Miami Memory, el nuevo mundo subversivo de Alex Cameron

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No es nada novedoso encontrar arte que utilice el pastiche para hacer un meta-comentario sobre su propia existencia, sobre todo si tal meta-comentario está repleto de sarcasmo e ironía. Ese es el reto que se ha propuesto a sí mismo Alex Cameron: convertirse en un actor, un actor que hace de géneros musicales, y desde esa posición de imitación fácil y barata, añadir sus propias contribuciones siniestras, satíricas y fuera de lugar.

Hace 2 años, su disco Forced Witness evocaba el sonido heartland rock-eano de Bruce Springsteen (rutas abiertas, viento soplándole en la cara, destinos que esperan ser descubiertos), y encima de esa instrumentación tan lúcida, reflexionaba sobre temas como adicción al porno, generar una relación codependiente con una stripper, enamorarse de chicas que (tal vez) sean menor de edad, acostarse con la hija de su amante, adicción al porno de nuevo, y más, todo en rol de un personaje miserable y fracasado. ¡Y funcionó!

Tomar tonos y arreglos compositivos tan atados con una idea de masculinidad anticuada, y decodificar su significado para la era contemporánea es ambicioso, y por la mayor parte, Cameron logró captar qué cosas decir para que su mensaje se entienda, pero también la dedicación que se requiere para que este tipo de sátira sea eficiente. Ahora, 2 años después, decidió cambiar a Bruce Springsteen por Billy Joel, yéndose más al estilo del principio de los 80s de soft rock/piano rock combinado con blue-eyed-soul, esta vez con resultados inferiores, pero los problemas mayormente no tienen que ver con la ejecución del concepto de Cameron.

Una vez más, vuelve a encontrar los tonos correctos para resonar este tipo específico de música: pianos de honky-tonk junto con otros más melancólicos y teatrales, órganos que son claramente teclados, trompetas un poco rasgadas pero no baratas, voces femeninas de coros que le responden a cada melodía, toda la instrumentación con tonos limpios y arreglos sencillos, predecibles incluso, recordando a veces incluso a un Joe Cocker circa 1986. También tiene momentos en donde ahonda en percusión y arreglos más al estilo de las baladas de Phil Collins en “Miami Memory” y “End Is Nigh”, o se tira a la producción más abiertamente chata y dejada atrás de los 80 en la apertura bizarra del disco que es “Stepdad”; va tomando distintas influencias, pero todas se quedan el mismo campo, nunca alejándose de ese lenguaje musical. Y aunque, para ser honestos, no hay fallas en cómo consigue recrear esos sonidos prácticamente en ningún momento del disco, el problema inherente que tiene Alex Cameron es bastante simple: la época musical que eligió utilizar no es muy interesante. No lo es ahora, y probablemente nunca lo fue. Es el tipo de música más segura y sanitizada de los 80s (aparte del adult comtemporary), la que nunca llega a ninguna parte, la repetitiva, la olvidable, la música de relleno en el medio de las canciones que el colectivo imaginario realmente piensa cuando piensa en los 80s. El disco realmente funciona si a) uno tiene una añoranza por este estilo específico, o si b) uno lo puede apreciar por lo exitoso que es al recrealo casi sin fallas. Pero eso ya implica tratarlo como una curiosidad más que un disco que uno puede atesorar y regresar a él años después, cuando la novedad ya se haya agotado.

De todas formas, Alex Cameron claramente ha estudiado lo que está haciendo, todo para poder romper las convenciones del estilo, y modernizarlo en cómo está presentado, y a cualquiera que venga a este disco esperando temas sencillos de amor o de la vida, Cameron los termina atemorizando. Cambiando la perspectiva de Forced Witness, en donde él se posicionaba a sí mismo como el principal personaje miserable irredimible, aquí expande ampliamente la relación de su persona con el mundo, un mundo que ha empeorado y mejorado a la vez, en donde incluso alguien como él tiene mayor criterio que algunos. Sigue siendo el mismo irresponsable, penoso hombre de siempre, pero ahora se sorprende por cómo el mundo lo ha alcanzado e incluso sobrepasado.

Por un lado, queda sorprendido por cómo a su pareja le encanta (e incluso le excita) que él sea tan grosero y políticamente incorrecto en “PC with Me”, y se encuentra fascinado al encontrar a alguien que comparta sus fetiches y su visión apocalíptica del mundo en “Miami Memory”. Por otro, se queda al margen en “Far From Born Again”, un himno a favor del trabajo sexual, tratándolo como otro trabajo más y juzgando a los hipócritas en contra de él; y hace su crítica más explícita a la toxicidad masculina y la cultura de la violación en “Bad for the Boys”, negando las excusas machistas y su negación al cambio (“You thought the boys were gonna stay the same/But no one cares about your good old days”).

Sin embargo, no puede dejar de ponerse en situaciones incómodas en las que él sale mal. Se burla e insulta a su pareja para empujarla a que ella termine su matrimonio en “Divorce”, el mejor tema del disco. Similarmente, se despide de su hije por última vez en “Stepdad”, en un momento raro de humildad disfrazada de crueldad, diciéndole que piense en él no como su padre, sino su padrastro, distanciándose (según su criterio) para mejor. Y su ya mencionada visión apocalíptica del mundo termina llegándole en “End Is Nigh”, donde lo encontramos en un momento depresivo y fatalista, pero demasiado sarcástico e ido para que nos simpaticemos con él. Tiene suficiente lucidez para entender las consecuencias de sus acciones, pero no criterio para no llevarlas a cabo, y esos matices son los que realmente le dan vida al disco.

Miami Memory vale la pena escucharlo al menos una vez si uno tiene incluso el más mínimo contacto con el soft rock de los 80s, ya que es muy interesante escuchar, no solo los sonidos familiares puestos abajo de canciones sobre temas tan tabú, sino también el poder de la referencialidad que evoca Alex Cameron en sus mejores momentos. Ahora, si el disco va a seguir valiendo la pena escuchar en el futuro, el tiempo lo dirá. En comparación a trabajos anteriores de él, este disco no es potencial desperdiciado, sino una ambición sonora mucho más autocomplaciente y digerible. Lo cual, dentro de todo, no es un problema, y Cameron todavía no nos ha fallado. Pero si hay algo que prueba este disco es que todavía tiene muchas cosas por hacer.

Spotify: https://open.spotify.com/album/33u2PRETjYklC6UqxJBGW2

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/miami-memory/1465179547