Crítica de “En casa de Nora”, de Adriana Tursi y Patricia Suárez

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En casa de Nora parte de un texto emblemático dentro de la literatura: Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, que ahora se traslada a Río Cuarto, Córdoba. Además, según la directora, Herminia Jensezian, la obra permite “un revisionismo de los acontecimientos atroces y aún impunes como son los casos de Nora Dalmasso y Maria Marta Belsunce”.

Es la víspera de Navidad, y Nora está terminando de decorar el árbol. Ella pertenece a la “alta sociedad” de Río Cuarto, pero al mismo tiempo reniega de sus mandatos y quiere dejar de ser esa muñeca que decora la casa como un objeto más. Su marido acaba de ser nombrado Director del Banco de la Provincia, y ese cargo provocará una serie de sucesos que desnudan la corrupción no solo dentro de la institución, sino también dentro de la gobernación.

Como en la obra de Ibsen, Nora se siente dueña de su cuerpo y de sus deseos, aunque eso la lleve a enfrentarse con una estructura patriarcal que domina cada espacio de la sociedad. Entonces será juzgada, estará en boca de todos y de todas, porque también en las mujeres se hace carne la dominación masculina. Los hombres usan a la protagonista, la toman o la dejan según sus propias necesidades; son esos “hombres necios” de los que hablaba Sor Juana Inés de la Cruz, esos que acusan sin ver que son los causantes de aquello que censuran. El marido, el suegro, el prestamista, todos buscan beneficiarse con su relación con Nora, pero son incapaces de empatizar con ella o de tenderle una mano sincera. El libro de Adriana Tursi y Patricia Suárez logra reflejar muy bien la soledad de este personaje femenino que podría ser cualquier mujer en cualquier época, siempre signada por el deseo del otro.

El espacio también se transforma en opresor, lo que habla de una acertada puesta en escena de Herminia Jensezian. La casa navideña rebosa de objetos festivos: el árbol, los adornos, los colores, pura exterioridad que esconde lo siniestro de esa familia. Ese mismo contraste se da en Nora, una mujer vital, inquieta, que siempre sonríe, aunque en el fondo la tragedia sea una amenaza omnipresente. Con una muy buena actuación, Carolina Marcovsky compone un personaje definido por lo que dice, pero también por cómo se viste y por lo que hace: ama las dalias (una flor que casualmente simboliza el impulso y la pasión, y que invita a cortar las raíces con el pasado), bailar cuarteto, seducir; y que se atreve a transgredir no solo su papel como mujer, sino también como madre. Claudio Aprile, Alejandro Curlane, Paola Fontana y Cristian Thorsen acompañan con gran eficacia y logran personajes que oscilan entre el cinismo, la mentira y la complacencia.

La obra de Ibsen es de 1879, y todavía hoy seguimos luchando por una sociedad que contemple los derechos de la mujer y que le permita decir “no” sin sufrir las consecuencias de esa libertad. Obras como En casa de Nora nos recuerdan el camino recorrido y nos invitan a no bajar los brazos.

Ficha artístico-técnica

Elenco por orden de aparición: Nora Dahl (Carolina Marcovsky), Felipe Helmer (Claudio Aprile), Enrique Helmer (Alejandro Curlane), Cristina Linde (Paola Fontana), Andrés Krogstad (Cristian Thorsen); Escenografía y vestuario: Pablo Graziano; Música original: Juan Manuel Bevacqua; Diseño espacial e Iluminación: Herminia Jensezian; Diseño gráfico y Fotografía: Edgardo Kevorkian; Producción ejecutiva: Alicia Nakano / Prensa: Daniel Franco; Asistencia de dirección: María Laura Laspiur; Puesta en escena y Dirección: Herminia Jensezian

Funciones: sábados a las 21.30 h; Dónde: Tadron Teatro; Dirección: Niceto Vega 4802, Palermo; Entradas: general $300; estudiantes y jubilados $ 250; la 90/30 de Tadron Teatro, hasta los 30 años tu entrada a $90; Informes: 4777-7976; Duración: 75 minutos