Impronta y legado de Sergio de Loof en el Museo De Arte Moderno de Buenos Aires

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Cuando el Moderno invita a De Loof para realizar su muestra antológica él responde, incrédulo “…sentiste hablar de mi?”.  Sí, sin duda, tal vez no todes, pero muches sabemos de el.

A partir de 1983 la propuesta de De Loof surge en espacios nocturnos y de divertimento como una de las nuevas formas de vivir en democracia. Artista, decorador y diseñador de indumentaria creó espacios míticos en tiempos en los que no hacia falta embanderarse bajo el concepto de la “pluralidad” para ejercerlo plenamente, sin falsas pretensiones ni solemnidades.

“Pobres y feos” se incluían según lo que hoy llamaríamos “diversidades corporales y sexuales”, expresiones artísticas que no tenían cabida en el mundo del arte pero formaban parte de él con sus espacios decorados y adornados, fuertemente cargados con materiales de descarte como papel y cartón para vestidos extravagantes, plantas artificiales, flores tropicales y ambientación del Hollywood del pasado, todo en clave lúdica. Desfiles impensables en los que las Drag Queens lucían las creaciones de Sergio, claro, “impensables” en otros sitios que no fueran los de él. Vestuarios, filmes, obras teatrales, objetos de todo tipo se constituían en expresiones plásticas en el despliegue de su imaginación.

El museo “menciona” ese mundo imposible de recrear, porque “para recrearlo habría que haber hecho la muestra a las cuatro de la mañana, con alcohol y sustancias incluidas” nos dice un entonces jovencísimo testigo y participe de las propuestas de De Loof. Imposible hacer ahora un “re enactment” de lo que pasaba entonces. El museo logra  reconstruir y mencionar admirablemente las obras que no pudieron soportar el paso del tiempo.

Sergio de Loof es un creador de ambientes. Su arte tiene mucho más que ver con la convocatoria y con lo que podía llegar a generar con los personajes y personas que concurrían a sus espacios mas que con la creación de un objeto de estatuto artístico. La experiencia de Sergio De Loof trata de un último movimiento “under” antes de la propia muerte del “under“, resultante inevitable del Sida y de Cromañon según palabras dichas no sin melancolía por el mismo Sergio, en el momento de inaugurar ésta, su muestra antológica.

En los 80 y 90, De Loof no era la transgresión del “Parakultural” ni la de las obras de teatro que ahí se daban. Su intención era el divertimento, sus lugares, muy de los años noventa,  tenían algo de lo fantástico, de lo abundante, de lo tropical. Esa mezcla,  marginal y fuerte, si bien provenía de los 80,  devenía en juego performático y entretenimiento, porque Sergio, diseñador y ambientador, lograba activar el ambiente para que “pasaran cosas”, hacia que la concurrencia “se sintiera especial” en sus lugares,  bares y restaurantes que él mismo diseñaba, boliches que funcionaban sin transgresiones políticas ni contradicciones.

 En Ave Porco, Ave Jungla, El Morocco o El Dorado, De Loof tenía el arte de hacer convivir un “careta” con un “drag queen” o con un travesti, un puto fino con un puto villero. No se hablaba acerca de lo “queer” lo queer estaba.

Resulta soberbio hoy hablar del lenguaje inclusivo como un logro de este tiempo cuando hace 20 años Sergio lo conseguía en cualquiera de sus espacios. Fue el primero en mostrar la valoración de una estética del conurbano. Mas plural e inclusivo de lo que hoy algunes se creen ser.

En Cafe Paris, un barcito en Marcelo T. De Alvear frente a la Bond Street, se vivía la pluralidad en una charla de barra. Había de todo, de todo eso que hoy, no se puede traer a la muestra y tal vez haya quedado también olvidado. De Loof podia hacer la fiesta y era tan buena,  que los que tenían el dinero la pagaban y todos la disfrutaban.

Quienes vivieron ese momento por así llamarlo los  “tiempos de De Loof”, inclusivo y plural, evocan la muestra que a su vez no puede dar cuenta cabal del valor de lo inclusivo y plural porque Sergio cual performer provocaba una vivencia, mientras que el museo la rescata y la evoca.

Recordemos que Sergio creó también, junto con otros dos amigos, la revista WIPE de amplia circulación libre en sus comienzos, mas tarde no, la cual  tenia una estructura de “red social”, en la que aparecían fotos casuales, impensadas, casi ridículas, como las que hoy vemos en las redes así como todo evento que tuviera onda como para figurar en ella.

Claro que un creador suele ser anárquico y ese era el caso de De Loof cuyos inicios eran verdaderos logros pero el sostén de esos proyectos no resultaba fácil de llevar adelante.

Los tiempos cambiaron y los ciclos se cierran. No solo para los espacios de Sergio, sino para el ya mencionado “under” que por desplegarse sobre el margen, padecía de cierta labilidad propia del éxito basado en el divertimento.

Ese margen se hizo sentir para Sergio en estos años en los que terminado el ciclo, sorprendido,  atina a preguntar…. “sentiste hablar de mi”?

Sergio De Loof le dio color, texturas y situaciones a la noche de Buenos Aires y de un Palermo que todavía no era el Palermo de hoy. Merecido homenaje.