#FICER2019: Los testigos de Putin

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Estamos en Paraná, provincia de Entre Rios, a unas 5 horas de Buenos Aires. Nos espera la tercera jornada del Festival Internacional de Cine de Entre Rios en su segunda edición. La gigantesca sala del centro de convenciones está repleta, para ver Los testigos de Putin, un documental que crea su expectativa. No sabemos mucho, por estas regiones, del presidente de Rusia quien tras 20 años de gobierno y frente el protagonismo que fue adquiriendo en la escena internacional, se puede esperar un programa interesante.

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La película del ucraniano Vitaly Mansky, funcionario de la televisión estatal rusa en el momento en que Yeltsin renuncia a la presidencia el ultimo día del año de 1999 y elige como sucesor a Vladímir Vladímirovich Putin, apela a un preciso recorte temporal entre ese día fundamental de la historia de los rusos, las elecciones de marzo del 2000 y el primer año de gobierno del nuevo presidente. Una estrategia de comunicación en la que Mansky participó, filmando, e intentando humanizar en algún sentido, al candidato durante sus 6 meses de interinato. Allí está entonces la maestra de primaria, esperando nerviosa la visita del hombre que dirigirá los designios de la Nación: ahora a ganar, con la fuerza del mandato de la infancia. No se lo ve un hombre tierno, pese a que en algún momento lanzará una sonrisa, y alguna palabra, pero nada más.

Mansky cuestiona, problematiza a su criatura intenta dejarlo al desnudo, aunque no hay demasiada chance de ello. Habrá que hurgar en los materiales de archivo, abrir el micrófono para escuchar diálogos en primer plano, buscar en las imágenes grabadas hace 20 años los detalles que antes no se detectaban. La reunión de la noche de la elección, la fiesta de los colaboradores que irán siendo marcados uno por uno durante los años siguientes. El documental se convierte en ese registro en anunciador de un futuro incierto. Y Mansky sabe sacarle provecho. Parece conocer muy bien los secretos de la manipulación de las imágenes, sobre todo si se produce hermenéutica sobre ellas mucho tiempo después.

Un gran hallazgo: las imágenes familiares de Yeltsin, orgulloso de esa decisión de declinar al poder y encontrar la figura que lo heredará. La noche de la votación festejará con su familia la victoria y esperará un llamado que nunca se produce. Ese momento es el nada menos que el de un automático paso al pasado. Y es fantástico, hasta ensordecedor.

Y el otro momento imperdible: el ensayo del himno ruso bajo la mirada del creador de su letra, Serguei Mijalkov, padre de Andréi Konchalovski y de Nikita Mijalkov, ambos realizadores de cine. El presidente Putin aprueba en el 2000 una variante del himno ruso cosa que no es aprobada por buena parte del electorado.

Putin es una figura rutilante de la política del siglo XXI, un siglo que comienza con él y que lo sigue teniendo en la cima del poder. Personalidad críptica, gélida, que raramente escapa a la calculadora planificación de sus gestos y sus palabras. que es puesta en