Mar del Plata 2019: La virgen de agosto, de Jonás Trueba

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El realizador español Jonás Trueba (de quien hace dos años pudo verse La reconquista) volvió a la Competencia Internacional de Mar del Plata con una película que, fiel a su estilo, propone diálogos coloquiales, caminatas, espacios abiertos y un tono melancólico. El resultado es una película sensible llena de “pequeños” grandes hallazgos.

Eva (Itsaso Arana) es una joven que está en un momento de replanteos, de fuertes cuestionamientos internos. Lo descubriremos poco a poco, aunque no de forma directa ni mucho menos explícita. En esta deliciosa y por momentos sobriamente triste película de Jonás Trueba hay reminiscencias del Eric Rohmer de El rayo verde y –más cerca de nuestro tiempo- de la filmografía de Richard Linklater, dos realizadores que desgajaron los sinsabores de la vida a partir de diálogos extensos, de caminatas que no llevan a ninguna parte pero que hacen visible aquel leve malestar que surge ante las inseguridades.

Es tiempo de verbenas -celebraciones locales en España- y Eva ha decidido quedarse en su ciudad. Algunos turistas llegan, pero las calles de agosto están mucho más vacías que en el resto del año. Su deambular la lleva a encontrarse con un ex compañero, el azar la deposita en la casa de una amiga que tiene un hijo pequeño y a la que hace tiempo que no ve, y algunos desconocidos aparecen e irán delineando su derrotero cotidiano.

Trueba deja por un momento el esquema dual de su película anterior y se consagra enteramente a Eva, una mujer que oscila entre el pudor y el deseo de actuar. Por momentos, su mirada extraviada la lleva a revelarnos imágenes que tal vez nos dejen entrever algo de su mundo interior, como la turista japonesa que se recorta entre la gente o la performer callejera que recita, altisonante, un discurso en otro idioma.

El marco folklórico y religioso del film le abre el acceso a ese “inframundo” tan cercano y a la vez distante, próximo a las costumbres del lugar donde habitamos pero corrido del eje de la vida cotidiana de los más jóvenes. La proximidad mística toma paradójicamente un mayor espesor en este recorrido tan táctil, sensorial, en donde hay chapuzones, alcohol, cuerpos conociéndose. Es entonces cuando La virgen de agosto transmuta en una película profundamente filosófica, enmascarada en la sencilla forma de un recorrido que ya no es exterior, sino que implica una fuerte, dura y –por qué no- esperanzadora mirada de Eva hacia sí misma.

Próximas funciones:

Viernes 15 a las 22 en el Auditorium

Sábado 16 a las 15 en el Ambassador 1