Liliana Heker, los comienzos de una vida dedicada a la escritura

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La gran Liliana Heker presentó por primera vez su último libro, La trastienda de la escritura, en el marco de la Feria del Libro y el Conocimiento en Córdoba. Apenas pocas preguntas de la mediadora dieron pie a una fantástica exposición de la escritora sobre su vida y el lugar que ocupa la escritura.

   Su trayectoria comienza a los 16 años, cuando al mismo tiempo que hace el ingreso a ciencias exactas, envía una carta con un poema a la revista “El Grillo de Papel”. Uno de los directores de la revista era Abelardo Castillo, quien en ese momento era aún desconocido en el mundo de las letras. Liliana eligió la revista porque se sintió identificada y, aunque confiesa que su poema no era de gran valor, en la carta de presentación, demostró su habilidad para la narración y fue aceptada. Simbólicamente es una escritora de los ‘60, en ésta revista publicó su primer cuento y se introdujo en el mundo de la literatura. El lema que los unía como grupo era la literatura como modo de vida, idea que hoy sigue siendo parte de lo que es. Por otra parte, el contexto de las letras era casi en su totalidad masculino, marca que va a repetir durante toda la conferencia, era la única mujer que participaba e iba a las reuniones de la revista por si mismas, las demas eran parejas, amigas, invitadas; ninguna era miembro estable. A pedido de Abelardo Castillo, se convierte en secretaria de redacción a un año de ingresar a la revista.  

   El motivo de la pregunta acerca de la vida de la autora, tiene que ver con su dedicación a la escritura durante más de 50 años y una historia que es, a la vez, la de todos. La revista “El Grillo de Papel” es censurada en 1960 a través de un decreto por divulgar ideas de izquierda. “El escarabajo de oro” es la siguiente revista que cofunda Abelardo Castillo y en la que también participa Liliana Heker, se comienza a publicar en el ‘61 y es censurada en el ‘74. La revista se mantenía con la venta y entre todos se encargaban de la difusión, comercialización, distribución. Había algo que tenían claro, sabiendo el privilegio que significa el manejo de la palabra, debían ser intelectuales comprometidos. Todas las épocas son difíciles, reflexionaba Heker en la mesa de la feria, los ‘60 lo habían sido. Y desde ese lugar, como escritora, siempre supo el valor de que tu palabra sea pública, y aún es consciente de ello.

   En su escritura está presente el deseo de cambiar, de instalar algo. La noche de los lápices en 1976, el éxodo de profesionales e investigadores. El cordobazo que lo siente como una gran ruptura y de mayor impacto, incluso, que el mayo francés. La censura, el golpe del ‘76 y lo que significa no la muerte, sino la desaparición. En este marco, que va construyendo en sus acotaciones, expresa que hay dos cosas que a ella la salvaron. La novela que estaba escribiendo, es decir el trabajo con la palabra dentro de las cuatro paredes de su casa, donde seguía siendo ella. Y los talleres de escritura que comienza a dar en el ‘78, los cuales sigue dando en el presente, así como, la continuación de “El escarabajo de oro” en la revista “Ornitorrinco”. Porque para ella, la esperanza siempre va a estar en resistir culturalmente.