Mar del Plata 2019: Crítica de O que arde, de Oliver Laxe

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En la primera jornada de la Competencia Internacional también se destacó O que arde, de Oliver Laxe. El realizador de Todos vosotros sois capitanes (vista en la misma sección, en 2010) profundiza su línea estética en este filme que tiene momentos cuasi pictóricos.

Un hombre sale de prisión, en donde estuvo luego de ser condenado por prenderle fuego a un bosque. Pirómano o no (la película no profundiza sobre el caso, pero recolecta los “susurros” de los pobladores), en su retorno al hogar se encuentra con su madre anciana y  vuelve a dedicarse el cuidado de las vacas y los teneros y a la reparación de la casa en la que viven, en medio de un paisaje agreste. Tras su llegada, también se hace notorio el paso del tiempo que afecta a todos y que amenaza con modificar las costumbres de ese pueblito de montaña.

Laxe sigue explorando los límites entre la ficción y el documental que caracteriza su interesante filmografía (los actores son no profesionales; incluso varios personajes conservan sus nombres) y construye un relato por momentos fascinante, en donde la exquisita banda sonora se combina con una fotografía que más que “retratar” construye climas que oscilan entre lo ominoso y lo sublime (en la línea del mejor cine de Herzog).

Aquí hay espacio para la ternura aún en medio de una sensación de amenaza permanente, sentimiento que se construye desde un comienzo casi hipnótico, con unos árboles que caen uno tras otro como si fuéramos testigos de una fuerza poderosa y desconocida. Tal vez de eso trate la película: de lo (poco) que podemos hacer frente a lo que no podemos dominar. En O que arde, más que desarrollar una historia (el guión, en ese sentido, es más un apunte de ideas que encuentra su amalgama perfecto en la imagen), el director propone un encuentro entre el espectador y sentimientos como la culpa, la inmensidad, la fragilidad ante lo inevitable.

Próxima función

Lunes 11, 17 hs en Auditorio