Crónica de una obra de teatro: “Que hablen otras partes de mi”

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La crónica de la noche comienza con el segundo round de una tormenta que llevaba 24 horas golpeando a la ciudad. (El “no se inunda más” chapoteaba y se ahogaba en mi cabeza). Pero la propuesta bien valía la misa: ver la obra “Que hablen otras partes de mi”, el debut como directora de Carolina Díaz. El combate entre las nubes era atemorizante, rayos por aquí y rayos por allá y cada tanto un estruendo que retumbaba el centro porteño. Para colmo de males, nos colgamos tomando una cerveza, pensando en un horario que ya no era y en el último minuto, logramos llegar a tiempo. Una entrada accidentada, con la sala ya a oscuras, una vergüenza infinita, un escarnio insoportable; por suerte era el primer oscuro y el primer silencio, nada había sucedido, nos fragmentamos y acomodamos los pedazos donde pudimos atisbar una seda de luz.

Un espacio íntimo, apenas un sillón, unas cortinas vaporosas, una luz triste y una tos, una tos persistente, ocre y tosijoza. Una queja y una contradicción, una maldición y un vicio. No sólo los años cayeron encima, hay un pasado ilustre o tal vez ilusorio, que retorna en ciclos partidos. Como los cigarrillos que se prenden una y otra vez. Y la historia que arranca por el final y va deambulando por los sinuosos caminos de la memoria, donde un periodista, como un Virgilio fantasma, la conduce por los infiernos del pasado. ¿O es ella quien maneja la situación? ¿O somos nosotros los espectadores?

Como la vieja leyenda del barco de Teseo, que luego del triunfo en la batalla en Creta, fue llevado a Atenas y allí sobrevivió, siendo siempre arreglado y mantenido durante muchos años, siglos incluso. Pero, ¿era acaso el mismo barco? si ya no quedaban piezas del original, todas habían sido reemplazadas, ¿se mantiene la identidad o es una nueva?. Y ¿qué pasa con esta actriz? ¿es la misma que nos cuenta cada etapa de su vida? o ¿definitivamente ya es otra y en cada parte es una Otra con la que apenas mantiene una diálogo ficcionado?. Hay un cronista formal o un conejo relojero, que a esta altura es casi lo mismo y un relato que se teje, pero que nadie sabe bien quien lo teje.

Se suceden las etapas, cuando parece que se estabiliza un cierto tiempo secuencial, un salto nos lleva a otro período. Un crecimiento rápido, el famoso estirón puberal, un movimiento pélvico y un despertar (no sé por qué, pero me imagino que fue en un baile de carnaval, de aquella época en que la pista tenía la luz prendida). Ahora es un sueño, una quimera propia de una cenicienta con un rasgo de zoofilia. Una prueba, como en un cuento fantástico del formalismo ruso, que la transforma; un zapatito de cristal en forma de casting y de pelícano gigante.

En toda la trama hay una columna vertebral, una matriz de sesgos imperativos, una figura llena de rulos dorados, una contradicción condescendiente y un conflicto que Gloria resuelve y envuelve una y otra vez. Viene, mira y vence y si no, convence aunque nadie lo piense y ella insista e insista con el tono impertinente de quien detenta o cree detentar el poder. Un tábano zumbando en la oreja de la protagonista y de todos los espectadores. Zumba y zumba tanto, que estallan carcajadas por doquier.

Los sucesos son relevante e irreversibles, aunque vuelvan en la memoria y en las cicatrices, retienen su carácter efímero. En el fondo del inconsciente suena… “you became a legend of the silver screen”. Y sí, lo fue, o lo es, no sabemos cuándo se deja de serlo, si la pantalla todo lo inmortaliza. Un amor que bien vale un ojo de la cara. Un amor que la guió por el camino del éxito cinematográfico.

Todo esto en un rato de teatro. Una experiencia que bien vale la misa. Eso sí, es probable que las risas no les permitan tanta reflexión, pero no se preocupen que los retazos de la dramaturgia, van a reverberar un par de días.

Ficha técnica:
Actúan: Mache Figini Diego Miccige
Música original: Pablo Bronzini
Vestuario y Escenografía: Pía Drugueri
Audiovisuales: Julia Bastanzo
Diseño lumínico: Jessica Tortul
Asistencia de dirección: Tomás Buccella
Dramaturgia: Gastón Díaz
Dirección: Carolina Díaz
Tres únicas funciones.
Viernes 11, 18 y 25 de octubre 22:30 hs.
Teatro Payró. San Martín 766. C.A.B.A. Tel 4312-5922