Crónicas de Nueva York, Narraciones pictóricas de Rómulo Macció en Colección Fortabat.

0
178

Esta muestra inaugurada el pasado 17 de octubre en Coleccion Fortabat, presenta parte del extenso cuerpo de obra de Rómulo Macció (Buenos Aires 1931-2016). Se trata de la serie de pinturas de la ciudad de New York en la que vivió unos tres años, entre fines de los 80 y los 90. Una serie que conecta con su propio pasado en el mundo de la publicidad, como alguien que destaca aquellos rasgos que transmiten un mensaje, quizás no para todos sino para quienes lo puedan descubrir.  Se trata de una serie compacta, de mucha retórica visual, una de las más figurativas de toda su obra. En tanto crónica, esta serie posee narración visual, con un nivel de lenguaje y de vocabulario gráfico más intenso que cuando trabaja otras ciudades como Venecia o Buenos Aires.

Según podemos apreciar en esta muestra, Macció tomaba fotos de New York, de las cuales elegía luego qué pintar

“Yo registro en mi conciencia temas de la realidad y luego los reflejo en la tela. La pintura nace en la cabeza, la mano ejecuta y el corazón le pone emoción”.

Muchas de esas fotos se encuentran en una vitrina a la vista y dan cuenta de este proceso por el cual de una imagen fija surge una pintura llena de emoción. Macció puede tomar de un edificio reconocible como tal apenas un rasgo, para enfatizar aquello que no miramos… como la imagen de la pared exterior de un edificio en la que al hacer foco en los acondicionadores de aire semi tapados por la nieve e irreconocibles como tales, los convierte en algo abstracto. Característica propia de la Nueva Figuración, movimiento al que perteneció y del cual supo tomar la habilidad de romper las reglas con audacia y una enormidad de recursos expresivos para destacar la poesía en la imagen que el artista construye y que se va moviendo de la figuración a la abstracción. Las obras muestran poca gente, apenas algunos personajes casuales. La protagonista es la calle, el edificio… lo urbano, los habitantes suelen aparecer poco, el artista los convoca por default o como sujeto tácito.

Sabemos cómo es N.Y. hayamos estado allí o no. La podemos reconocer porque como ciudad ha sido y es filmada y fotografiada tal vez por demás…  (nunca hasta el hartazgo). No obstante, Macció sabe salir del cliché para devolvernos una New York singular, sensible, personal.

Esta narración visual es crónica en tanto recoge en forma pictórica una información fáctica de la ciudad de Nueva York y la brinda en un orden histórico, dado entre otros elementos por las estaciones del año. R.M. pinta la misma calle nevada y la pinta también bajo un sol refulgente, pinta el mismo restaurant de día y de noche. La ciudad cambia y él no la retrata, la pinta, “En pintura, la pintura es lo más importante” solía decir.

¿Y qué es lo más importante que nos cuenta con su pincel?  Nos cuenta que ama. Macció ama New York porque sabe de ese gesto imperceptible, de ese rasgo escondido, oscuro e íntimo. Lo conoce y lo toma para narrar su crónica con la pintura.

Por aquel entonces, Macció no sólo vivía en New York, convivía con ella aceptándola y gozándola como él supo entenderla, auténtica y cruda… allí   donde se gestaron cambios culturales sustanciales en materia artística y antes de que el Alcalde Giuliani completara la limpieza que la hizo “segura”, privándola así de su alma esencial en el submundo de N.Y. 

Fue la bohemia del Greenwich Village[1], lugar de los episodios de Stonewall Inn[2] y más tarde, de la música, con The Ramones, The Patti Smith Group y Talking Heads entre otrxs, a quienes se podía ver en el mítico y desaparecido CBGB  según la obra Bowery, (1989)en la zona del Bowery marginal entonces y hoy sede del prestigioso New Museum. El Soho lejos aún de ser un lugar “fashion” era donde vivían y pintaban Baskiat y Keith Haring y un poco más al sur, las torres gemelas todavía estaban en pie. Esta era la New York de Macció.

Eran tiempos de grandes contrastes, Bowery y Madison Ave no podían ser más opuestas. Hoy ostentan distintos estilos, uno más conservador, el otro alternativo y ambos convocan desenfadadamente al capital. Ya no se oponen. En Papá Noel de la Quinta Avenida al Bowery los contrastes sociales quedan implícitos. Es en el Bowery donde los papa Noel para los ricos terminan su día, desangelados con sus cervezas en mano.

Macció no congela estos registros históricos, los mantiene vivos porque son poesía. Fiel a su precepto, nos muestra su pintura, su New York, con narrativas “sin conjeturas intelectuales” las que quedan para nosotrxs en nuestros balbuceantes intentos.

Curaduría de Florencia Battiti y museografía de Juan José Cambre, hasta el 23 de febrero de 2020, de martes a domingos de 12.00 a 20.00 h


[1] En Greenwich Village, epicentro del fenómeno contracultural de los años 60, con calles arboladas llenas de cafeterías, bares y restaurantes concurridos, clubes de jazz y teatros fuera del circuito de Broadway

[2] Los disturbios obedecieron a la rebelión espontánea y violenta de la comunidad LGBT contra la intromisión y represión policial en 1969, germen de conquistas sociales posteriores.

Imágenes