Pop futurista en Charli, buscando la magia entre los extremos

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¡La cyber-reina del pop ha vuelto! ¡Y más en conflicto que nunca! Tanto Charli XCX, la artista, como Charli, el disco, son un mundo de contradicciones, de mundos que nos empujan de un lado para al otro, teniendo que hacer concesiones para poder evitarlas, sabiendo que va a fallar cuando trate de tenerlo todo a la vez, pero disfrutando de las fallas y adentrándose a ellas sin temor.

Si hay algo que Charli ha explorado toda su carrera, es un cierto balance entre una carrera de música pop convencional y masivo, y sus tendencias hacia lo experimental y futurista.

Ya desde el principio de su carrera, era llamada por la onda darkwave alternativa, todo mientras escribía el himno millennial “I Love It” de Icona Pop. Por un segundo, entre 2014 y 2015, apareciendo en “Fancy” de Iggy Azalea, uno de los hit más grandes de 2014, y teniendo su propio hit solista con “Boom Clap”, parecía que había terminado eligiendo el primer camino. Hasta que de repente, no. Al amigarse con la productora vanguardista SOPHIE y sus amigos pertenecientes al movimiento PC Music, cuyo estilo consiste de un pop obtuso, cargado de plasticidad al punto de asco, con una presentación andrógina de género, llevando los clichés del pop bubblegum a su punto cúlmine, y luego llevándolo aún más allá, al pico justo del valle misterioso (the uncanny valley) y refregándose en él, para Charli ya no había vuelta atrás. Sus EPs y mixtapes entre 2016 y 2017, Vroom Vroom, Number 1 Angel y Pop 2 (sobre todo Pop 2, un manifiesto de un pop reconstruido en formas y luces, como un robot descubriendo que tiene alma), pusieron a Charli al frente del pop vanguardista.

Y todo esto sucedía mientras seguía escribiendo canciones detrás de escenas para artistas como Clean Bandit, Selena Gomez, Madison Beer y Camila Cabello (cuya colaboración con Shawn Mendes, “Señorita”, co-escrita por Charli, llegó al #1 en EEUU). Charli siempre tuvo un pie en lo experimental (y un mayor enfoque en él), pero siempre un pie en lo accesible y convencional, y ahora, luego de 5 años desde su último disco, tiene la oportunidad de presentarle a un público masivo su visión y sus ideas. Y sucede algo interesante.

Charli es un disco muy consciente de lo que es, y de lo que significa para la carrera de todas las personas involucradas: es una demostración de los talentos que tiene no sólo Charli, si no su productor recurrente A.G. Cook (creador de PC Music), además de todos los artistas invitados presentes (14 invitados en 15 temas, 5 anteriormente presentes en Pop 2), de los cuales varios no han tenido tantos oídos escuchándolos como aquí.

Por lo cual, en una movida inteligente, Charli y su equipo deciden volver a mostrar las ideas desarrolladas en Number 1 Angel y Pop 2, y jugar con su accesibilidad; muestran que su estilo puede ser digerible y accesible, con chances de un crossover, pero al mismo tiempo muestran sus garras, sus extremos más cortantes y experimentales, los momentos más abrumadores y aplastantes que se les pueden ocurrir. Recorren todo el espectro en 15 temas, dejando que el oyente decida cuál es el estilo que realmente quiere.

Y sorprende no sólo lo bien que logran realizar ambos extremos, sino también cómo no hacen que este disco sea una escucha demasiado confusa o discorde. Es un disco en el que un tema como “White Mercedes”, un tema con guitarras de tipo Shawn Mendes, una estructura segura, producción con tonos limpios, y melodías emocionantes pero predecibles, puede coexistir con un tema como “Click”, con teclados de una película de terror, líneas vocales tartamudeantes, percusión saturada y tronante, tonos chirriantes que se dan vuelta sobre sí mismos, colaboradores maniáticos (en particular Tommy Cash, un maestro de circo infectado y en descomposición), y un outro de dubstep barato y ruidoso que satura el mix en cuestión de milisegundos.

Y no solo coexisten estas ideas supuestamente opuestas, sino que interactúan entre sí. A primera vista, el corte con Troye Sivan, “1999” (el único tema no escrito o producido por A.G. Cook o un miembro de PC Music) parece quedar muy fuera de lugar, con sus tonos demasiado directos y una mentalidad orgullosamente nostálgica, en el medio de tanta ambición futurista… hasta que es contrastado con el último tema del disco, “2099”, también con Troye Sivan, un tema puesto en un desierto cibernético a la Mad Max: Fury Road con melodías anti-pegadizas, una estrofa mala casi a propósito, y letras que son esencialmente garabatos. Charli, incluso si gravita hacia lo raro, claramente tiene un dilema sobre qué camino seguir en el futuro, pero en vez de dejarse distraer por esos distintos caminos, se aprovecha; se divierte con los extremos, y le gusta yuxtaponerlos para que veamos no solo sus diferencias, sino también sus similitudes.

Incluso si Charli no presenta muchas ideas que no hayan sido ya introducidas y explotadas en proyectos anteriores, haciendo que algunos momentos sean medio repetitivos para los ultra fans, sí busca nuevas maneras para volver a utilizarlas. Uno puede ver cómo “Blame It on Your Love”, el corte más radial del disco, con producción tropical y un verso de la majestuosa Lizzo, toma su composición directamente de “Track 10”, el cierre de su proyecto anterior Pop 2 y el apogeo de su búsqueda del futuro, con un alcance tan abrumadoramente amplio, como un 2001: A Space Odyssey de la música pop. Charli no ve problema en darle un nuevo uso a grandes ideas para que puedan ser escuchadas por la gente. Esto si trae el mínimo problema de que algunas canciones, como la olvidable colaboración con HAIM que es “Warm” o la irritante “Thoughts” sirvan más para exponer el estilo de Charli, repitiendo momentos e ideas de proyectos anteriores, pero se olviden de servir como canciones, y no tengan mucha carne en su composición y arreglos. En particular, “Thoughts” sirve como una demostración de los peores impulsos de Charli y Cook, con una producción demasiado escasa para flotar por su cuenta, teclados hostiles (de la peor manera) y unas estrofas que hacen que Charli suene como una Sia sin talento.

Pero lo que hace que uno perdone esos momentos mal guiados es la seguridad que tiene Charli en sus habilidades, y durante este proyecto, no muestra problema en utilizar todo su arsenal. No deja ir a A.G. Cook y deja, otra vez, que la llene con sus filtros, sintetizadores finos y aparentemente débiles pero que esconden una dimensionalidad sonora infinita, cambios armónicos inesperados, y una melodía incesante a punto de autodestrucción en el primer tema “Next Level Charli”, pero también se minimiza en “Official”, recordando y creando del aire momentos de intimidad que pueden llevar a algo más tangible, en el medio de una producción hermética y cuidada, tonos repetitivos y estáticos opuestos a otros que fluyen infinitamente. Se expande por el segundo en el momento de compañía acaparadora en “Silver Cross”, con teclados como autos que van a toda marcha en el medio de la noche porque de una forma u otra tienen que llegar y estar ahí, y ahora. Y por otra parte, recluta una vez más a Cupcakke, Brooke Candy y Pabllo Vittar, el clan de “I Got It” en Pop 2, junto con la leyenda queer Big Freedia, para “Shake It”, en donde Charli se desvanece en frecuencias burbujosas y metálicas para convertirse en una… presencia escalofriante y omnisciente que le da poder a todas las invitadas para infiltrarse en los pilares más básicos de la música para bailar y romperla desde adentro. Son estos los momentos que podrían asustar a un oyente común, y con razón.

Y aquí está la clave para este disco, y para la discografía de Charli XCX en general: la solución no es ni ser demasiado convencional ni ser demasiado experimental, sino llegar a un punto medio. Los mejores momentos de Charli son las canciones que encuentran ese balance entre todas las facetas y logran algo desafiante, pero no tan difícil de digerir, teniendo, por un breve momento, lo mejor de ambos mundos. Homenajea al synthpop ochentero tergiversándolo un poco pero dejándole un núcleo puro y reconocible en las baladas “I Don’t Wanna Know” y “Cross You Out” con Sky Ferreira (un placer volver a escuchar su voz). Y su colaboración con Christine and the Queens, “Gone”, es un mundo en sí mismo, una demostración de inestabilidad e inseguridad al ritmo de un bajo agresivo que florece en toques de guitarras y teclados que anhelan por algo mejor, melodías claramente pop pero ansiosas y preocupadas, idas pero no realmente, interrumpidas por arreglos repentinos pero cortantes, y todo para llegar a una catarsis. Una catarsis de las que son despojadas, sus voces reutilizadas para una sección de glitch cerrada y contenida, con todos sus miedos y dudas encerrados allí. ¿Alguna vez saldrán? Solo Dios sabe.

Cuando hay voluntad, hay un camino. Y Charli se encarga de seguir todos los caminos posibles para poder llegar a uno que le satisfazca.

Sólo el tiempo dirá si lo logró encontrar (o incluso si lo logró encontrar en este disco), pero algo sí es seguro: sea por donde sea que vaya su música en el futuro, ella va a saber lo que está haciendo. Y no solo eso, nos va a seguir comunicando que sabe lo que está haciendo, para que nosotros también lo creamos. Tenemos enfrente nuestro a una artista intrépida, con miles de herramientas a su disposición y dominando casi todas. Eso es raro de encontrar estos días, en cualquier género y en cualquier ámbito. Así que por ahora, a disfrutar de las inconveniencias y atajos, que llevan a buen lugar.

Spotify: https://open.spotify.com/album/33u2PRETjYklC6UqxJBGW2

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/charli/1468263361