ellos.

Hablar de registros vocales, del timbre, de la sonoridad y la potencia de una voz por medio de palabras siempre parece insuficiente. Los que ya escucharon alguna vez a Marilí Machado saben de lo que hablo. Pero para aquellos que no tuvieron oportunidad de escucharla, hay que decir que es una de las mejores cantantes que tenemos actualmente, cuya voz sorprende por su fuerza, su claridad y sus matices. Salir de un tango para meterse en el folclore, por ejemplo, y encontrar la expresividad que cada género requiere habla muy bien de esta artista que, además, es muy reconocida en España, en Alemania, en Estados Unidos y en Japón.

Al final de la noche, y como yapa, Lautaro, el hijo de Marilí, cantó Venecia sin ti, de Charles Aznavour y mostró que el talento se hereda. Fue un muy buen cierre para una noche donde la música y los sentimientos se mezclaron poéticamente.