Crítica de Midsommar, de Ari Aster

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En las plataformas piratas favoritas se consiguen esas perlas extrañas que se vuelven virales. Es el caso de Midsommar, una película de género que rompe los estereotipos al plantearse como un terror diurno, abierto, grupal, en la línea de las películas de sectas, con una fotografía particular, que desdice el concepto colonial de que lo terrible y ominoso siempre es negro y sucede en la oscuridad, cuando se nos dificulta ver, además.

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La historia es simple, y es en sí mismo otro tópico del cine mainstream yankee. Un grupo de amigos decide viajar a Hälsingland, un pueblo rural de granjas en Suecia, para presenciar un festival celebratorio del solsticio de verano. La novia de uno de ellos decide acompañarlos, con su carga trágica de pérdida familiar reciente. Lo demás, es lo que sucederá en ese festival, que recupera tradiciones inventando ritos y costumbres, en un marco folklórico, que será apreciado por los visitantes desde un interés antropológico y académico, pero que rápidamente quedará teñido de una imposibilidad de sostener cualquier perspectiva etnográfica del asunto.

Sin agregar mucho para no spoilear, solo diremos que la película es interesante por muchas líneas que trae: la cuestión de la vejez en sociedades donde se supone que la calidad de vida y el bienestar garantizan la felicidad, el tema de la muerte y la vida y sus posibilidades de elección, el sufrimiento o el placer colectivo, el consumo de drogas como un ritual, la violencia contenida y ejercida comunitariamente, los oráculos y la irracionalidad y la desnaturalización de conductas y lógicas…

Quizás no sea para amantes del género que esperan sus códigos. Formalmente tiene cosas potentes en un uso de la luz y el sol como marco para el terror, así como las flores, la cocina el almuerzo comunitario, los vínculos familiares y la celebración en la naturaleza, el topos del prado ameno utilizado como un lugar donde sucede lo aberrante. Un tiempo propio, un terror reflexivo, un ritmo narrativo que soporta bien el in crescendo y cierto lugar de felicidad y liberación en su final, hacen de esta película de género un trabajo recomednable.

Su director es Ari Aster, de quien también se recomienda Hereditary, en la misma línea de cine de terror distinto.