Crítica de “( )”, de Clara Inés

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El libro de Clara Inés nos habla de una ruptura, del dolor de la pérdida, de la reconstrucción cuando el otro o la otra ya no comparten nuestra vida. “Se rompe el plural” y lo que queda es el “hogar devenido en casa” con los objetos que nos recuerdan lo que ya no está: la cama, los libros, la heladera, la silla, el plato. El resultado, entonces, es esa muñeca rota de la tapa, un rumiar de pensamientos constantes, pero la convicción de que todo se va a volver a acomodar.

La protagonista de los poemas necesita poner en palabras lo que le pasa, sacar afuera esa sensación de vacío que la invade hasta que finalmente llegue el olvido. En consecuencia, la escritura tiene mucho de sanación en tanto permite contar, aunque el libro quiere ir más allá de la palabra expresada. Clara Inés también trabaja con lo no dicho, con todo eso que habita el silencio, lo que todavía no es compartido, pero que está presente machacando desde las sombras. Eso no expresado es lo que la autora escribe entre paréntesis y con una tipografía más clara uniendo el fondo y la forma. Si normativamente el paréntesis encierra un inciso y aisla su contenido del texto principal, el libro se transforma en un diálogo entre dos planos que coexisten durante 21 días de insomnio en ese vaivén entre la consciencia y la inconsciencia propia de ese estado. Las ediciones de Elemento Disruptivo tienen siempre esta impronta de trabajar la disposición espacial o la tipografía como una continuidad del contenido del texto, lo que en este caso se refuerza también con las ilustraciones de Agustina Smith, imágenes que dan cuenta del vacío, y de esas máscaras con que nos vamos cubriendo a veces sin darnos cuenta y que van cayendo en la medida en que nos asumimos en esa soledad constitutiva del ser humano.

El libro también transforma lo cotidiano y los objetos que lo habitan en una metáfora de las vivencias y los sentimientos de la protagonista: “un dulce de batata que ya nadie comerá”, los libros que se devolvieron, “el guiso frío en la heladera”, “la foto que se cayó como una premonición”; las canillas que gotean y que recuerdan “estoy rota / estoy rota / estoy rota”; o el motor de la heladera que anuncia “levantate de la cama / activate / movete. / No fracases más”. La casa metonímicamente da cuenta del vacío porque cuando hay dolor, todo se impregna y se tiñe con él.

“Sentimos la poesía como sentimos la cercanía de una mujer, o como sentimos una montaña o una bahía”, decía Jorge Luis Borges, y realmente sentimos los poemas de Clara Inés porque tienen la belleza de lo simple y de lo profundo.

Clara Inés, (   ), Elemento Disruptivo Editora, 2019, 60 págs.

Ilustraciones de Agustina Smith

Clara Inés es escritora y editora. Publicó Hora pico, poemasparaleeralasapuradas; Oda a los 90 y Cemento fresco.