La niña hacker

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En Noviembre de 2019 nos enteramos que uno de los bancos más secretos del mundo había sido hackeado y que los nombres de quienes tienen cuentas allí, iba a ser divulgado. La noticia dio la vuelta al mundo y se transformó en un episodio más de la zaga de los Papers y los Leaks.

“Ésta es mi palabra sencilla que busca tocar el corazón de la gente simple y humilde, pero también digna y rebelde. Ésta es mi palabra sencilla para contar de mis hackeos, y para invitar a otras personas a que hackeen con alegre rebeldía.” Así comienza el texto que la niña hacker aka “Phineas Fisher”, escribió para anunciar al mundo que había hackeado (jaqueado) y filtrado, los datos de los multimillonarios que poseían cuentas en el Banco Nacional de las Islas Caimán. La cita al Subcomandante Marcos es elocuente. La filtración del secreto mejor guardado por los ultramillonarios del mundo (su dinero) los deja al descubierto y es, siguiendo el ritmo, elocuente. Leyéndola vamos a ver que la niña hacker es muy elocuente.

La autora del texto, se esconde entre citas literarias y una prosa superior; sólo nos revela el costado que cada uno quiere ver y que es inmenso y poderoso. Ahora se esconde detrás de un pasamontañas que su amigo fallecido supo legarle, ahora se asoma y nos dice: “Pero detrás del pasamontañas sólo soy una niña. Todos somos niños salvajes. Nós só temos que colocar uma estrela em chamas em nossos corações.”

El texto es un manifiesto político con argumentos históricos. Una manifestación literaria de prosa lírica y una guía para hackear, robar y expropiar bancos. Todo en uno. Allí nos cuenta que, entre sus trabajos, se encuentra el haber hackeado a empresas de seguridad como Hacking Team. Esta empresa desarrolla herramientas para poder revisar computadoras, teléfonos y todo tipo de conexiones y dispositivos. Se supone que estas armas se usan contra el crimen organizado, contra la pornografía infantil o la trata de blancas; sin embargo, los datos indican que los países que los han comprado, las utilizan para espiar a activistas, periodistas y público en general que puede afectar los intereses de los gobiernos (y de los poderosos que manejan a los gobiernos). Es por ello que al exponer sus herramientas, éstas pierden sentido (todo lo que se maneja en secreto pierde entidad al quedar a la intemperie). Un duro golpe a los sistemas represivos del mundo.

En un lenguaje claro, extremadamente claro, nos regala una guía para robar bancos. Pero no sólo eso, también nos cuenta que mientras estaba hackeando al sistema financiero, se dio cuenta que había otros al mismo tiempo robando el banco. Su conclusión es que los bancos son robados mucho más a menudo de lo esperado. Simplemente lo callan y cubren los agujeros, porque de revelarlo, el daño a su reputación sería tan grande que inmediatamente perderían a todos sus clientes. La clave del sistema bancario es la confianza que los depositantes tienen en él.

Las sociedades estratificadas, desde aquellas del temprano Holoceno (9000 años) hasta la actual sociedad del capitalismo de la información, generan siempre nuevos y recurrentes Robin Hood. La injusticia se encarna en leyendas que reparten la riqueza, restableciendo un poco el equilibrio perdido (dan vuelta una distribución de Pareto) y tratando de despertar las conciencias. De eso se trata lo que hace la niña hacker. Desde ese lugar de los más vulnerables como niña, lesbiana, trans, latinoamericana, pobre, etc. ella desafía y derrota a los poderosos del mundo. Con una mínima infraestructura (el hardware convencional alcanza), pero una alta inversión en conocimiento (todo se trata de software) es posible hackear a los más poderosos del mundo o a sus guaridas.

“Después de Auschwitz, todos somos judíos” dijo Sartre y hoy nosotros podemos decir que todos somos Phineas Fisher, la niña hacker. La niña que es un mundo al que están todos invitados, una mayoría que nos desborda porque ya somos ella. Sigamos su Leitmotiv “Privacidad para los débiles, transparencia para los poderosos”. Para leer su manifiesto seguir este vínculo.