DSVII, lo nuevo de M83: encontrando belleza en lo simple

0
31

Lo mejor de M83 es y siempre ha sido su empaquetamiento. Anthony Gonzalez, el fundador y único miembro de este proyecto, es un gran vendedor; como pocos, ha entendido y dominado el poder de la estética. Al darle a sus discos títulos como Dead Cities, Red Seas & Lost Ghosts, Saturdays = Youth y Hurry Up, We’re Dreaming (y ni hablemos de las portadas), nos invita a un mundo de maravillas, fantasía y abundancia nostálgica e idílica, condicionándonos de distintas maneras con cada disco. M83 arman paquetes como pocos hoy en día, pero lo que a menudo sucede es que los paquetes están vacíos. Gonzalez puede ser un productor y arreglador muy capaz, que puede crear paletas sonoras muy ricas, pero es un pésimo compositor. Cuando hace canciones pop, las mejores usualmente se salvan por 1 o 2 grandes arreglos, que capturan, en sus propias formas, un aspecto sublime de la juventud; arreglos que luego son repetidos ad nauseam durante 4-6 minutos sin ningún cambio o una melodía o un pasaje a una sección distinta, perdiendo su magia con cada repetición. Y cuando se enfoca en crear atmósferas tipo ambient, simplemente no le alcanza; sus tonos son lindos por 2 o 3 minutos, no mucho más, y Gonzalez siempre suena demasiado orgulloso de sus ideas que no se molesta ponerlas en un mayor contexto melódico, ahogando sus breves momentos brillantes en reverb y ecos, la manera más holgazana de evocar cualquier cosa. La meta del proyecto M83, que es plasmar temporalmente momentos efímeros pero eternos en espíritu es una admirable, pero destinada a fallar. Sin embargo, cuando un artista tiene a su nombre “Midnight City”, una canción tan sublime y abrumadora en su esplendor, con un sonido que parece iluminar y abrazar al mundo entero… vale la pena escuchar lo que tiene para ofrecer.

- Publicidad -

Ahora en DSVII, una secuela de su proyecto de ambient mediocre del 2007, Digital Shades Vol. I, Gonzalez vuelve a refugiarse en sonidos y tonos instrumentales, y explorarlos todo lo que quiera. En un cambio de tipo de arreglos, esta vez no trata de construir universos gigantes en su producción, y en vez se dedica a trabajar en espacios más chicos, reservados, casi intimistas, donde menos es más. Un cambio sonoro que hace que este sea uno de los esfuerzos más tolerables en su discografía. Anthony Gonzalez dijo en una entrevista que se había sentido inspirado por la música de videojuegos de los 80, y DSVII va por ese lado sónicamente con confianza, y con una humildad en el sonido que es rara de encontrar en un disco de M83. Los elementos de new age se notan en temas como “Colonies” o “Mirage”, en donde los teclados tienen una calidez para nada forzada ni llevada a ningún extremo, e incluso los temas un poco menos solemnes como “Hell Riders” y “Goodbye Captain Lee” logran crear atmósferas en las que no es muy difícil perderse.

Sin embargo, el problema de siempre vuelve a resurgir: el talento de Gonzalez es el de introducir sonidos nuevos, no tanto el de saber utilizarlos sabiamente. Mucho de este disco se termina perdiendo en un sinfín repleto de nada, y los sonidos no son ni demasiado evocativos ni demasiado melódicos para que valgan su duración, sobre todo cuando tan pocos temas tienen cambios ya sea o abruptos o desarrollados; hay mucho mejor ambient allá afuera, y Gonzalez, exceptuando algunos momentos, se termina quedando atrás.

Pero, esos buenos momentos son suficientes para que este disco justifique su existencia. Irónicamente, los mejores temas son los que se desvían de ser ambient y tratan de generar una especie de groove más movido, como un post-rock sintético. “Feelings” encuentra luego de casi 2 minutos una línea de teclado pegadiza e incluso juguetona, descubriendo su potencial perdido. El corte “Lune de fiel” añade un juego de baterías y bajo salidas de un tema del último disco de Daft Punk, con un groove de teclado que apropiadamente parece emular los mejores momentos de Giorgio Moroder, hasta que se encuentra con un sintetizador bailando vals y llevando a todos los instrumentales junto con él; lo digital encontrando dicha en lo armónico. “A Taste of Dusk” y “Oh Yes You’re There, Everyday” (qué nombre) permiten que sus melodías se apoyen sobre colchones de teclados calmados para que puedan jugar con sus colores, que parecen confrontarse a sí mismos, dejando un aire de indecisión al sumergirse en el mundo que han creado. Y el cierre del disco, “Temple of Sorrow”, el tema más M83-esco de todos, tarda demasiado en empezar, y el clímax que tiene es demasiado breve (irónico para una canción que dura 7 minutos), pero sus picos son tan celestiales como los mejores momentos de este grupo, dando vueltas sobre una montaña hecha de píxeles rosas. M83 encuentra su valor en momentos específicos, y aunque haya que encontrarlos, al final terminan valiendo la pena.

Spotify: https://open.spotify.com/album/1euK7GgNJmBprlctpGtDC5

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/dsvii/1471976729